Baluarte

Baluarte.

 

Dedicado a Eduard Cano.

 

“¿Mas no era eso la vida, una constelación de sorpresas que destellaban y luego se apagaban con una falta de significación que revelaba al fin todo su sentido?”

José Luis de Juan. Kaleidoscopio

Armando estaba buscando un taxi en un punto de la ciudad poco golpeado por el ritmo urbano. Pasaron veinte minutos incandescentes hasta que encontró uno, entró en el automóvil, indicó la calle que se dirigía y que por cierto ya llegaba tarde. No habló con la taxista, estaba acuñando sus pensamientos, así no fue consciente cuando llegó a la vía, fíjese en su distracción que fue avisado por la mujer. Armando miró a la calle sin mover su cuerpo, vio que se acercaba Inés, subió al coche y se saludaron fríamente. Él anunció la nueva dirección, durante el viaje Inés analizó con ímprobo a la conductora, segundos después sonrió reconociendo el sin sentido de su envidia. El taxi paró en una calle apretada, transitada por el silencio, él pagó las dos carreras y bajaron aceleradamente para dirigirse a un hotel cercano. Aunque sea difícil de comprender para usted, ambos aún no abrieron la boca, el mutismo era un amigo fiel, una amistad idealizada como la de Epicuro. Ya en la habitación, Armando habló con palabras embelesas, básicamente eran ordenes sobre el ritual a seguir, Inés contestaba afirmativamente, no le apetecía hablar, abrió su boca para preguntar a Armando si le gustaba, él respondía un sí rotundo, la abrazaba cariñosamente pero sin ser empalagoso, era una armonía trabada por ambos que prendía el correr de los años. La plática se inició cuando llevaban una hora en la habitación.

  • ¡He sido una tonta!
  • ¿De qué hablas?
  • Por un momento he estado celosa de la taxista.
  • ¡JA! ¡JA! ¡JA! –Armando no pudo contestar.
  • ¡Ríete! No estoy acostumbrada a ver mujeres conduciendo un taxi.
  • Eres una machista, Inés.
  • No lo sabía.
  • Lo que me faltaba ¡mi amante celosa!
  • Hablando del amor ¿qué tal tu esposa?
  • Creo que bien, absorbida como siempre con sus alumnos. Cree que una profesora de secundaria tiene una gran responsabilidad social.
  • Armando, es un trabajo importante.
  • Por supuesto, sin embargo, a veces exagera, es igual que una misionera. Yo le comento que muchos no quieren estudiar, no puedes cultivar en tierras estériles. Tendría que dedicarse a los alumnos atentos, no me hace caso. Ya les viene de herencia, de tener unos padres que tienen una inteligencia con una hondura como el agua del fondo. Yo no soy ningún lumbreras, no me gusta leer, pero jamás he dicho a mi hija que no lea o que no estudie. Conozco a esos padres, ven como estrafalarios a los lectores…
  • Me aburro –Inés ironizó, cortó secamente a Armando.
  • Perdón, me hierve la sangre pensando en este tema. Ella tiene mucho talento y lo pierde por cuatro desagradecidos. Es una idealista, en cambio, yo soy más práctico, quizá más egoísta, aunque es porque no me gusta perder el tiempo como mi mujer.
  • ¡No seas acerbo con ella!
  • Pareces su abogada.
  • ¡Claro! Soy abogada de tu mujer –Inés rio cínicamente, luego continuó la conversación-. Por cierto, adivina la última de mi marido.
  • Dime –Armando respondió indiferente.
  • La última vez que nos vimos te comenté que cerró una de sus autoescuelas. Bien, pues la semana pasada hablamos con un hombre que estaba interesado en el local, me parecía sospechoso, unos minutos después se le escapó que alquilaría el local como vivienda o habitaciones para inmigrantes, imagínate un local con una ducha común para cuatro familias, no es legal ni higiénico. Lo peor de todo es que mi marido no le importó, está dispuesto a alquilar al local a ese hombre.
  • Piensa que esa gente no tiene dinero para más.
  • No es una vivienda, cómo podrán cocinar, ducharse o estrujar.
  • ¡JA! ¡JA! ¡JA! Adoro tus eufemismos, no veo lógica en la expresión, pero te entiendo. Tienes que estar molesta.
  • Claro, mucho. Le he dicho que no cerrase el trato, ni caso. No quiero saber nada de ese dinero.
  • Inés, él únicamente alquila el local.
  • Participa indirectamente. El local es mediano, tiene una superficie de unos ochenta metros cuadrados, ese déspota ganará mucho dinero.
  • Pues que tu marido le pida más cuando renueve el contrato.
  • ¡Tú eres como él! –Inés cruzó los brazos como una niña enojada.
  • Habéis tenido que cerrar dos autoescuelas y hay una crisis de la hostia.
  • Hay otras soluciones.
  • Seguro que ese hombre le pagará religiosamente cada mes.
  • Así que tengo que resignarme.
  • No es resignación, me refiero a aceptar la realidad sin tanta pasión. Una indiferencia racional.
  • ¿Racional? Amador, tú me hablas de un egoísmo brutal, arrasador. Estamos en el dos mil doce, siglo XXI. No entiendo cómo pueden existir aún explotaciones de esta índole.
  • No sé por qué piensas que el siglo XXI tiene que haber una evolución progresista de la humanidad.
  • Bien lo hubo en el siglo XX, no estamos en la Edad Media.
  • Te recuerdo que en la Edad Media no hubo dos guerras mundiales que mataron a millones de personas. Creo que no es justo criticar a siglos anteriores como bárbaros cuando nuestro presente es mucho peor.
  • ¿Y el Estado del bien estar?
  • ¿Cuánto llevamos de historia? Mucho creo yo, aquí en España llevamos treinta años del Estado del bien estar, en otros países un poco más, no importa. Ahora mismo en el parlamento están modificando unas leyes para serrar tu querido bien estar. Así que poco ha durado la fiesta comparado con los siglos de matanzas y violaciones. La guerras son más destructivas en cada siglo, seguro que en este habrá una terrorífica.
  • Para ti no ha cambiado nada.
  • Inés, entiendo que tú quieras el bien, como yo y millones de personas, pero sois ovejas y poco importáis a los pastores.
  • Tienes un concepto muy bajo de la humanidad.
  • El que se merecen muchas personas.
  • Lo ves, Armando, tú lo has dicho, no es todo el mundo.
  • Sino que desgracia, creo que me habría suicidado. Además, tú eres de esas personas.
  • Gracias –Inés rio suavemente, tales palabras elegantes calmaron a la mujer como una aurora primaveral-. De todas formas creo que podemos vivir en un mundo mejor, unidos podemos…
  • ¡Para el carro que ya me imagino tus siguientes palabras! Este discurso es viejo y caduco.
  • No, no lo creo. Las ideas no caducan.
  • Puede ser, aunque he visto muchos idealistas que han guardado sus principios en el cajón y han cobrado sus finales en sus cuentas corrientes. Una vez que una persona ha llegado al poder le cambia la mentalidad, no piensa en el pueblo.
  • Eres muy pesimista.
  • Con la sociedad, sí. Creo que no interesarse por la política es algo sabio.
  • La ignorancia da la felicidad.
  • U ojos que no ven, corazón que no siente. Llámalo como quieras, Inés. Intentaré componer una metáfora, a pesar de no ser muy ducho en la literatura como tú, escucha, yo vivo en un castillo encima de la montaña para que mi familia viva bien, he fortificado un baluarte para que la artillería política y económica no nos enarbole con su explotación económica, debajo de la montaña vive el pueblo, los campesinos y artesanos viven en la tierra media, en dicha tierra corre el agua que les da la fertilidad para sus tierras, para comer y cocer entretenimientos, pero para nada más, no aspiran a nada más.
  • ¿Entonces te consideras superior a un obrero de una fábrica?
  • No soy superior, yo también trabajo con mis empresas, me he ganado bien la vida, luchando, te lo aseguro, estando bien es una pérdida de tiempo preocuparse por la política.
  • Yo lo razono desde otra óptica, cada cuatro años votamos a nuestro dictador, la gente es consciente de eso, han estado ignorándolo cuando en España iba todo muy bien, ahora en cambio, se han dado cuenta de que hay que democratizar el sistema porque no es una pérdida de tiempo preocuparse por la política. Yo creo en una presión continua democrática al poder, no hablo de una total igualdad, pero tampoco es bueno que un país esté haciendo padecer a sus clases medias.
  • Clase media, otro eufemismo.
  • Puede ser, así se ve mucha gente.
  • Porque los engañan, Inés.
  • Y tú no te ves cómo tal.
  • Yo soy un pequeño empresario, un autónomo. Miro por mis negocios, intento tener contentos a mis trabajadores, claro que tampoco llego a cometer excesos de caridad. Sino no estaría donde he llegado.
  • Así hablan muchos, a ti, por eso, te creo.
  • Gracias ¿qué hora es? –Amador miró el reloj que estaba en la mesita de noche. -¡Joder! Que tarde, que pena.
  • Sí, nos tenemos que ir –Inés contestó en ese momento como una niña que le han quitado su juguete favorito y se aguanta las lágrimas.
  • ¿Volvemos juntos?
  • Mejor que no.
  • Oh, de acuerdo –Armando suspiró.
  • No te lo tomes a mal. Si nos vamos juntos voy a pasar un mal trago. Ya estoy deprimida porque me voy de este mundo, mejor cortar directamente. Tú me has enseñado eso.
  • Demasiado bien has aprendido.
  • No lo digas con tanta resignación emocional. Sin pasión, por favor.
  • Está bien.

Los dos se vistieron lentamente, el tiempo corrió como siempre sin prestarles la menor atención. Bajaron a recepción, Inés insistió en pagar la habitación, Armando intentó persuadirla, no lo consiguió y fue finalmente invitado. Salieron a la calle, se miraron, no fue una despedida sentida ya que ambos reprimían sus emociones, sabían que éstas son imprevisibles y de corta vida, una vez estuviesen protagonizando su vida real ya no pensarían en el momento vivido a honrosas excepciones, quizás en momentos de soledad o para animarse tras otro día de trabajo.

  • Bien, Inés, esperemos que nos veamos pronto. ¿Te vas directamente al trabajo?
  • La semana que viene tal vez tenga tiempo, por el medio día, como hoy.
  • Espero que sea así, entonces te llamo la semana que viene. No me has respondido a la pregunta
  • ¿Cuál? –Inés interpretó un despiste ingenuo, Armando formuló de nuevo la misma pregunta, ella sonrió suavemente-. Perdón, cierto, estoy nerviosa. Sí y no.
  • ¿Cómo? No te entiendo.
  • He quedado con mi compañero Emilio, está pasando un mal trago con su separación… ¡no pongas esa cara! Ya te he hablado de él.
  • Sí, cierto. Es un trabajador nato como tú, no sabía que hablabais de vuestras intimidades.
  • No mucho, es un hombre tranquilo y bueno. ¡Estás celoso! –Inés rio-. Tranquilo no está aún ni divorciado. Nos vemos la semana que viene, no te tortures por situaciones que no existen.
  • Lo intentaré, tú recuerda lo que hemos hablado, no te quemes –Armando en ese momento no se atrevía hablar claramente.
  • No te prometo nada, cuídate.

Inés no lo besó, giró su cuerpo y caminó pausadamente como si no hubiese sucedido nada. Armando la observaba, analizaba otra vez su silueta, la cual se iba diluyendo segundo tras segundo, aprovechó hasta el último momento. Fue un día corriente, con los problemas perennes y las pequeñas escenas repetidas igual que el trabajo en una cadena de producción, no obstante, la noche sucumbió rápidamente al día.

Armando estaba hirviendo el arroz, era la cena para él y su esposa. Se exigía una cena ligera porque le preocupaba su imagen exterior, un empresario en parte vivía de una sólida imagen pública o al menos eso creía. La esposa no regía de una forma tan severa lo cual provocaba más de un enfrentamiento, Armando argumentaba, primero, que trabajaba de cara al público, y segunda cuestión, sufría tal sacrificio para que ella le siguiese viendo atractivo. Ella creía escuchar respuestas lívidas en el axioma de su marido, sin embargo, ambos tenían cuarenta y cinco años, era consciente de la pesadez de los años y los pensamientos de su marido la influían, las respuestas lívidas se transformaban en navajas afiladas, en su mente surgía la misma idea, estar bella para su marido.

Él tenía la cabeza ocupada en otros menesteres mientras cocinaba, estaba preocupado por su hija Marta de dieciséis años. Esa noche no cenaba con ellos porque estaba en casa de los padres de su novio. Armando creía que su hija estaba viviendo demasiado rápido, era un tema que quería hablar con su esposa. Cuando ella llegó ya estaba la cena servida en la mesa, preguntó si había llamado su hija, evitó mostrar su enojo cuando escuchó la respuesta negativa, posiblemente llamaría más tarde. Se cambió rápidamente de ropa, una vez se sentó él preguntó cuándo llamaría a su hija.

  • ¿Por qué no llamas tú? –Preguntó fríamente.
  • Cariño, conmigo está insoportable.
  • Debe ser porque su padre trata con explotadores…
  • No estamos hablando de este tema, cualquier momento es bueno para hablar del alquiler.
  • Armando, no vas a alquilarlo a una persona normal ¡es un estafador!
  • Cariño, estoy preocupado por Marta, creo que vive muy deprisa –Armando intentó imponer su preocupación.
  • ¿Por qué? Esta noche duerme aquí.
  • No importa eso. Tus padres a su edad no te hubiesen dejado ir a cenar un jueves por la noche a mi casa.
  • Los tiempos cambian, ahora los padres son más abiertos y razonables, no estamos en la Edad Media.
  • ¡Y dale otra vez! Hemos hablado esta mañana de eso, ya sabes que no me gusta hablar ahora de un tema…
  • ¡No me digas! No te gusta mezclar nuestro juego con el mundo real.
  • Inés, esa era una de las reglas.
  • Dirás una de tus reglas –habló indignada.
  • Creo que hasta ahora nos ha ido bastante bien. Tú misma me dijiste que era bueno hacer algo así, era diferente, dijiste “que era comer el mismo plato, pero con salsa diferente”. Es más, Inés, cuantas veces se han quejado tus compañeros del coito y nosotros no.
  • Armando, nosotros no tanto mejor dicho –Inés comió un poco de arroz para tranquilizarse, masticó y habló más pausadamente-. Te recuerdo que en casa ya no hacemos nada, no tenemos apetito. Tenemos que fantasear en hoteles, haciéndonos pasar por amantes, actuación que interpretamos una vez cada dos semanas o cada semana. Al principio, sí, era muy divertido hacer ver que estábamos nerviosos pero contentos a la vez. Fantasear sobre unas vidas matrimoniales que nada tenía que ver con nosotros. Sé que es una historia extraña, que si lo hubiese explicado a un desconocido me hubiese mirado como una loca, me hubiese dado igual porque era excitante para mí. Aunque de nuestro teatro hace cinco años ya, siento que la actuación ha ido degenerando, ha ido de mal en peor…
  • ¿Por qué? Cariño, no entiendo…
  • No hables más –Inés abandonó el tenedor encima de la mesa mientras Armando comía para demostrar a su esposa que dominaba la situación, ella volvió hablar-. Tú al principio de nuestro juego te inventabas historias de una mujer ficticia como te he comentado antes, en cambio, ahora me críticas a mí. Soy tan tonta que he aguantado el juego estas últimas semanas, pero no puedo más ¿me escuchas? No puedo más.
  • Cariño, tú también me has soltado alguna.
  • Tengo derecho a defenderme. No entiendo tu cambio de actitud, tal vez tengas una amante de verdad.
  • ¡No! Sabes que no soy así –en ese momento Armando batió su cubierto en la mesa.
  • Eso me gusta pensar, no soportaría la idea de que he hecho la tonta, jugando a amantes cuando tienes una en la vida real. Entonces, dime ¿qué pasa contigo? ¿Por qué ahora te las das de filósofo con tu misantropía? Lo peor de todo, lo que más me duele, es cómo me has criticado por mi vocación en el instituto. Has vomitado en lo que más creo, mi propio marido, lo más cínico es que no has tenido valor para decírmelo sino fuese por un mundo ideal, el cual tú has contaminado. Quizás nos equivocamos, quisimos crear un mundo cuando sólo existe uno.
  • Inés, déjame hablar –Armando se levantó, cogió su silla, se sentó en frente de su mujer, ella lo miró con rechazo y disgusto-. Sí, he cometido una vileza, un error. Me enfadé cuando empezaste a trabajar en el bachillerato nocturno, llegas tarde a casa, también trabajas por la mañana con los niños de la ESO, es algo que te quema, estás más arisca conmigo y con tu hija. Nos vemos poco, no tienes ganas de tocarme, no es justo que te quejes por no hacer nada en casa ya que estoy dispuesto. Varias veces intenté hablar del tema, tú no me escuchabas. Pensé que en nuestro mundo ideal habría una posibilidad de cuestionar nuestro problema, hasta ahora mismo hablando contigo no me he dado cuenta que al ser un mundo ideal no hay espacio para la realidad cotidiana.
  • Nuestro problema –ironizó Inés, se levantó indignada, recogió su plato y se lo llevó a la cocina, Armando no hablaba porque planificaba su defensa, ella fue más rápida, cuando volvió se quedó rígida delante de él, habló de nuevo-. Trabajar no es un problema, tú mismo esta mañana has comentado esta maldita crisis, a mí me han congelado el sueldo y tú ganas bastante menos que hace cinco años. Para colmo, quieres cada semana una aventura en un hotel, ahora no tenemos tanto dinero como en tiempos anteriores. El problema es cuando no haces caso a tu familia, cuando no te importa si sufren otras personas, aún quieres que te vea con buenos ojos.
  • Esas familias no pueden alquilar un piso porque no tienen dinero suficiente ni papales.
  • ¡Qué alquilen una habitación en la ciudad! Hay muchos de sus paisanos que alquilan habitaciones para seguir adelante, vale lo mismo y es un piso de verdad.
  • Ese camino es también barro empalagoso, te lo tomas con mucha rigidez, igual que Marta.
  • Tu hija piensa más que tú, tiene más ética que tú. Por eso no me preocupa que esta noche esté cenando con su novio, aunque no estén sus padres en casa.
  • ¡Perfecto! Y yo sin enterarme, es muy joven aún…
  • Me ha prometido que volverá, acéptalo sin pasión –Inés satirizó a Armando, se fue cansada al lavabo a asearse, salió cinco minutos después. Su marido seguía sentado en la mesa mirando el plato, no movía ni un centímetro de su cuerpo. Ella lo miró, ejecutó nuevas palabras-.Tuviste una buena idea en poner una cama en la habitación pequeña porque hoy vas a dormir en ella, no vengas porque te voy a echar.

Armando no contestó, siguió sin pronunciar palabra, su esposa se fue a su habitación a dormir. Pasados unos minutos recogió su plato, tiró la comida recordando los tiempos que iba mejor de dinero, fregó los platos, cuando acabó Marta abrió la puerta del piso. Se saludaron, el padre preguntó cómo había ido la noche, ella respondió “bien” con una sonrisa sincera, él comentó su sorpresa y alegría por su responsabilidad, pero ella miraba a su padre con expresión decepcionante, no hablaron más, Marta también se fue a la habitación. Armando encendió la televisión sin mirarla, tenía que acuñar de nuevo sus pensamientos, veinte minutos más tarde entró en su habitación para hablar con Inés.

– Espera, Inés. Os voy hacer caso, no voy alquilar el local a ese hombre. Lo hago por vosotras porque os decepciona mucho. Está claro que primero sois vosotras, si iba a alquilar ese local era para asegurar un dinero. No sé cuánto más aguantarán abiertas las otras cuatro autoescuelas, suerte que tenemos dinero ahorrado. Esperaré y seguro que vendrá otra persona a alquilar el local. Ahora mismo me he dado cuenta que has educado bien a nuestra hija, el mérito es tuyo, no mío. Tal vez eres una persona ocupada por tu trabajo, ¿y qué? Marta ya no es una niña, en fin, me voy a dormir…

– Quédate aquí. Sabía que eres una buena persona, sabía que reaccionarías, sabía que en el fondo lo hacías por miedo, no lo tengas, nosotros estamos acomodados, no como antes, es cierto, pero vivimos bien. Nos han bombardeado con noticias pesimistas, exageradas y las hemos creído. Has tenido que despedir gente, lo has pasado mal, lo he visto, por eso te has argumentado así esta mañana, es un escudo que te has inventado, no sabes que a mí no me engañas –Inés habló suavemente y con un tono bajo. –Vamos a dormir, mañana es otro día.

Armando se quitó la ropa, se tumbó en la cama al lado de Inés, estaba un poco más relajado, no obstante, tenía una incertidumbre que le hurtaba el sueño.

– No sé si podré dormir. Hay otro problema.

– ¿Cuál? –Inés preguntó sin entender nada.

– Hoy me he amargado con la cita con tu compañero.

– ¿Por qué te preocupa tanto Emilio?

– Cariño, quedas mucho con él. Yo creía que era porque es un profesor que se entrega mucho como tú.

– Y lo es. Tranquilízate de una vez, Armando, únicamente habla de su mujer. Está destrozado.

– ¿Qué los ha pasado exactamente?

– Nada nuevo, ella lo engañaba.

– Tiene que ser muy duro.

-Lo es, por eso no quiero que sufras por nosotros. Yo nunca te voy a engañar.

– Yo tampoco, amor. Eres mi mujer, sabes que aunque sea un fetichista jamás estaría con otra.

– Lo sé, somos un caso digno de psicoanálisis.

– Sí –Armando rio sin energía, estaba cansado e Inés lo notó.

– Vamos a dormir que no nos aguantamos ni tumbados.

Armando durmió poco esa noche, intentó agasajar sus preocupaciones sin éxito alguno. Las palabras melosas de Inés no provocaron el efecto que ella esperaba en su marido, para él era un grave error no alquilar el local. Si había claudicado ante ellas fue porque era consciente de la ofensa que cometía y las duras consecuencias por su inquina. El baluarte que se había fortificado para ignorar o no preocuparse por la sociedad no significaba que tal amparo fuese efectivo con una revuelta interna. Además, Inés era su voz de la conciencia, él tenía un cierto gen disoluto respecto al dinero que controlaba con más o menos aciertos y sobre todo con mentiras. Así, su esposa no tenía conocimiento del fondo de los negocios de la autoescuela, ella tenía poca experiencia en trabajos en empresas privadas ya que entró como funcionaria antes de los treinta años, además, antes de aprobar las oposiciones se había pasado la vida estudiando, excepto trabajos puntuales en verano para moler granos de dinero. Este hecho fue aprovechado por Armando para sumergirse en su empresa sin que la acerba crítica de su esposa fuese consciente de la política empresarial de éste. En este fragmento del relato tengo que detallarme en una ocultación de la metáfora de Armando para que usted siga entendiendo la historia, había otro espacio real a parte del baluarte y la tierra media, Armando lo localizaba en el fondo del mar donde estaban los tiburones y los barcos hundidos con oro hurtado de Perú por citar un ejemplo, allí vivían seres que parecían no necesitar de la vida de los ríos, era el mundo al revés que dominaba a la tierra media y al baluarte, imagínese una flota de submarinos, que protegen los intereses del oro de estos seres desconocidos, que ataquen al castillo y al pueblo con su artillería, no con mísiles de crucero, sino con créditos u otro armamento económico que lo utilizaban las personas corrientes para sumergirse y pescar algún pez que diesen ganancias a éstos, además de pagar con intereses a los extraños seres que así usuraban más oro. En esta metáfora no se había compuesto ningún pirata navegando por los mares, igual que usted, desconozco el motivo, cabe destacar que el submarino era la única referencia de modernidad en dicha composición, se supone que él creía que la tecnología no estaba navegada por capitanes honestos. Armando no se sinceró en esta última parte de su particular visión del mundo ya que Inés tenía una ética vehemente, por eso no soportaba a muchos empresarios, en concreto a los que habían sumergido hasta el fondo marítimo. Creía que su marido era diferente, si no se había enriquecido era por su moral con los trabajadores. No existe ningún negocio filón para un pequeño empresario, más si éste respeta todas las leyes, Armando lo percibió en sus primeros años de profesión cuando era un simple profesor. Se sumergió en el fondo empresarial porque se sentía estancado siendo un trabajador, era consciente que el dinero no se producía, sino que se especulaba, así que diez años atrás abrió una autoescuela y cinco después tenía su pequeña flota de barcas con sus cuatro locales, los tres primeros los alquiló y el último lo compró demostrando cuanto hondo había sumergido. Inés apoyó a su marido desde el primer día, veía en Armando una persona trabajadora, no era un haragán que se conformaba con un sueldo medio, aspiraba a más, ahora bien, él no explicaba todas sus decisiones a su mujer, enseñaba únicamente los papeles legales, Inés nunca preguntó mucho, se dejó sumergir por las cantidades de dinero que facturaba su marido, Armando vio en ello una pequeña e insignificante hipocresía por parte de su esposa, pero lo creía normal en una persona buena y con poca experiencia en cotos privados. Así que fue tarea fácil ocultar ciertas irregularidades que cometen casi todas las empresas, me refiero a pagar en negro algunas horas producidas por sus profesores, inflamaba los precios de los cursos para luego declarar sólo una parte, en más de tres ocasiones contrató sin contratar a las secretarias, los profesores cobraban comisión si conseguían que los alumnos pagasen más clases prácticas ¿cómo? Los primeros convencían a los segundos que todavía no estaban preparados para aprobar el examen. En fin, practicas cometidas en muchos negocios españoles y no españoles. Armando ganó mucho dinero sobre todo con los cursos de los camiones, era la época de las construcciones faraónicas, la mayoría de ellos están sin trabajo desde el inicio de la crisis, desde entonces son pocos que vayan a estudiar porque el dinero se ha diluido en alguna parte del fondo marino. Las ganancias poco a poco fueron bajando de cantidades hasta que en el último año hubo un embate de la crisis, las matriculaciones bajaron más de la mitad, pues por lógica, Armando cerró dos autoescuelas. La idea fue cerrar un local de alquiler y su propiedad para alquilarlo, propiedad que aún pagaba la hipoteca. Los despidos tampoco fueron asunto fácil, había profesores que llevaban varios años en la empresa, echar a dichas personas hubiese sido caro para un presupuesto tocado como el de Armando. No obstante, éste fue un empresario avispado, se aprovechó de la situación económica, fusionó su empresa con la de otro empresario pequeño que también poseía dos autoescuelas, en otras palabras, fundó una nueva empresa en que existían dos socios. Así pudo rescindir legalmente el contrato de algunos de sus empleados, les dio a elegir entre ir al paro, no encontrar trabajo o bajar su sueldo y rescindir su contrato para firmar uno nuevo, perdiendo algún que otro derecho como la antigüedad el cual era un privilegio en tiempos de crisis. La indemnización en caso de despido corría por supuesto por parte de la aurora ¿qué era mejor? El miedo lógicamente respondió la segunda opción. Armando tuvo suerte ya que tenía tres profesores en plantilla que llevaban menos de dos años, no eran trabajadores indefinidos según la legalidad española, así que pagó cero euros de compensación. También tuvo que echar a dos secretarias, tampoco cobraron indemnización porque no firmaron contrato alguno, aceptaron el trabajo porque eran inmigrantes sin permiso de residencia.

Armando no paraba de pensar en que no conseguiría fácilmente alquilar el local, si pudiese cerrar el trato sin que Inés tuviese consciencia del asunto, era imposible, podría pasar una tarde por la calle y ver el negocio. La opción de la venta era perder dinero porque el valor del local había bajado el último año a causa del conflicto económico de los submarinos que ya era realidad y no únicamente imaginación de usted. El baluarte había sufrido el ataque, Armando reorganizó su defensa, reconstruyó la zona afectada como se ha leído en las anteriores líneas, no era suficiente para él, estaba seguro que habría otra ofensiva. Las reflexiones onerosas no permitieron la existencia de sentimientos bondadosos hacia sus antiguos trabajadores, además, bastante tenía él con mantener su nivel de vida. Al fin y al cabo era lo que más le preocupaba, en estos últimos años habían vivido cómodamente, no era una vida lujosa, simplemente se permitían viajes a ciudades como Paris, Londres o Buenos Aires; por no hablar del amor de Inés por el teatro, el instituto privado de la hija y las visitas exóticas a hoteles desperdigados de la ciudad. Su esposa tenía razón en que a ellos las crisis no les afectaba tanto, no obstante, reconocía que había bajado su nivel de vida, la situación seguro que podía empeorar. Los seres habían disparado demasiado con tanto crédito que había negociado con cualquier persona, Armando era uno de ellos, fue la única manera de abrir su negocio. En el dos mil doce, en cambio, éstos no prestaban ni un cebo y provocaba la muerte de muchos pequeños pescadores, submarinistas o marineros. Armando no intuía un futuro diáfano en su negocio, no era ningún ingenuo, no le apetecía sacrificar su vida por pagar todas sus deudas. Sabía que había personas las cuales pasaban momentos más complicados que él, no le importaba, en su baluarte únicamente había protección para su familia. El rey del castillo no paseaba por la tierra media para conocer la salud del pueblo, iba directamente a bucear al fondo del mar a buscar el oro de los barcos hundidos. Tuvo que reconocer su egoísmo, aceptaba sin pasión la vida de los demás, en cambio, la suya no, era una actitud que a Inés le provocaba náuseas aunque a veces daba la impresión que no lo comprendía o eso pensaba Armando recordando la última discusión. No le quedaba otra opción que hacer algún sacrificio que sería ridículo en ojos de una persona que le habían desahuciado de su hogar, aceptó no ir temporalmente más en hoteles, Inés también tendría que ceder en algunos de sus caprichos como el teatro ya que las entradas no eran precisamente de un precio suave. Marta seguiría estudiando en el mismo instituto porque la educación de ella era importante para Armando.

Visualice usted los cambios de posición en la cama por culpa de tantos pensamientos malignos. Sabe cuál era la mayor preocupación que le cortaba el aliento, una reflexión imposible de tejer, sí, era Emilio. Armando creía en las palabras de Inés, la conocía, ella quería ayudar a su compañero, pero no conocía a Emilio, sabía lo básico, era un hombre y sí, estaba pasando por una separación dolorosa, hecho que duele, aunque él podía confundir las buenas intenciones de Inés. ¿Y ella? No, Inés era imposible. Volvió a cambiar de posición en la cama por milésima vez, intentaba recordar los comentarios de Inés sobre su compañero por el medio día, cuando habían salido del hotel, Inés se había hecho la despistada, no consiguió engañar a su marido. Calculó fechas, hacía semanas que comentaba los problemas de Emilio, hacía más de un año que no tenía relaciones sexuales en el hogar ¿Emilio había salado más la situación? La pregunta clave era la causa de esa interpretación de tan poca calidad, quizá se debía a la tensión vivida en el mundo ideal, quizá él era el culpable por haber arrancado los jazmines con sus comentarios de la vida real.

Así se tranquilizaba durante unos minutos, creía que todo era una paranoia producto de sus problemas económicos y luego, sin más, en menos de un segundo, algún recuerdo apuñalaba a Armando como un traidor que le hiere por la espalda. Había sido testigo de muchos compañeros casados que se habían rozado con palabras, primero, y con cariño, unos meses después. Él había creído durante mucho tiempo que no sería víctima de tal vileza ni él actuaría de esa forma, sin embargo, esa noche estaba dominado por la desconfianza. Por fin consiguió dormir, pocas horas, pero era mejor que nada, Inés no estaba en la cama cuando se despertó, Armando salió de la habitación, vio a ambas desayunando en el comedor. Marta lo besó, comentó que estaba contenta por su decisión, su padre sonrió sin respuesta. Marta se fue al instituto veinte minutos más tarde, Armando aprovechó la ocasión para comentar a Inés su decisión de no ir a más hoteles, ella se alegró, también aceptó dejar temporalmente las visitas teatrales.

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El caído.

El caído

Eran las diez en punto de la mañana cuando a Henry le sonó el despertador. Maldijo su vida y la del despertador al escuchar ese ruido infernal, hay que tener en cuenta que únicamente había dormido tres horas. Tenía que levantarse pronto para buscar a sus hijos en casa de su ex mujer. Henry desayunó un poco de cereales, se afeitó y se duchó, cuando estaba a punto de salir de su casa le hizo una visita su hermano mayor: Paul.

—¿Cómo estás, Paul?

—Bien —dijo Paul secamente, analizó a su hermano y se llevó una decepción—. Por tu cara adivino que ayer saliste.

—Sí.

—Hoy tienes que ir a buscar a tus hijos.

—Ya.

—Parece que a ti no te importan.

—Sabes que sí.

—Henry, soy tu hermano y te quiero, no me gusta ver cómo te jodes la vida. Lo tuviste todo: una buena y guapa mujer, una carrera futbolística única, ganaste muchos títulos con el Barça… ¿qué queda de esa gran persona? Nada, únicamente un jugador retirado con treinta y dos años a causa de los excesos de alcohol.

—Te recuerdo que si tú vives bien es gracias a mí, a tu hermano pequeño —dijo Henry rencorosamente.

—Es cierto, no te lo puedo negar. Me llevaste contigo a Barcelona, muchos otros hubiesen pasado de traer a su hermano mayor, tú nunca has sido como los demás… eras buena persona, ¿qué te pasó?

—Supongo que en Londres no hay la fiesta de Barcelona.

—Henry, aún recuerdo tu mejor temporada. Tú y Ronaldinho ganasteis la liga española y la Liga de Campeones, erais un gran pareja… los dos fuisteis una mala influencia el uno para el otro, él fue más afortunado que tú, cuando vio que os cargasteis el equipo, se fue a Milán a continuar con sus borracheras…

—Sí, Paul, yo me lesioné, ¿qué culpa tengo yo?

—Mucha, y lo sabes muy bien. Tanto alcohol y tus grandes comilonas acabaron contigo, ibas a entrenar como si se tratase de andar un poco… claro, eso tuvo sus consecuencias: poco a poco perdiste tu velocidad, frecuentaban las lesiones hasta que la última te retiró del fútbol.

—Tienes buena memoria, no te quejes tanto, hombre, ¿a ti te ha faltado el dinero alguna vez?

—No lo entiendes, Henry, no es por el dinero, no es por mí. Es por ti, no eres feliz con tu actual estado de vida. Tienes muchísimo dinero pero algún día se acabará ¿entonces qué? Ayer hablé con papá y mamá… —Paul se calló, le costó volver a hablar a causa del miedo—. Vuelvo a Londres, no aguanto estar más aquí.

—¿Te vas? —Henry miró a su hermano con tristeza, no podía creérselo—. ¿Cuándo?

—El sábado que viene, por eso he venido tan pronto hoy, no quería decírtelo delante de los niños.

—Paul, tú eres la única persona cuerda que tengo alrededor, dime qué voy hacer ahora.

—Has acabado con mi paciencia, Henry, he intentado ayudarte pero tú no pones de tu parte, tengo que pensar en mí.

—Supongo que tienes razón.

—¿Supones? —rió irónicamente Paul—. Te has aprovechado de mí. Me utilizabas para que tu ex mujer no supiese de tus infidelidades, llegaste a decirle que era yo quien tenía problemas con el alcohol y una vida sexual desenfrenada… hasta que llegó aquella niña preñada recién cumplida la mayoría de edad.

—Pagué el aborto.

—Sólo faltaría, pero tu cara salió en toda la prensa amarilla y fuiste la vergüenza de la familia.

—Se me escapó de las manos, perdí el norte… ahora ya es tarde.

—No es tarde, Henry, aún tienes bastante dinero, no seas tonto y haz un buena inversión, compra unos pisos y luego los alquilas.

—Te recuerdo que hay crisis —dijo secamente Henry.

—Tú siempre con excusas, la crisis afecta a los trabajadores, no a la gente rica, al menos no de la misma manera.

—Supongo que tienes razón —Henry miró el reloj, quería irse y respirar tranquilo—.  Me tengo que ir, voy a buscar a los niños, ¿luego te pasarás?

—Sí, me quiero despedir de mis sobrinos.

—Está bien, hasta la tarde, entonces.

Henry acompañó a su hermano hasta la puerta, fue una despedida fría. A los cinco minutos cogió el coche para buscar a sus hijos. Durante el trayecto pensó en su vida “tiene razón Paul”, pensaba Henry, “lo tenía todo, sin embargo, me dejé seducir por las mujeres bellas que me cortejaban, ellas únicamente querían estar conmigo por mi fama, nada más, yo en parte lo sabía aunque no me importaba, tan sólo quería pasármelo bien, olvidé a mi familia, traspasé la raya, muchos jugadores son infieles a sus esposas pero mi vida era parecida a la de Goerge Best, en más de una ocasión la prensa española me comparó con él, ahora bien, la carrera de Goerge Best fue más rica que la mía o más larga”. Henry intentó recordar el día que cambió aunque no llegaba a poner una fecha concreta, fue una época muy confusa. “¿Qué me queda ahora?”, volvió a pensar Henry,. “Mi vida ha ido de arriba abajo, aún cuando salgo hay alguna jovencita que quiere pasar un buen rato conmigo aunque ya no es como antes, en aquella época me lo pasaba muy bien, a causa de mis borracheras no era consciente del daño que hacía a mi familia, hoy en día todavía bebo porque soy incapaz de dejar el alcohol, no tengo fuerzas. Soy consciente que soy una mala influencia para mis hijos, hace dos años me quedé dormido borracho en el sofá, se cayó el cigarro en el sofá sobre la tapicería y gracias a Charles no se quemó la casa, ¡gracias a mi hijo de ocho años! Mis dos hijos estaban en casa… aún me extraña que Diane esté tranquila cuando me llevo a los niños, supongo que no lo está, es buena persona y quiere darme otra oportunidad aunque eso signifique quitarse horas de sueño”.

Henry llegó a casa de Diane, lo estaba esperando hacía bastante tiempo. Henry y Diane tenían la misma edad, se conocieron en el instituto y se hicieron novios. Henry dejó pronto los estudios por su carrera futbolística en el Arsenal, dejó embarazada a Diane y se casaron, años más tarde la familia fue a Barcelona. Fue en esa ciudad donde Henry conoció una nueva vida de la cual quedó enamorado, acostumbrado al escaso sexo matrimonial no pudo evitar sentirse atraído por las beldades de la ciudad, otra causa de su descontrol fue estar lejos de la influencia de sus padres que le habían dado una educación conservadora, cuando estuvo lejos de sus padres y con cierta libertad no supo controlar su vida.

El hijo mayor se llamaba Charles y tenía diez años, tenía una personalidad fuerte y egoísta como el padre, no se llevaban muy bien, y menos con el accidente del cigarro. Ana (tenía el nombre español porque había nacido en Barcelona) tenía seis años y poseía el carácter dulce y tranquilo de su madre, quería mucho a su padre aunque tampoco lo veía mucho. Henry tuvo la suerte de que Diane nunca hablara mal de él delante de sus hijos.

Has tardado, Henry.

—He estado hablando con mi hermano.

—¿Qué se cuenta?

—Dice que vuelve a Londres.

—¿Por qué?

—No soporta estar más aquí conmigo.

—Lo siento —dijo sinceramente Diane.

—Todo lo bueno que he tenido me lo he cargado.

—Un poco tarde para lamentarse.

—Perdóname, Diane.

—Confórmate con que te deje ver a nuestros hijos.

—Sé que para ti significan un gran esfuerzo.

—Sí, Henry, me da miedo que vean algunas de tus zorras, no quiero que piensen que la vida es una continúa fiesta.

—Jamás han visto alguna de mis aventuras —confesó Henry.

—Así tiene que continuar.

—Sabes que si no vuelvo a Londres es por los niños.

—Sí, pero mi relación con Marcos va muy bien, es un buen hombre, me gusta vivir en Barcelona con él.

—Me alegro que te vaya bien.

—Muy bien, vamos a tener un hijo —comentó Diane rápidamente porque no se atrevía a decírselo.

—Vaya… —dijo débilmente Henry, no sabía qué decir—. Vais rápidos, lleváis sólo un año.

—Ha sido buscado, la mayor locura fue quedarme preñada de ti.

—Pero tuvimos un hijo maravilloso, Diane.

—Es como tú, por eso no os lleváis muy bien, en cambio, Ana te adora, no tiene muchos recuerdos de ti pero está encantada que su papá fuera un gran futbolista, lógicamente no sabe nada de tu decadencia y tus mujeres.

—Lo siento.

—Ya te he dicho que es muy tarde —Diane se calló y volvió hablar para expresar bien sus pensamientos—. Nunca te he preguntado algo, Henry, pero es importante para mí.

—Dime.

—¿Cuándo comenzaste a ser infiel?

—En la segunda temporada, un año antes de nacer Ana, pero las súper borracheras no fueron hasta la cuarta temporada. Todo se descontroló a partir de la cuarta temporada.

—Sí, todo coincide. Y yo creía tus mentiras, caíste tan bajo.

—He pagado las consecuencias.

—Más yo.

—Puede ser, Diane. Voy a buscar a los niños.

—Será lo mejor.

Los dos fueron a la habitación de Ana que estaba dibujando para hacer un regalo a su padre, cuando Ana vio a Henry lo abrazó con mucho cariño y le enseñó el dibujo, era Henry marcando un gol, a él le gustó mucho y llegó a emocionarse un poco.

Luego fueron a la habitación de Charles pero no estaba preparado ya que el hijo mayor no quería irse con su padre.

—¿Por qué no quieres ir con papá? —preguntó Diane.

—Quiero quedarme contigo, mamá.

—A mí me ves cada día, cariño.

—Sí, pero también quiero estar contigo y Marcos este fin de semana —este comentario sobre Marcos molestó mucho a Henry.

—Hijo —dijo Henry—, nos lo vamos a pasar muy bien, podemos jugar a fútbol en el jardín mientras tu hermana dibuja.

—No quiero…

—No seas tonto, yo quiero estar contigo, Charles —suplicó Henry.

—Papá, en el colegio se ríen de mí porque soy hijo de un borracho… no quiero ir contigo…

Charles se fue de la habitación, Diane lo llamó para que volviese pero el niño no hizo caso, Henry habló con Diane y le dijo que era mejor no llevárselo este fin de semana, era normal que estuviese molesto y disgustado por tales comentarios con su padre, se llevó únicamente a Ana que se entristeció un poco, luego, en el coche de su padre se animó y se olvidó del asunto. Llegaron a casa de Henry y jugaron un poco antes de comer, la relación entre padre e hija era muy buena y cordial, Henry pensó mucho mientras jugaba con su hija: “con Ana es cuando soy una persona amable y buena, recuperó aquel ser humilde y trabajador que tanto gustaba a Diane y Paul, creo que Ana es la única persona que me hace feliz, quiero mucho a Charles, sin embargo, él acabará odiándome a este paso, quizás me lo merezco por tratar mal a su madre, nunca la pegué, nunca le faltó de nada, bueno, quizás lo más importante, cariño…”.

—Papá… -—interrumpió Ana.

—Sí, dime, hija…

—Tengo hambre…

—Voy hacerte un bistec con patatas fritas, ¿quieres?

—¡Sí! —gritó la niña feliz—. Mamá no me deja comer patatas fritas, dice que engorda mucho.

—Tiene razón mamá, pero por un día no pasa nada.

Henry no tardó mucho en cocinar los bistecs y las patatas fritas, Ana, mientras, vio la televisión. Ya en la comida Ana no paraba de hacer preguntas a su padre sobre su carrera futbolística, Henry intentó esconder su etapa negra, no obstante, Ana sabía más de lo que pensaba Henry.

—Dice Charles que tú eres un borracho.

—Es mentira, cariño.

—Entonces, ¿por qué miente Charles?

—Es lo que escucha en el colegio… Ana, los niños son muy malos y tienen envidia de que el padre de Charles haya sido un gran deportista y sus padres no.

—¿Tú no bebes?

—No, tesoro, no —mintió Henry entre risas fingidas.

Dos horas más tarde llegó Paul para despedirse de su sobrina, preguntó por Charles y Henry le explicó lo sucedido, Paul no quiso dar su opinión sobre la decisión de Charles. Paul cenó con su hermano y su sobrina, Henry ya estaba realmente cansado de no haber dormido, pensaba acostarse en cuanto se fuese su hermano. Ana se durmió  a las diez y cuarto de la noche ya que estaba muy cansada, a los cinco minutos se fue Paul, fue una despedida triste y fría que afectó mucho a los dos hermanos. Henry, antes de dormir, se puso a ver el partido de fútbol con un güisqui y un cigarro, durante el día no había tenido ganas de beber a causa de la resaca pero después de la cena el cuerpo se le había reactivado, no miraba mucho el partido porque estaba ahogándose en sus pensamientos: “he mentido a mi hija, algún día será grande y sabrá toda la verdad, entonces me odiará como me odia Charles, quizás Paul tenía razón, aún estoy a tiempo de salvarme, de tener una familia y un futuro estable… sin embargo, no sé cómo dejar el alcohol… no tengo fuerzas, significa que no quiero a mi familia… no digas eso, Henry, mira el partido y calla”.

Henry bebió otro güisqui para salir de tales pensamientos y la nueva copa lo animó a beber poco a poco, a medida que iba bebiendo también se le iba el sueño y los pensamientos sobre su familia, sintió ya perder el control sobre sí mismo aunque tampoco importaba, ya no pensaba en nada, tan sólo era una máquina de beber y fumar, disfrutaba estando así, fuera de todo y de todos, no tenía que aguantar a nadie y hasta llegaba a reírse, pensó que también tendría que dejar con el tiempo el alcohol por el bien de Ana. En aquel momento todo parecía estar en orden y armonía, Henry se encontraba muy bien, hasta que se acabó la botella de güisqui. No podía ser, Henry quería más, normalmente en estas ocasiones solía ir a comprar una o dos botellas a una licorería cerca de casa, sin embargo, está vez dormía bajo su techo su hija pequeña. Estaba muy nervioso y quería beber más, “vuelvo en un momento, no pasará nada”.

Cogió el coche y corrió lo máximo que pudo, iba ya un poco beodo aunque tuvo suerte y no le paró la policía ni tuvo un accidente, compró dos botellas y volvió corriendo a su casa, fue en ese momento cuando se arrepintió de haber comprado el alcohol. “Qué bajo he caído”, pensó, “cómo puedo ser tan irresponsable, he dejado a mi hija de seis años sola en casa ¡cómo se entere Diane me mata! Se acabó, el alcohol domina mi vida, tengo que dejarlo, necesito ayuda, quizás lo mejor sea volver con Paul a Londres para curarme, cuando esté bueno y sea un buen padre mereceré ver a mis hijos, hoy por hoy, prefiero que no me vean a verme borracho perdido, tengo… quiero ser un buen padre”.

Henry llegó a casa, aparcó y cuando iba abrir la puerta se sorprendió que la televisión estuviese tan alta, al entrar no vio nada extraño “seguramente que he dejado la tele a toda hostia, espero que Ana no se haya despertado”. Fue a ver su hija y dormía plácidamente, bajó al comedor y tiró las dos botellas, llamó a Paul para hablar sobre su idea de volver con él, su hermano mayor se alegró de escuchar un cambio y aceptó encantado que volviesen juntos para superar los problemas de Henry. Cuando terminó la conversación Henry llamó a Diane para explicar su decisión.

—Me alegra que por fin tengas una iniciativa de cambiar —dijo Diane escépticamente.

—Por tu voz me da la impresión que no me crees.

—No del todo.

—Explícate.

—Ahora vas un poco borracho, por eso me has llamado, ¡vas borracho con nuestra hija en tu casa! ¿No te da vergüenza…?, por eso has pensado tales ideas, mañana tendrás ganas de beber y beberás.

—Así no me ayudas mucho, Diane.

—Yo no soy tan buena persona como tu hermano.

—Antes lo eras.

—Tú me cambiaste, Henry.

—Tienes razón, te cambié, es cierto, ahora voy un poco borracho y me doy asco, Ana está aquí, me quiere y por eso voy a dejar el alcohol, sé que me va a costar… quizás tenga recaídas pero por eso vuelvo a Londres, no puedo curarme solo e únicamente mis padres y mi hermano podrán aguantarme… ¿escuchas, Diane?

—Sí, Henry, no piensas volver hasta estar curado.

—Exacto.

—Ojalá que vuelvas, Henry, ojalá.

—Gracias, Diane, y lo siento otra vez.

—Déjalo.

—Nos vemos mañana.

—Hasta mañana, buenas noches.

—Buenas noches.

Al día siguiente Henry llevó a Ana a casa de su madre, allí habló con sus dos hijos y les explicó toda la verdad, Ana lloró mucho y Charles se hizo el fuerte y en ningún momento habló con su padre porque no lo creía. Henry se fue con el corazón partido por sus dos hijos, quizás tendría que haberles mentido pero ya estaba harto de mentir, quería reconstruir su vida, volver a ser feliz. “Tengo mucho miedo”, pensó Henry, “tengo miedo al fracaso y a la familia, es un gran esfuerzo que tengo que hacer, no obstante, vale la pena, cuando no pueda más pensaré en mis hijos, espero volver algún día a verlos con dignidad”.

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La Escritora (Fragmento)

La escritora.

 “¡Es que yo no comprendo…! ¡Yo no comprendo nada…! ¡Y yo quisiera comprender!”

 Miguel Mihura. Maribel y la extraña familia.

 

I.

El televisor estaba mudo y está claro que sus gestos no molestaban al escritor, el cual estaba atrapado en la sima de su nueva composición, su intención era escribir como un buen escritor ¿cómo escribe un buen escritor? Un colega de profesión le comentó que mezclando frases cortas con largas para componer un buen ritmo literario, más un estilo poético para no tirotear la historia. El escritor respondió un rico sarcasmo, ¿nada más? En ese preciso momento se acordó de la literata, ella era la máxima expresión de la pasión, al menos suficiente para cometer la locura de restregarse en una revista literaria en edición papel en la época de Internet, y precisamente el dinero no la veneraba, ni ella lo pretendía, era la única persona que conoció la cual realmente no escribía por disfrutar de altas ganancias económicas que podían ganar artistas con nombre y apellidos fácilmente olvidables, ganancias que permitían comprar un par de libros y comida congelada, hasta con un poco de suerte un paquete de seis cervezas. Los males de la vejez no atacaron a la revista ya que falleció de hambre en su juventud, la pobreza económica y artística fueron circunstancias demasiadas poderosas. Sin dinero estaba claro que ningún compositor de mediano reconocimiento publicaría en ella, así que la efímera editora publicó a sus socios, conocidos y algún que otro escritor que mandó sus relatos, no todos eran artistas que componían mediocridad, el escritor recordaba haber leído composiciones decentes, casualidad que una de ellas estampaba su firma. La certeza de que la escritora había aprendido una lección habría sido incuestionable en otra persona, no obstante, su compañera de miserias era una emprendedora para algunos y una idealista inmadura para otros. Todavía la recordaba sonreír cuando le explicó su nuevo proyecto literario, se financiaría a ella misma para publicar su propia obra, el escritor preguntó cómo conseguía el dinero, ella respondió que llevaba meses trabajando de camarera en un bar del centro de Barcelona, fue contratada porque hablaba inglés, algo perfecto en un sitio turístico ¿no? Ya había pagado la insignificante deuda de la revista, era el momento de batallar sola en la publicación, complicada era la victoria artística en la guerra contra el anonimato. Luchó, sudó, habló con miles de librerías, algunas aceptaron vender su libro quedándose un porcentaje importante del libro, las más conocidas por los literatos no mostraron interés alguno en promover presentación, así que su autoedición de quinientos libros todavía queda por venderse hoy en día. De poco sirvió ir a las presentaciones de otros escritores, ella esperaba a sus colegas fuera y les hablaba de su libro, no consiguió nada, bueno, alguna proposición indecente que no aceptó. Envío su libro a varias editoriales y tampoco, ninguna contestación ¿qué ocurría? El escritor leyó la novela que ella había escrito, era una historia de amor entre tres mujeres, difícil de comprender que tres mujeres se amen y vivan juntas, pero la escritora confesó que era una historia autobiográfica, lo reveló una tarde tomando café en una cafetería del barrio de Collblanc de la ciudad de L`Hospitalet de Llobregat, en que vivía el escritor, estaba dolida porque había recibido críticas inquinas por ser una historia irreal, imposible de que tres personas se amasen en porcentajes parecidos, no iguales, porque cómo reconoció ella esa misma tarde, aquella relación múltiple se fue al traste por no amar a partes iguales, la artista creyó en su idea en el amor platónico multiplicado en dos o incluso en tres o cuatro personas ¿y el sexo? Fue el motor para las dos amantes más que para la escritora, la cual con el entender de los meses cambió de ideas y concluyó que no funcionaba aquella relación platónica afrodisíaca ya que era un concepto contradictorio, el Eros del Banquete había sido vomitado por el empache sexual. A parte de la historia caolín, la novela tenía un estilo literario descompensado, sus personajes y sus perfiles psicológicos eran tratados con la misma elegancia que Cervantes escribió su Novela del curioso impertinente, aunque los detractores de la escritora molieron que esa obra tenía una escritura antigua que les recordaba a Unamuno, Baroja y otros escritores españoles de la generación del noventa y ocho, parecía que la autora había leído hasta esa época y no conociese a Borges, Cortázar, Bolaño, Vila-Matas y un larga lista interminable. Sus eternos diálogos teatralizados fueron sucumbidos en la palestra literaria de principios del siglo veintiuno, el cual el cine llevaba décadas torturando a la prosa para la escritora, ponía de ejemplo la influencia exagerada del séptimo arte en las novelas de sus coetáneos marginando los ricos diálogos de tiempos anteriores, la autora reflexionaba si realmente la gente hablaba tan poco igual que en las novelas de algunos colegas que habían tenido fortuna en el mercado libre. La única crítica no caracterizada por unas palabras hirsutas y sí unos comentarios salitres fueron las que analizaron el concepto de narrador que tenía la escritora, si los diálogos y la construcción de los personajes fueron su cara se puede decir que el desarrollo del narrador fue su cruz, igual que un cambio de marchas de un automóvil que no entra bien la primera era la lectura de aquella novela, costaba encontrar un aliciente en aquella banda de música que no tocaba al unísono y así costaba escuchar la música, el lector en un segundo entendía que a la escritora le costaba ciudades de sufrimiento narrar una historia, construía grandes perfiles psicológicos en narraciones excrementadas. El escritor aconsejó a su amiga que tenía que variar sus lecturas, leía a Valle-Inclán, Buero Vallejo o Mihura, a pesar que ella no escribía con la sátira del último, pero también tenía que leer a poetas como Hernández, Alcántara o Falcón por nombrar unos cuantos al azar. Ella tenía espíritu de superación, se tomó en serio aquellos consejos, tanto que fueron a una librería a comprar libros de aquellos autores una vez terminado el segundo café, se despidieron cuando salieron de la librería, ella tenía prisa por aprender de aquellos artistas, no volvió a tener noticias de ella hasta seis meses después. Fue en la presentación de un abogado en una librería, que había pagado más de seis mil euros para que una famosa cadena de libros española le organizase la promoción, en que pudo por fin saber los cambios en la vida de su amiga. El escritor llevaba tiempo sin llamar a su teléfono móvil porque el número había desaparecido y no contestaba a los correos electrónicos ni muchos menos se conectaba al Messenger. Preguntó al abogado por la escritora porque él fue uno de los socios de la revista que fundaron, sabía que el abogado y la escritora habían enfriado su relación desde aquel proyecto, aunque tenía la esperanza de que tuviese información sobre ella. El hedor de aquella pregunta conmovió el rostro del abogado hasta la clorosis, sí, muy a su pesar conocía los últimos párrafos de su vida, comentó párrafos con desmayado interés, parecía que la escritora no se mereciese protagonizar capítulos, entre calificaciones destructivas resumió los cambios de la escritora. Vivía en una casa ocupa de la ciudad de Cornellà de Llobregat, una de las más laureadas del movimiento anarquista barcelonés, llevaba meses sin trabajar, su dedicación era leer y principalmente escribir prosa anarquista en favor de la clase obrera y los oprimidos, curiosamente ironizó el abogado, ninguno de los miembros era obrero u obrera. El tris de tales comentarios ensordecieron al escritor que no escuchaba nada de alrededor, le costaba creer que su amiga había mutado de una persona que únicamente escribía sobre las relaciones personales a un activista política, a pesar que ellos se llamasen apolíticos. Al fin de semana siguiente fue a la casa ocupa llamada El Pati Negre, eran las cuatro y poco de la tarde, había un cartel en la entrada con la programación de aquella jornada, a las cinco había una charla que dirigía una persona la cual jamás había leído o escuchado. Picó a la puerta, un joven fue a preguntar quién era él y el porqué de venir tan pronto. El escritor preguntó por su amiga, el chico respondió que en ese momento ella no se encontraba en la comuna ya que estaba en el local del sindicato de la ciudad, el primero preguntó la dirección de tal local y el segundo se sorprendió negativamente de que no lo supiese, demostraba que no era de los suyos, no obstante, le indicó lo mejor que pudo el local de la CNT de Cornellà, que no estaba alejado de la casa ocupa. Ella estaba sola en el local cuando llegó su amigo, sus sienes estaban caducadas de rosicler, sus ojos estaban picados por la rabia de su composición, estaba escribiendo un relato sobre una familia de inmigrantes, los cuales habían llegado de Bolivia para buscar una vida más digna en España, sin embargo, eran explotados por pequeños burgueses sin escrúpulos y odiados por otros trabajadores cuando todos los trabajadores tienen en común su clase social, que tendría que ser su única patria, el internacionalismo. La escritora recibió con sorpresa y alegría a su amigo a pesar de la interrupción, preguntó cómo había sabido de ella, él le comentó todo y mostró su sorpresa por su cambio en tan pocos meses, ella le contestó que tenía que ir al Pati Negre para asistir a la conferencia, pero luego podrían platicar con tranquilidad. La conferencia estaba dirigida al anarquismo en Cuba, las dificultades de sobrevivir en un régimen dictatorial, pero que nadie engañase a los oyentes, España tampoco era una democracia sana. Las palabras entronizadas del conferenciante hacían mover a una calma mutua a los oyentes, los cuales no debatieron ni la respiración del primero y estuvieron de acuerdo con todo igual que buenos demócratas directos, únicamente el escritor asaltaría con crítica en aquel acuartelamiento ideológico. El escritor contó ocho personas incluyendo él y su amiga, no parecía tener mucho éxitos tales charlas a pesar de estar en una de las casas ocupas más famosas de la provincia de Barcelona y de Cataluña. El debate que hubo al final de la conferencia básicamente trató de insultar a todo aquel que no pensase igual que ellos: los traidores de los social-demócratas, los obreros que no se enteraban de nada y votaban al Partido Popular, la obediencia ciega de la población en general hacia una bandera monárquica, etcétera. El flujo de la tranquilidad fue arroyado por un torrente de arrepentimiento por quedarse en esa conferencia, no aguantó amordazar más su opinión y el escritor habló que le parecía todo aquello, comentó que tenían razón en sus críticas al sistema y al borreguismo de las personas, aunque sus modales de superioridad rompían la idea de igualdad que predicaban en sus manifestaciones, él no creía ni en el internacionalismo ni el nacionalismo, sin embargo, estaba claro que el segundo había humillado al primero, puso de ejemplo cuando los trabajadores se alistaron en los ejércitos nacionales cuando estalló la Primera Guerra Mundial, desde entonces pocos ya hablaban del internacionalismo marxista o anarquista. Siguió hablando de historia, explicó que la CNT obligó a colectivizar a algunos pueblos de Aragón sin poder elegir democráticamente tal acción, cuestionó la adhesión de algunos miembros anarquistas en el gobierno republicano ¿por qué Peiró y Montseny entraban en una institución que odiaban y deseaban destruir por ser la pira que sacrificaba a las personas igual que animales en los antiguos sacrificios a los dioses? Simplemente por el poder, ya no pudo acabar su intervención porque a punto estuvieron de tirarle desde el campanario como a las cabras, comentaron que le habían comido la mollera con la historia escrita de los burgueses, todo aquellas animaladas no sucedieron realmente ¿no creía en nada? Respondió que no creía en el género humano, sino en algunas personas, quizás era un estoico, nadie pareció entenderlo y la escritora le invitó a marcharse de aquel lugar, a tomar un café con ella como en tiempos anteriores, ahora bien, tendría que invitar él porque ella no tenía dinero. El escritor sentía una agonía calmada al estar en la cafetería, tranquilo por haberse ido de ese sitio y agónico por platicar con la escritora, no obstante, preguntó a su amiga cómo había acabado en un sitio así y sobre todo el porqué de tantos cambios. La escritora inició un largo monólogo, explicó que a partir de las lecturas reivindicativas de Falcón y Hernández buscó literatura social, también leyó a Marx, Bakunin, Trotsky, Kropotkin y un largo listado de autores. Hubo dos personas que le cambiaron la forma de pensar: la crítica política al capitalismo imperial de Estados Unidos de Chomsky y la novela Homenaje a Cataluña de Orwell, a pesar que este último no era anarquista, describió con arte el desfile de las milicias de la CNT en las Ramblas de Barcelona. Nadie utilizaba las palabras “don” o “señor”, se tuteaban y se saludaban por “salud”, para la escritora el anarquismo era la galería de libertad de columnas adosadas de igualdad. El escritor la interrumpió, estaba asomado por aquella expresión, estaba de acuerdo con la crítica de Chomsky, pero realmente no era un activista que propusiese una alternativa, confiaba en la mayoría para practicarla, seguramente que su error era el mismo que el de Marx, no conocían cómo eran realmente los trabajadores. La escritora argumentó que no podía comparar épocas con tanta alegría como estaba haciendo en ese momento y anteriormente en la conferencia, él tenía la visión de su generación y no conocía ni Marx ni los trabajadores decimonónicos. Él cambió de tema, comentó a su amiga que según su exótico comentario primero era la libertad y luego vendría la igualdad, así era aseguró ella, la igualdad podría venir bajo una dictadura socialista, pero no con el anarquismo que masillaba la humanidad, un sellador que evitaba la impureza del capitalismo, la idea más moderna y armoniosa de la historia, el anarquismo se avanzó en su época, tal vez por este motivo se cometieron errores en el pasado, dijo queriendo responder por segunda vez a las duras palabras de su amigo en la casa ocupa. Citó un artículo del año anterior de Castells, persona que no predicaba con el anarquismo dijo la escritora, el cual aseguraba que las personas del movimiento antiglobalización se movilizaban desde conceptos anarquistas sin ser conscientes de serlos. Las nuevas redes de comunicación y el avance tecnológico tejían un sistema anarquista que no sufría de la utopía. Ella no pregonaba la violencia contra el Estado hasta destruirlo, la violencia estaba monopolizada por el poder, el pueblo siempre había perdido en las guerras y siempre las perdería en el futuro, los trabajadores tenían que organizarse federativamente entre ellos a nivel local, no gastar su dinero en el consumismo y sí en escuelas modernas iguales que las fundó Ferrer Guardia o ayudar a los parados hasta que encontrasen trabajo. El escritor se quedó sorprendido, se alegró que su amiga tuviese una visión propia de la Revolución, mostraba aún ser ella misma, seducida por unas ideas, sí, pero las había moldeado en su personalidad. Él replicó que le parecía una idea perfecta en el mundo de ella, aunque abajo, en la realidad no sería posible porque los primeros en corromper tal acción justa serían los propios trabajadores, quizás funcionase en círculos reducidos y con poca influencia social. Puso como ejemplo el poco número de asistentes en la conferencia, escupió un sarcasmo ya que esa misma noche en el concierto que marcaba el programa de la jornada habría mucho más público. La escritora no lo negó, ahora bien, no le gustó la forma de hablar de su amigo, a partir de ese momento fue una conversación más tensa, respuestas martilladas por la rabia que atornillaban cualquier comentario del escritor. Se despidieron minutos después, él no recordó pedir algún relato suyo por la tensión vivida, buscó por Internet información de su amiga, pudo leer un relato social en una página anarquista bien organizada. Era la historia de la idea que había explicado esa tarde en el bar, había madurado su técnica, no obstante, estaba leyendo un panfleto político, tuvo la misma sensación que cuando leyó la novela Resurrección de Tolstoi, bastante citada en el relato. Leyó los comentarios de los suscriptores de aquella página, bastantes criticaban duramente que la autora no expresase un mensaje violento contra el Estado y las empresas capitalistas, desde ese momento supo que la escritora acabaría rebelándose contra sus compañeros o ellos mismo la desterrarían. Las siguientes semanas de su reencuentro ella había denegado hablar con él cuando iba al Pati Negre en Cornellà, así que él esperó su llamada. La última tarde que intentó verla escribió en la página web que había publicado su relato, creía que sería una forma de comunicarse con ella, escribió un comentario, criticó que si los trabajadores no consumiesen muchas empresas como agencias de viajes, hoteleras, empresas automovilísticas, electrodomésticas y otras más despedirían trabajadores, sin duda que era necesaria dicha cooperación, aunque no financiar con todo el dinero de los compañeros, puso como referencia un artículo del idolatrado Chomsky en que reflexionaba sobre los efectos adversos del boicot a una empresa, tal acción podría provocar despidos. Los lectores respondieron a tal comentario con insultos, el escritor era para ellos un capitalista que para justificar el sistema había escrito todas las sandeces del mundo, no comentaron sobre el artículo de Chomsky excepto una persona, que también lo había leído, la solución para este suscriptor era la llamada caja mutua de solidaridad entre los trabajadores, era la forma más adecuada para cooperar. El escritor no respondió a tales comentarios, pensaba en la cara de sus compañeros en el trabajo si se propusiese algo así, pero claro, estaban manipulados por el sistema. Estuvo mirando la página unos días para leer alguna respuesta de la escritora, nada de nada, semanas después dejó de mirar el enlace y meses después no leyó más los relatos que publicaba su amiga en varias páginas revolucionarias. Los meses colapsaron la carretera hasta formar una caravana de casi tres años, tanto tiempo estuvo sin tener noticias de su amiga. Durante ese tiempo mantuvo la comunicación con el que fue el círculo de la escritora, nadie sabía nada de ella, podía estar perdida en un dédalo literario cómo atrapada en una venera ideológica. En ocasiones vio al abogado, que se había sonado el llanto de la autoedición, tiempo después naufragó en la leda isla de los agentes literarios, homicidios de su obra para pender en la literatura de escaparate, únicamente publicó una novela tímida de ventas, desde ese momento escribía con menos intensidad y se preocupaba de decorar su cuerpo como soldar su piel con rayos industriales, parecía el éxito de una persona que se miente a sí misma. El escritor siguió escribiendo, tardó años en poder vivir de la escritura, fue guionista de un culebrón de la televisión pública catalana que junto con una productora rodaba una serie en Barcelona ¡ya no se reían los burlones que le insultaban por construir muros de arena! Rompió las cadenas del trabajo en el supermercado para forzar su suerte, pudo haber trasroscado su vida ya que se convirtió en un autónomo, dado de alta como guionista en la hacienda y la Seguridad Social, contratado por obra y servicio, tuvo que pagar los gastos de sus seguros sociales y otros impuestos. Fue una puerta que le abría a un mundo en que conoció a otros escritores, actores, actrices, directores y productores; así tuvo la idea de escribir un guion para una película aprovechando la circunstancia. Componía en los momentos jugosos de su tiempo, presentó el guion a un productor de la serie una vez lo acabó y huelga decir que registró. Al productor le gustó la historia, aunque para una mini-serie de dos capítulos en la televisión, pagó al artista una suma luciente para éste, que vendió el guion y se olvidó del asunto. Aprovechó ese dinero para viajar con su pareja a Marruecos a visitar las ciudades de Fez y Marrakech, cuando volvieron se chocaron literalmente en el aeropuerto con uno de los antiguos amigos de la escritora, fue uno de los valientes que publicaron en la revista. Entonces al escritor le vino a la memoria que ya hacía años que no hablaba con su amiga, parece ser que el amigo de la escritora escuchó el pensamiento porque comentó haber visto la escritora, explicó templadamente que ya no vivía con los ocupas, no conocía exactamente los detalles para el cambio de rumbo, se enteró básicamente porque ella había vuelto a vivir a casa de sus padres, éstos precisamente eran vecinos de los suyos en el barrio de Sant Andreu de Palomar de Barcelona ¿por qué nunca ninguno de los había comentado algo tan rutinario? Preguntó el escritor. El vecino contestó porque no eran personas rutinarias. El escritor estuvo reflexionando varios días en visitar a su amiga, más que por amistad, sentía curiosidad por saber lo sucedido en estos últimos años. Fue a la dirección que le indicó el vecino, no tuvo que llegar al portal, vio a la escritora en la calle, tenía tumbada en la acera una sábana con aquellos libros auto-editados que todavía quedaban por vender. Ella le abrazó con la misma rapidez que un tren de alta velocidad, hablaron con palabras amables, recogieron la parada con los libros y el escritor invitó a la escritora a un café de nuevo después de dejar las copias de su novela en su reencontrado hogar. Los recuerdos del escritor fueron interrumpidos por la llamada telefónica de su pareja, que estaba en el descanso del trabajo, le preguntó si había escrito alguna página, él mintió y respondió que dos hojas, no hablaron mucho más. El escritor preparó un café en homenaje a su amiga, ya cuando bebía y olía aquel aroma podía estar presente de nuevo en aquella cafetería con ella. Él pidió café con hielo porque era verano, ella siempre bebía el café sin contaminar por azúcar o el primer elemento cristalino que tanto gustaba a su amigo. La escritora le explicó toda la historia, lloraba la frente de sudor por el café en aquel agosto barcelonés y arrugaba los ojos por decepción. Con los meses descubrió que uno de los ocupas era hijo de un político catalán, que formaba parte de la cúpula gubernamental de la Generalitat, el famoso tripartito, la policía autonómica tenía prohibida organizar redadas contra el Pati Negre por orden del padre del ocupa. Otra cuestión que molestó a la escritora fue su fracaso cuando fundaron una escuela de ayuda escolar para los alumnos con problemas educativos y económicos. Hubo pocos voluntarios ¡aunque que bravos éstos! En cambio, para organizar un concierto si había multitud de personas, venían para festejar la noche y la Revolución, pero según ella así no se podía organizar una Revolución. La escritora entendía que una revolucionaria era una persona amante de la cultura, no necesariamente culta, sino con voluntad de aprender. Otra vez era una minoría, la mayoría era del anarquismo por escuchar a grupos como Sin Dios o Los Muertos de Cristo, podían leer la información de los libritos de los CDs, pero no leían nada más, no conocían a los intelectuales de su tiempo anarquistas o no, ni mucho menos a los artistas que no aporreaban la batería. Debatió para terminar en discusión en un millón de ocasiones sobre estas inquietudes, sin embargo, la gota que colmó el vaso fue su idea sobre la práctica de la anarquía, jamás fue ya bien opinada por sus compañeros. Cuando iban los cuatro anarquistas de siempre a una manifestación o estaba en la escuela se sentía arropada, en cambio, en los eventos más importantes hubiese muerto si las miradas fuesen pistolas. Aguantó un año y se fue, pero no sola, conoció a una bajista de un grupo de punk, eran de la misma edad. La bajista abandonó el grupo y aquella vida porque sentía la misma inquietud que la escritora, eran anarquistas del anarquismo como dijo un fulano, que no recordaba el nombre. La bajista era hija de uno de los directivos de una cadena hotelera importante a nivel nacional, vivieron en una de las casas del padre repartidas por Cataluña, concretamente en la ciudad de Castelldefels. La escritora siguió aprendiendo y la bajista formó un nuevo grupo de música que tuvo la misma suerte que la anterior banda. No trabajaban, vivían del dinero del suegro, el cual estaba feliz porque su hija había abandonado el movimiento ocupa. Hasta que un día la escritora rompió su relación con la bajista, estaba cansada de aquella vida de sueños de mecha larga que nunca explotaban en realidad, tenía tiempo para leer y escribir pero no vivía la vida real, la bajista era feliz así, esperando una oportunidad que nunca iba a llegar. Fue cuando estalló la crisis económica en el mundo y España, la escritora entendió que estaba nadando en círculos en un lago salado, que gritaba contra la niebla. Todavía pasaron unos meses hasta que decidió organizar su vida desde otra idea que no compartía la bajista, ésta no entendía que su casi quebrantada pareja quisiera buscar trabajo cuando todo el mundo lo estaba perdiendo en España, se separaron, la bajista no iba a romper una vida cómoda. En este punto de la plática la escritora fue interrumpida por su amigo, le comentó que había cometido otro acto de pasión, extraña era su naturaleza, bebía de cualquier actividad sentimental o intelectual con una pasión que no cesaba su sed ni con todos los océanos del mundo. Sus ideas políticas eran únicamente cenizas que desprendió en la misma rambla en que fue cautivada por el primer trilero que chocó. No había hecho ningún comentario como en el pasado sobre la política, y en un momento en que los responsables de la crisis se estaban comiendo a la clase trabajadora. Sentía simpatía por la armoniosa idea que había reflexionado sobre su anarquía, lástima que las ideas de las buenas personas fuesen escondidas por los trileros. La escritora contestó que seguía teniendo una crítica dura con el sistema, el mismo, pero que su amigo tenía razón en que la clase trabajadora no estaba por trabajar para la Revolución, lo cual no significase que fuese merecido que cayesen en la desgracia como estaba pasando esos días. Zanjó este tema, concluyó su historia, volvió a Barcelona y ya llevaba un mes viviendo con sus padres, para ganar dinero intentaba vender los libros que sobraban de su auto-edición, quemándose bajo el sol con escaso éxito, aunque no había dejado de escribir ni de buscar trabajo las últimas semanas

Barahúnda.

Barahúnda.

 

No sé cómo comenzar porque me da vergüenza explicar esta historia. Verá, querido lector, es de esas acciones de las que sólo se arrepiente uno si es atrapado in fraganti, en cambio, si el pecado no es descubierto creo que jamás tendré mala conciencia. No diré mi nombre, sí la edad, ya que es la única manera de entender este relato.

Tengo veinticuatro años y salgo con una chica de mi misma edad. No vivimos juntos aún, cada uno con sus progenitores. Llevamos dos años y medio de relación. Ella siempre habla de ir a vivir juntos, casarnos, tener hijos y no necesariamente por ese orden. El problema reside en que ella no puede conocer mi locura, ya que me he acostado con su hermana de dieciséis años.

Voy a llamar a mi cuñada por el nombre de María, ya que ella ha perdido la virginidad conmigo. Sé qué pensará usted de este oprobio, pero primero déjenme explicar mis sentimientos. Mi novia no es totalmente guapa, a decir verdad le sobran unos cuantos kilos. Su carácter es más bien iracundo y fiero, aunque no siempre es así, lógicamente. También es cariñosa, según mis estadísticas uno de cada diez días. No siempre fue así, yo sabía que ella tenía una personalidad agria pero en nuestro primer encuentro fue abierta y simpática. Luego se estropeó, supongo que por la rutina.

María es la obra perfecta de sus padres. Es la perfección que todo artista sueña pero a la que nunca es capaz de llegar. A pesar de su corta edad es preciosa, aparenta dos o tres años más. Hasta en la forma de ser cambia con la de su hermana, María es meliflua, altanera y bienquista. Siempre me cayó bien, desde que la conocí sabía que esa chica tenía maneras. Además era tan melómana como yo. Teníamos el mismo gusto por el estilo musical, el rock, y hasta el mismo grupo,: Queen. Yo había leído bastante información de los ingleses y ella siempre me preguntaba.

—Queen fue elegida como la mejor banda de la década de los ochenta —le dije yo en una de nuestras pláticas.

—¡No lo sabía! —contestó ella.

—Y Bohemian Rhapsody fue elegida por una encuesta en Inglaterra la mejor canción del siglo XX —me hacía el interesante.

—Y, dime, cómo conseguían ese sonido tan peculiar, la guitarra es única.

—Brian May a veces tocaba con una moneda de un penique. Además su guitarra, que se llamaba Red Special, fue fabricada por él y su padre, ya que no tenían dinero para comprar una.

Y así surgió poco a poco una amistad. Yo siempre la había visto como a mi cuñada, como una hermana pequeña. Pero cuando ya le faltaba poco para cumplir los dieciséis ese cuerpo hizo un cambio muy maduro y muy bueno, lo que, juntándolo con ese carácter, formaba la chica preferida. Es cuando realmente me hice amigo íntimo de ella. Mi novia nunca lo vio mal, nunca sospechó nada, creo que es la única vez en que mi novia ha pecado de inocente.

Yo me fijé en la espectacular figura de mi cuñada, hasta tuve algún pensamiento impuro. Pero lo que llegó a obsesionarme con ella fueron los sueños. Soñaba que hacíamos el amor una y otra vez, a decir verdad yo estaba bastante excitado. Una vez desperté y al ver mi falo tan enhiesto tuve que hacerlo desaparecer jugando al solitario.

Así fueron varias noches, fue entonces cuando me di cuenta que sobre mi corazón yo no podría mandar. Cuando estaba a su lado todo mi cuerpo estallaba de emoción y nerviosismo, creo que ella siempre notó algo. En principio fui muy redomado por si ella no quería nada conmigo. A menudo hacía coincidir las visitas de casa de mi novia cuando se encontraba María y sólo conseguía salir más alocado.

No podía aguantar más esta tensión. Me había convertido en una persona muy meditabunda, encima podría destrozar a mi novia y a su familia que tenían grandes esperanzas con nuestra relación, aunque hoy ha sido el día definitivo, hoy hemos hecho lo que tanto me aterroriza en público pero me alegra en secreto, en privado.

Esta tarde de sábado, la he visto cerca de mi casa llorando en un banco, sola. Y lógicamente me he acercado a ella para charlar un rato. Lloraba porque un chico de su edad había intentado besarla y ella se había negado… la pobre chica ha vuelto a llorar. Yo le he propuesto que viniera a casa para que se calmase y ella ha aceptado. Ya dentro, subiendo en el ascensor, placentero como iba, le he ido hablando:

—Pero no entiendo por qué estas así de mal. ¿Te ha hecho algo? —le he preguntado.

—No, no es por eso… déjalo —ha respondido ella.

—No entiendo nada.

—A veces me gustaría que no fueses el novio de mi hermana —me ha dicho ella avergonzada.

—Y yo que tú no fueses la hermanita de mi novia.

He dicho yo y ya se puede imaginar el resto: besos en el ascensor, más abrazos (no ha durado mucho, que vivo en un cuarto). Mis padres no han estado esta tarde en casa y he aprovechado para desvirgarla. Sé que esto suena totalmente cínico, pero, querido lector, no sabe lo bien que he sentido después de hacer el amor con ella y viceversa.

Ella está muy enamorada de mí, imagínese usted una chica de dieciséis años que descubre su primer amante de alcoba. Yo no sé si llamar lo mío amor o sexo. Si tuviese sus años seguro que estaría loco por ella porque es una chica genial, pero quizás con esa edad yo no sabría valorar todas sus cualidades, puede ser una de las causas de las relaciones de hombres mayores con mujeres más jóvenes, también puede ser una idiotez mía, no lo descarto.

Ahora tengo un problema bastante gordo. No sé qué hacer. No tengo respuesta. Ya le mantendré informado.

Un año después.

Sé que no me he tomado mucha celeridad para escribir. Pero tampoco tenía ganas, querido lector. Hoy vuelvo a escribir  a causa de que me han roto el corazón totalmente. Me lo merezco, he sido un verdadero granuja.

¿Se acuerdan de María? Pues bien, la convencí de que no dijera nada a nadie y ella lo cumplió. Estuvimos viéndonos medio año, dos veces por semana como norma general, alguna excepción hubo y nos vimos hasta tres. Ella no podía entender cómo yo no le decía nada a mi novia si era a ella a quien realmente amaba:

—No aguanto más vernos a escondidas todo el rato. Me siento como una zorra —decía ella.

—¿Crees que esto es fácil para mí?, yo también estoy sufriendo —respondía yo.

—Pues díselo de una vez por todas a mi hermana para quedarnos todos tranquilos.

—Claro, así de fácil. ¿No ves que destrozaría a tu hermana y a tus padres?

—¿Tú me quieres? —preguntaba ella.

—Sí —decía yo aunque con las ideas muy liadas.

—Entonces, si tu amor es suficiente grande, podrás decírselo, podríamos ir a vivir juntos.

—¡Claro! Creo que tú ves mucho cine romántico.

—Esto no es vida, siempre nos vemos en tu coche o cuando en tu casa no hay nadie o en hoteles de mierda como éste —gritaba ella.

—Los pago yo todo estos jodidos hoteles —dije yo con mala defensa.

—Si yo trabajase, te aseguro que pagaría… pero ya veo, solo soy tu puta.

—Te equivocas, cariño. Te aseguro que todo saldrá bien.

—¿Me lo prometes? —preguntaba ella dulcemente.

—Sí —dije sin más y la besé.

Broncas de este tipo tuvimos pocas. Junto a María he pasado los mejores seis meses de mi vida. Me gustaba estar a su lado porque siempre nos reíamos de todo, y también cabían las pláticas serias y el sexo. Desde mi perspectiva de pareja no se puede pedir más (sé que un machista sí puede).

Pero el último mes fue diferente. La notaba en otro mundo, pensaba en otro tema y no era precisamente yo lo que entraba en esa bella cabeza. Tampoco insistía mucho en mi relación con mi novia. Un día, harto de su carácter anómalo, le hablé de la cuestión:

—¿Qué te pasa? —le pregunté.

—Nada ¿Por qué haces esas preguntas tan extrañas? —me decía ella.

—Últimamente estás muy extraña, antes no eras así.

—Puede ser, no lo sé.

—¿Es por tu hermana? —pregunté yo.

—No —respondió ella.

—¿He hecho algo malo?

—¡Qué va! Tú eres maravilloso.

—¿Entonces? No entiendo nada —le comenté.

—Esto que te voy a comentar es muy difícil para mí —dijo María.

—Tranquila…

—Estoy enamorada de otro hombre.

—¿Quién es él? —hablé sin pensar.

—Mi profesor de música —contestó ella aparentemente tranquila.

—¿Qué? ¿El del teclado? Si tiene treinta años.

—Sí, pero es un sol. Es increíble.

—¡Es un puto pureta! —grité cabreado.

—A ti no te saca mucho, además él no tiene novia. Sé que me quiere de verdad — ¡vaya indirecta que me mandó!

—Tranquila, la dejo hoy… ahora mismo, te lo prometo —casi lloré por la noticia.

—No, ya no te quiero. Siempre te recordaré. Has sido muy importante en mi vida, pero ahora he conocido a otro hombre tan maravilloso como tú. Lo quiero y deseo compartir mi vida con él —hablaba María tranquila y segura.

No me lo podía creer. María tan solo hace seis meses que se moría por mí y sin más se enamora de otro musiquillo frustrado de la vida que nunca va a llegar a ser como su gran ídolo, Jon Lord, y únicamente será un periodista musical criticón con los jóvenes que sueñan como lo hizo él en su día.

La ruptura con María me rompió más de lo esperado. Pensaba que tenía la relación controlada, pero como dice el dicho “yo mando pero ella toma las decisiones”. Eso me pasaba por salir con una adolescente, todo el mundo sabe que a estas edades se cambia muy fácilmente de opinión, algunos hasta se suicidan por escuchar Kurt Kobain.

¿Y mi novia qué tal? Pues cuando estuve con María no se dio cuenta de nada, sospechaba que ya no tuviese yo tantas ganas de compartir secretos de alcoba. Yo solía decir que necesitaba descansar para coger otra vez alegría e ilusión en el sexo. A ella le extrañaba esto mucho.

—De un hombre no me creo que se la apague el apetito sexual —decía mi novia.

—¿Tanto cuesta de creer? —decía yo irónicamente, pero siempre fracasaba.

—¡Sí! ¿Tienes la regla?

—¡No!

—¡Ya sé lo que pasa aquí! —chillaba mi novia.

—¿Qué? —gritaba yo también.

—¡Me engañas! Estoy segura.

—¡Jamás haría eso!

—¡No me engañes! —insistía ella.

—Te lo prometo —mentía yo.

—¿Por qué?

—¿Por qué, de qué?

—¿Por qué me lo prometes? —preguntaba ella.

—Por el disco que más me gusta de Queen, Hot Space —mentí yo estrepitosamente diciendo el nombre del disco que menos me gustaba, pero a ella no le gustaba Queen y no tenía ni idea de su música.

—Bueno. Sé que te tomas muy en serio lo de Freddie Mercury. Perdóname, cariño — decía ella un poco, pero no mucho, arrepentida.

—No pasa nada, cariño —dije yo con la sonrisilla maligna.

Cuando me dejó María, volvieron a frecuentar las relaciones sexuales con mi novia y ella estaba muy contenta. Hasta por un momento se creyó mi crisis sexual. Con mi novia era feliz, pero una vez me quedaba solo, sufría por María. ¡Cómo me había podido enamorar de una niñata! Una tarde, en casa de mi novia, María nos presentó a su novio. Ni a los padres de María ni a mi novia le hacían mucha gracia la pareja de María pero aguantaron por el amor de hija y hermana. Yo no.

—No entiendo cómo dejáis a vuestra hija salir con alguien tan mayor —decía yo a mi suegra.

—No puedo controlar los sentimientos de mi hija —respondía mi suegro.

—No parece malo, el chico —hablaba mi suegra.

—Puede ser un pervertido —ataqué yo.

—Sé que aprecias mucho a mi hermana, pero ya es mayor para saber lo que hace —decía mi novia.

—Aún no es mayor de edad —volví atacar.

—Lo que te pasa a ti, cariño, es que te han educado con esa filosofía católica de la culpabilidad y por eso piensas así —decía mi novia.

No volví a sacar el tema, no quería ser el causante de alguna escaramuza. Aunque tampoco quedé como una persona manirrota. Sinceramente, en otro tiempo me hubiese dado igual, pero ver a María con ese enjuto me ponía enfermo. Por suerte, no volví a ver a ninguno de los dos. De esta manera pude olvidar y ser feliz con mi novia.

Pero estos dos últimos meses le tocó al turno a ella a negarse tener relaciones sexuales. ¡Es que a las personas nos da miedo ser felices, sentimientos remordimientos para ser buenos cristianos! Era algo increíble, no me lo podía creer. El primer mes de crisis tan solo lo hemos hecho tres veces, pero es que en el segundo mes únicamente ha caído una alegría y en la primera semana. Tras esta sequía de tres semanas, he tenido que hablar con mi novia esta tarde, yo estaba confiado de que todo se podría arreglar.

—¿Qué pasa, cariño? —he preguntado yo cariñosamente.

—Nada, mi amor —ha respondido ella muy secamente.

—¿Segura?

—¿Es por el sexo, verdad?

—Sí —he respondido sin saber qué decir.

—Lo siento. Me pasa como a ti, estoy en crisis —ha dicho sin mirarme a la cara pero tranquila.

—Claro, te entiendo, pero ni lo mío fue tan radical.

—Ya sabes cómo somos las mujeres.

—Ahora soy yo el que creo que me engañas —he dicho para que se arrepienta y así tener relaciones sexuales de una vez.

—¿Qué? —ha dicho ella sorprendida.

—Lo que oyes.

—¿De verdad lo crees?

—Sí. ¿Quién es él? —he dicho con voz de GESTAPO.

—Es Rafa —me ha respondido mi ex tan tranquila, como si no pasase nada.

—¿Qué Rafa? ¿Lo conozco?

—Creo que sí.

—¿Cómo que sí? —he gritado desesperado.

—Sí —ha dicho ella sesgada.

—Sólo conozco un Rafa.

—Pues es él.

—¡Te estas follando a mi padrastro! —he chillado como una verdadera víctima del amor. Mis padres se divorciaron hace diez años. Rafa sale con mi madre desde hace cinco y desde hace tres años viven juntos, conmigo.

—Lo siento —ha contestado suavemente.

—¿Cómo ha sido?

—Los dos trabajamos cerca. Un día me vio y me invitó a comer. Le comenté tu crisis sexual. Él siempre fue muy sincero conmigo, me dijo que todo era una mentira tuya, que tú me engañabas… pero yo nunca lo creí. Poco a poco nos fuimos contando nuestras intimidades. Hace dos meses me reconoció que ya no estaba enamorado de tu madre. Y hace mes y medio que nos acostamos.

—¿Va en serio? —he preguntado por decir algo.

—Sí —ha respondido ella tranquila.

—Te estás acostando con un hombre de cincuenta cinco años, de aquí cinco será impotente, cuando se le acaba el viagra ya me vendrás a buscar, pues lo tienes claro…

Y con toda mi dignidad me he ido. Pero a los cinco segundos he picado la puerta por dos motivos: una, era mi casa donde ha ocurrido los hechos y, dos, me he ido desnudo porque me había quitado la ropa par impresionar a mi ex y poder sentir placer, aunque ni así ha funcionado.

Me ha dolido mucho que lo haya conocido en la casa de mi madre, en mi casa. En la ex casa de Rafa, para mí era como mi segundo padre y jamás hubiese esperado traición alguna por su parte. Ella se ha ido. Ha venido mi madre esta noche llorando porque Rafa se lo ha contado todo. Hemos maldecido a nuestras exparejas por lo ocurrido. Ella ha echado la culpa a su antigua nuera y yo a su última pareja. Pero supongo que la culpa la tiene cada relación con sus propios problemas. Pensándolo bien, la culpa es mía, he jugado con fuego y me he quemado. Finalmente se han ido las dos hermanas, las dos mujeres que más he querido en mi vida (ya sabes que tú, mamá, no cuentas como mujer, tú eres como una diosa para mí).

He quedado sorprendido de cómo las dos hermanas me han dejado, una frialdad increíble, suerte que María eran tan genial. De su hermana aún me lo podía esperar, pero de la pequeña jamás. No sé si son así todas las mujeres, sinceramente creo que no pero estoy tan roto que sólo digo necedades, o eso les viene de familia, pero yo he quedado destrozado. Lo peor de todo es que hay víctimas co-laterales como es mi madre. Lo siento mucho más por ella, a su edad le va costar más encontrar pareja. Yo ahora estoy mal, pero soy consciente de que en parte me lo he buscado. Soy joven, tengo humor, saldré adelante, quedaran heridas abiertas para toda la vida, sin embargo, no van a sangrar hasta el día de mi muerte… bueno, en todo caso, ahora es muy pronto para hablar, estoy muy cansado, tengo ganas de llorar, pero voy a luchar, voy a salir adelante.

Un Periodista objetivo.

Un periodista objetivo.

 

Raúl era un periodista deportivo de la ciudad de Barcelona, era un parroquiano del Barça, era tan culé que tenía siete camisetas del equipo azulgrana, una prenda por día, con los nombres de sus siete jugadores predilectos: Víctor Valdés (no era la camiseta del portero, sino la del resto de posiciones), Gerard Piqué, Carles Puyol, Sergio Busquets, Xavier Hernández, Andrés Iniesta y, por supuesto, Leonel Messi. Siempre seguía este orden sacramental: los lunes se vestía con la camiseta de Valdés, los martes con la de Piqué y así sucesivamente. Trabajaba para un periódico deportivo de la ciudad condal, Raúl también coloraba en unos programas de radio pública y privada catalanas y en los canales de televisiones catalanas (era el único momento del día que se engalanaba con una camisa), en dichos medios de comunicación podía expresar sus opiniones:

“El Barça ha sido víctima de injusticias a lo largo de su historia, véase el robo de Di Stefano, el argentino fue fichado por el Barça pero acabó en el Real Madrid porque los franquistas de la época no querían ver jugar juntos en el mismo equipo a Kubala y Di Stefano… hubiera sido el mejor equipo de Europa con diferencia aunque por desgracia nuestra no pudo ser”.

Raúl padecía una característica típica de los azulgranas: victimismo. Todas las derrotas del Barça estaban argumentadas por injusticias históricas y políticas, el culpable era el Real Madrid y el general Franco impidió el crecimiento deportivo del Barça y fue el causante de los grandes logros de los blancos, no obstante, había un argumento de Raúl que era cierto, lo escribió en el periódico en el cual trabajaba:

“En los años del franquismo no había libertad de expresión y los sentimientos catalanistas eran duramente reprimidos. Sólo había un lugar donde la gente gritaba a pleno pulmón sus sentimientos nacionalistas o independentistas, el Camp Nou. Así el Barça se convirtió en algo más que un club, fue un icono de Cataluña y todos los culés tenemos que estar muy orgullosos de la catalanidad del Fútbol Club Barcelona”.

Sin embargo, la arenga azulgrana del siglo XX cambió para bien en el siglo XXI. A partir del año 2006 el Barça se convirtió en el Cardenal del Santo Fútbol Europeo y del Mundo. Dos entrenadores tenían la culpa: Frank Rijkaard y Josep Guardiola. Y varios jugadores formados en la escolástica de la propia parroquia que representaban el orgullo para Raúl y sus compatriotas. El Barcelona triunfaba con jugadores formados en su escuela y el Real Madrid perdía y jugaba bastante peor que su eterno rival.

El año 2010 fue una llaga para España y el resto del mundo a causa de la crisis económica más importante desde el crack de 1929, no obstante, Raúl no estaba preocupado por tales anécdotas. Estaba más pendiente de los artículos de la prensa madrileña, nuestro protagonista escribió su opinión respecto a sus enemigos:

“La meseta central no puede soportar el buen juego del Barça, el Real Madrid gasta y gasta dinero en jugadores, mientras tanto, el Barça lo gana todo con jugadores de la cantera. Por esta razón critican sin argumentos lógicos a cualquier respiro culé, o peor todavía, se inventan noticias como que los árbitros ayudan al actual líder de la liga española, crean puro sensacionalismo. Quizás tendrían que tener jugadores que creen en la causa, no a mercenarios fiesteros que nada más piensan en ir al lecho acompañados de una hermosa muchacha”.

A primera vista se entiende que Raúl no era un periodista sensacionalista, el diez de abril de 2010 se combatió el partido entre el Real Madrid y Barcelona en el Santiago Bernabéu. El equipo azulgrana ganó cero a dos, fue el merecido vencedor. Al día siguiente Raúl cualificó objetivamente un diez como nota a todos los jugadores en el puntaje de la sección “ficha técnica” de su diario. El mismo día del partido hubo un accidente de avión en la ciudad rusa Smolensk en el cual viajaba la delegación polaca de noventa y seis personalidades del más alto nivel: el presidente polaco Lech Kaczynski y su esposa Maria, varios ministros y diputados, la cúpula militar de las fuerzas armadas, el jefe del banco central y otros personajes importantes de Polonia. Fallecieron todos, fue la noticia del día, Raúl no supo de la tragedia hasta el lunes, cuando le llamó su ex-mujer.

– Raúl, tú como siempre en tu mundo, hay vida después del fútbol.

– No me comas la cabeza, he estado trabajando todo el fin de semana, es normal que no me haya enterado.

– ¿Normal? Ha salido por todos los medios de comunicación.

– En mi periódico, no.

– El tuyo habla únicamente del Barça.

– El Barça no me ha hecho daño como tú.

– No mezcles lo personal con tu Barça, preferías ver un partido antes que tocarme.

– Al final has salido ganando, te doy mucho dinero.

– Raúl, es para tu hijo, el cual casi nunca ves.

– Únicamente puedo ver al niño el fin de semana que es cuando trabajo, tú tampoco eres muy flexible con la custodia.

– Porque eres un irresponsable.

– Si fuese un irresponsable estaría sin trabajo.

– Tu trabajo lo haría hasta un mono.

– ¡No te pases!

– Es cierto, Raúl, con respetar el juego de tu Mesías tienes un puesto asegurado en la prensa deportiva.

– Perdona, no recordaba que tu trabajo es mucho mejor que el mío, funcionaria, tenéis fama de trabajadores.

– Al menos tengo tiempo para mi hijo ¿no puedes verlo este fin de semana? Piensa que está en una edad complicada, es un adolescente y necesita a su padre.

– Está bien, está bien. El Barça juega el sábado en Cornellà, en el campo del Español, es el derbi metropolitano. Puede estar con él todo el domingo ¿hay trato? –Hubo un silencio de diez segundos que se hicieron eternos para Raúl, estaba nervioso.

– Hay trato.

Raúl buscó a su hijo Miguel el domingo por la mañana. El padre parecía bastante enfadado. Miguel no se atrevió a hablarle hasta que llegaron al piso del padre.

  • Papá.
  • ¿Sí?
  • No has hablado nada en todo el camino.
  • Tú tampoco.
  • Porque te veía muy cabreado, tienes los ojos rojos ¿es por mí? –Raúl miró a su hijo, parecía que estaba a punto de llorar.
  • Perdona, hijo, no era mi intención, por supuesto que no es por ti, estoy muy contento de que estés conmigo.
  • ¿Por qué entonces?
  • ¡Es por esos pericos de mierda! –Raúl alzó la voz recordando su enojo.
  • ¿Cómo?
  • ¿No lo sabes?
  • No sé de qué hablas, papá.
  • El Barça empató a cero en el campo del Español. Son anticulés, el Real Madrid ganó en Cornellà cero a tres, mientras tanto, nosotros sufrimos porque esos pericos que únicamente juegan bien contra el Barça, no tienen cojones para nada más ¡para nada más! Nos odian porque somos el primer equipo de la ciudad, porque somos el icono de Cataluña… dicen que somos prepotentes aunque siempre hemos sido humildes e independientes, vamos los mejores pero humildes, no como ellos que son el Real Madrid B ¡qué asco me dan!
  • Papá, ya está, es fútbol.
  • Es mi trabajo.
  • Está muy bien que te tomes en serio tu trabajo, pero no crees que exageras un poco.
  • Miguel, tú eres un niño y nada sabes de la vida. Creo que tu madre te ha comido la cabeza para que estés en contra mía.
  • No papá, a ella le gustaría que nos viésemos más, pero tú estás muy ocupado con tu trabajo, quieres más al Barça que a tu hijo ¡no ves que tu credo te ha separado de tu familia!

Miguel se fue llorando a su habitación y cerró la puerta. Raúl se quedó anonadado, no era ducho exteriorizando sentimientos humanos. Reflexionó para entender la situación: “¿cuánto hace que no veo a mi hijo? Creo que dos meses. Dos meses, sí, Guardiola, soy un monstruo, no hay duda, no me aburre para nada mi trabajo, sino estoy en la redacción, es para estar en la televisión o en la radio… a veces pienso que me gustaría estar con Miguel, pero no puedo abandonar mis obligaciones, él no lo puede entender, es un niño, aunque tampoco sería justo que lo entendiera, es mi hijo, tengo que educarlo, hacerle un hombre… un momento, se me ha ocurrido una idea ¡soy imbécil! Tendría que haber pensado en algo así hace mucho tiempo. Le enseñaré mi trabajo, el fútbol, el Barça, culerizaré a mi hijo”. Raúl fue a la habitación en la cual estaba Miguel, éste estaba mirando unas fotografías.

  • ¿Éste es Johan Cruyff? –Miguel preguntó sorprendido a su padre.
  • Sí, hijo –respondió con orgullo.
  • ¿Sois amigos?
  • Sí, soy uno de sus hagiógrafos, uno de sus máximos defensores en el año noventa y seis, cuando Nuñez echó a Cruyff del Barça. Si quieres te lo presento.
  • Sabes que a mí no me gusta mucho el fútbol, no lo entiendo.
  • Miguel, no puedo dejar mi trabajo por desgracia, no gano lo suficiente pero tú puedes ver mi trabajo, es una manera de que nos veamos.
  • Es un poco egoísta.
  • ¿Por qué?
  • Tú realmente no me conoces. No sabes lo que me gusta, la verdad es que soy un quinceañero bastante excéntrico: me gusta leer a Antonio Machado, me gusta escuchar la música de Concha Buika, me gusta ver el cine Federico Fellini…
  • A tu edad conoces a esa gente, es sorprendente.
  • Ya te he dicho que soy raro.
  • Miguel, no entiendo lo que quieres.
  • Un trato, tú me enseñas tu mundo y yo te enseño mi mundo ¿de acuerdo?
  • De acuerdo.

Durante las dos siguientes semanas padre e hijo intimaron mucho, Miguel llevó a su hijo a un concilio ecuménico de televisión, el adolescente quedó sorprendido por la violencia que empleaban los tertulianos, concretamente su padre y un periodista merengue.

  • El Madrid puede remontar y ganar la liga porque tiene casta, carácter, espíritu, en cambio, el Barcelona coge miedo fácilmente.
  • Es imposible que el Barça pierda la liga, tiene la mentalidad muy fuerte y ya no somos el equipo del siglo pasado.
  • Antes decíais que el Madrid os robaba, ahora que ganáis no roba nadie ¡todo es mentira!
  • Tenéis una envidia terrible.
  • Para nada, el Madrid es el mejor equipo de la historia.
  • Del siglo XX, del XXI será del Barça.
  • ¡Pero si tú no lo verás!
  • Pero estoy convencido, como que Puyol levantará la cuarta Champions del Barça en el Santiago Bernabéu.
  • Para eso tenéis que remontar al Inter de Milán, os recuerdo que os venció tres a uno.
  • Y vosotros nos habéis machacado por un accidente sin importancia.
  • Como vosotros nos habéis humillado con vuestras ofensivas declaraciones tras la eliminación del Madrid en octavos del final contra el Lyon.
  • La culpa es vuestra, eso os pasa por ser prepotentes, que si somos los más ricos, los más guapos, pero cayendo seis años seguidos en octavos de final…

Concluyó el concilio deportivo. Raúl estaba alterado y no habló con su hijo en un principio, charlaron cuando el padre conducía su coche para llevar a Miguel a la casa de su madre.

  • Perdona hijo por no hablarte, intento que no influya el fútbol en nuestra relación, pero es difícil, son muchos años, es como una droga.
  • Poco a poco vas mejorando, papá, la verdad es que estoy sorprendido.
  • ¿Por qué?
  • Mamá me ha dicho en varias ocasiones que eres una persona cerrada, que nunca vas a cambiar.
  • Vaya, es cierto que soy de ideas cerradas, pero hasta los tipos como yo cambiamos poco a poco.
  • Me alegra escuchar eso.
  • Por cierto, he leído los dos cuentos que me has enviado.
  • ¿Qué te han parecido?
  • Para ser un niño tienes la cabeza amoblada, me ha sorprendido una cosa.
  • ¿Cuál?
  • Los dos protagonistas son homosexuales, me ha hecho pensar que tú eres gay ¿lo eres? –Miguel miraba a la ventanilla y no respondía, tenía miedo-. Tranquilo hijo, no soy tan anticuado como piensas, si lo eres, no pasa nada, siempre serás mi hijo.
  • ¡Gracias papá! Creí que nunca lo entenderías, que me dejarías de hablar.
  • Para nada.
  • Mamá me ha comentado en varias ocasiones que en el mundo del fútbol hay mucho machismo y que no podéis ver a los maricas.
  • Lo que hay en el mundo del fútbol es mucha hipocresía, hay mucho futbolista gay, pero por estúpidas razones no se atreven a reconocerlo públicamente, tampoco es algo que haya que decirlo porque cada uno hace lo que quiere con su vida privada. Aunque está mal hacerse pasar por heterosexual.
  • No lo sabes lo que me alegra tu aprobación.
  • Te admiro mucho, hijo, con quince años ya has reconocido tu sexualidad, hay gente que nunca llega a dar ese paso en la vida, te vas a ahorrar muchos traumas, por tus palabras me imagino que tu madre ya lo sabe.
  • Sí, ella también se lo ha tomado bien.
  • Claro que sí, y dime ¿tienes novio?
  • Sí.
  • ¿Estás bien con él?
  • Mucho, soy muy feliz.
  • Me alegro, eso es lo importante, que tú seas feliz, lo demás no importa.
  • Hay un pequeño detalle que tienes que saber, papá.
  • Mi novio nació en Barcelona pero sus padres son de Guinea Ecuatorial, es negro.
  • Como Concha Buika.
  • Sí, igual.
  • Los negros como Abidal, Keita o Yaya han hecho mucho por el Barça.
  • Supongo que quiere decir a tu manera que no te importa.
  • ¡Claro que no!

Amaneció otro veintiocho de abril para la historia deportiva, el partido de vuelta de la Champions League. El Barça no pudo remontar al Inter de Milán, venció uno a cero, pero no fue suficiente. Raúl se disgustó y como consecuencia escribió este artículo para el periódico.

“Los devotos fueron al campo antes, mucho antes del partido, Muchos fieles moteros acompañaron el autocar de los jugadores del hotel hasta el Camp Nou. Sin embargo, no fue el partido profético. Al Barça le costó jugar contra una defensa de diez jugadores y luego de nueve (una baja a causa de la justa expulsión de Thiago Motta). El Internazionale de Milán no jugó a nada, únicamente esperaron que corrieran los minutos y lo consiguieron. El gol del Barça llegó muy tarde, en el minuto ochenta y tres. Bojan marcó el segundo en el minuto ochenta y nueve, pero fue injustamente anulado. Gracias a tal decisión arbitral pudimos ver otro nuevo espectáculo de Mourinho. No obstante, los culés nos sentimos orgullosos de nuestros jugadores que lucharon hasta el final, aunque no tuvieron el día. Queríamos ganar este título porque la final se jugará en el campo del eterno rival, no pasa nada, nos queda la liga y seguro que el año que viene ganamos la Champions, ya que todos tenemos muchísima fe en este equipo”.

Cuando acabó de corregir el artículo reflexionó: “Que extraño. Me siento mal por la eliminación del Barça, sin embargo, tampoco me ha quitado el hambre como en anteriores derrotas. Hasta reconozco que el gol de Piqué era en fuera de juego. El Inter ha hecho un gran partido defensivo, otra cosa que pueda gustar o no. Que extraño, mi hijo me está enseñando a ser más tolerante y cauto en la vida. Tendría que ser yo quien le enseñase las lecciones de la vida, quizás también soy un niño”. Miró la fotografía de su hijo, “es gay, no me importa mucho, él estaba asustado, es normal, hasta yo mismo me sorprendo de que no me importe. Nunca nos llegamos a conocer. Tal vez es gay porque le ha fallado la figura del padre o quizás es cierto que se nace gay, es mejor que haya nacido homosexual, al menos me quito la culpa en mi mente intolerante”.

Corrieron dos semanas, la relación entre padre e hijo era excelente. Raúl estaba inquieto por los ataques de la prensa madrileña al Barça, odiaba esa gente, ni su hijo había podido cambiar ese sentimiento. Caminó un 16 de mayo en que se jugaba la última jornada de la liga española, el Barça aplastó al Valladolid cuatro a cero en el Camp Nou, el Madrid empató a uno contra el Málaga en la Rosaleda. El Barça se proclamó campeón, Raúl inspirado escribió su mujer artículo.

“El mejor campeón de la historia, ningún equipo de fútbol había logrado antes noventa y nueve puntos en la liga española y del mundo. Ante todo, hay que reconocer el trabajo del Real Madrid, los culés sabemos por experiencia que el Barça hubiera tirado la toalla muchas jornadas antes, el Real Madrid ha jugado hasta el final, quizás con un fútbol poco atractivo, pero han aguantado por su personalidad. Esta liga es el campeonato del Barça, del culé sufridor de toda la vida, del joven culé que únicamente conoce al Barça ganador de las dos últimas décadas. Nuestro equipo ha demostrado que es el mejor, nadie lo duda, ni siquiera en Madrid. El Real Madrid tiene su modelo prepotente, en el cual el dinero lo compra todo y que no vale la pena de hacer esfuerzos, es cuando doy la razón a los que dicen que el fútbol es el opio del pueblo. En cambio, el Barça es el sacrificio individual por el bien colectivo, es el trabajo diario para tener éxito en la vida, es mirar a la vida con orgullo, sí, pero sin faltar el respecto a nadie y a la vez sin tener miedo de nadie, es una humildad equilibrada complicada de conseguir, una ataraxia que ningún otro club de fútbol lo ha conseguido. A todas estas cualidades se demuestra que el fútbol no es opio. A los que dicen que la humildad no conduce un Ferrari u otro coche caro ¿qué responder? Los jugadores generan mucho dinero porque las personas consumen fútbol, no son banqueros ni empresarios ni políticos. Puede parecer contradictorio pero no lo es, tiene su lógica, el Barça nos hace felices”.

Raúl quedó contento con su artículo, recibió varias criticas del establishment merengue, ahora bien, el pueblo azulgrana estimó las palabras y muchos las recordarían para siempre. Miguel quedó extrañado cuando leyó el texto escrito, intentar justificar una humildad multimillonaria no era tarea simple, el chico no fue sincero al día siguiente cuando quedaron ya que le presentaba su novio, hecho que le provocó unos nervios estribados entre miedo e inseguridad.

  • Papá, es mi novio, se llama Joseph.
  • ¡OH! Como nuestro Señor. Yo soy Raúl.
  • Como el gran siete blanco.
  • ¿Cómo?
  • No se ofenda, soy madridista.
  • ¡¿Qué!? –Raúl no pudo decir nada más, cayó desplomado al suelo del disgusto.
  • Te dije que se lo comentases poco a poco ¡no de golpe!
  • ¡Lo siento! Me dijiste que había cambiado para bien.
  • ¡Pero no tanto! ¡No tanto! ¡Papá! ¡Papá! ¿Me escuchas?

Raúl no sobrevivió, fue una experiencia demasiada fuerte para él, a veces tampoco es bueno apretar tanto el cuerpo y la mente. Miguel aprendió que no podemos cambiar a la gente como uno quiere. El hijo dejó a su novio y nunca más supo de él. La madre de Miguel quedó afectada aunque más por su hijo que por ella misma. Los lectores de Raúl no se creían que había muerto uno de los mejores periodistas de la prensa deportiva, corrió la voz que falleció porque su yerno era aficionado del Real Madrid, tal tragedia emocionó al pueblo que bautizó al periodista como “mártir culé”.

La soledad de un anciano.

La soledad de un anciano.

Andrés se quedó sorprendido cuando le notificaron el fallecimiento de su exmujer y madre de su único hijo. Ella se llamaba Sofía y tenía sesenta años, murió a causa de un cáncer de pulmón (era una gran fumadora). El hijo se llamaba Rafael y tenía treinta y ocho años, estaba casado con Inés desde hacía cinco años y tenían una hija de tres. Rafael no llamó a su padre, fue Paco, el hermano pequeño de Sofía. A Andrés no le sorprendió, “es normal”, pensaba Andrés, “llevábamos diez años sin vernos, aún me odia y yo nunca lo he querido como tendría que hacerlo un buen padre”. Andrés recordó cuándo fue la última vez que vio a su hijo, había sido uno de los peores días de su vida. Pero para comprender la historia entre Andrés y Rafael hay que empezar desde el principio, aunque será un resumen breve.

Andrés era un actor afincado en Barcelona de gran importancia tanto en el ámbito español como internacional, desde su juventud se ganó la vida con el cine, ahora bien, también era famoso por su hedonismo desenfrenado. Las aventuras de Andrés eran contadas por la prensa amarilla de la época: tuvo centenares de amantes, se gastó fortunas en joyas para conquistar a las mujeres más bellas del mundo, tuvo problemas con el alcohol… poco a poco perdió la simpatía de la gente por su conocida vida personal. Sin embargo, lo que destrozó la carrera del actor fue las fotos comprometidas en las que Andrés tenía relaciones sexuales con una menor de edad. Dejó de tener ofertas de trabajo a raíz de su relación con la menor y su carrera se desplomó. Andrés estaba desesperado pero su agente personal, llamado Esteban, encontró la solución: actuar también en la vida real. Buscaron una novia para Andrés, Esteban conocía a Sofía porque era la hija del portero de su bloque, la joven había dejado los estudios y no encontraba trabajo. Sofía era una mujer muy bella e inocente que no había visto mundo, nunca había estado con ningún hombre y no conocía la maldad de éstos. Jamás llegó a pensar que Esteban le presentó a Andrés sólo por puras cuestiones comerciales, a ella siempre le habían gustado las películas del actor y aceptó encantada en conocer a un gran artista. Esteban le dijo que Andrés necesitaba una sirvienta en su piso, también le comentó para animarla que, aunque no fuese un éxito la entrevista, Sofía conocería a su actor favorito. La conexión entre ambos fue placentera y natural, se podría decir que al actor le gustaba la forma de ser de la chica, contrató a Sofía pero no la cortejó pasado un tiempo, así se lo había aconsejado el agente, Sofía era una chica muy introvertida y se asustaría fácilmente con la personalidad desgarradora de Andrés. Poco a poco el actor fue abriendo su espíritu a Sofía, pasado unos meses le abrió totalmente su corazón o al menos eso pensaba Sofía.

—Sofía, guapa, para de trabajar… —calló Andrés por los nervios de su actuación.
—¿Qué le pasa? —Sofía estaba preocupada, parecía que Andrés iba a desmayarse.
—Hemos pasado mucho tiempo juntos estos últimos meses… —Andrés habló rápido y mirándola a los ojos, ella miraba al suelo.
—Sí —Sofía no entendía nada.
—No quiero que trabajes más aquí —dijo severamente Andrés.
—¿Qué? —Sofía lo miró a la cara, estuvo a punto de llorar¬—. ¿No está contento conmigo?
—Mucho, demasiado.
—No le entiendo.
—Te he dicho mil veces que me tutees.
—Perdón.
—No pasa nada —Andrés se sentó en una silla, miraba a una pared porque una parte de él no quería aprovecharse de un alma cándida como Sofía pero sabía que era su única solución—. No puedo verte más… me da tanta vergüenza… la verdad es que te he cogido mucho cariño, demasiado. Sé que has oído decir de mí un montón de tonterías, es cierto que he cometido algunas locuras pero no sé si es la edad o conocerte a ti me ha hecho cambiar mi estilo de vida, hace tiempo que no estoy con ninguna mujer, no puedo, sólo quiero estar contigo, pero honradamente, haciendo las cosas bien porque me he enamorado de ti, así que te despido y quiero que seas mi novia y quién sabe si mi esposa, ¿tú sientes lo mismo?

¿Qué iba a responder Sofía? Era su sueño hecho realidad, ella también quería a Andrés, le gustaba ese hombre dominante y sobrado en sus maneras, le excitaba ver su dureza y maldad, no sabía a qué jugaba. La prensa amarilla publicó enseguida la relación de la pareja, con los meses todo el mundo se sorprendió del cambio de Andrés y éste tuvo otra vez trabajo y mejor pagado que nunca. Se casaron al año siguiente, ella tenía veintiún años y él treinta y cinco, la edad nunca fue un problema y todo el mundo elogiaba a la mujer que hizo cambiar al actor. Al año siguiente nació Rafael y la felicidad de Sofía era completa, sin embargo, Andrés tenía una doble vida porque el sexo con Sofía era muy convencional y aburrido para alguien como él. El actor era consciente que no podía estar con amantes porque era algo que llamaba la atención, había otra manera de estar con mujeres bellísimas, sádicas y que fuese como un secreto de estado, la solución era una agencia de escorts. Andrés podía permitirse el lujo de pagar cantidades muy grandes por estar unas horas con prostitutas de lujo. Sofía no sospechó nada porque ella no controlaba la economía familiar, su vida se resumía en ser una mantenida: gimnasio, dietas y salones de belleza. En estos lugares hizo amistad con varias mujeres con su mismo estatus social, en algunos aspectos fueron una mala influencia porque fue cuando empezó a fumar, también le aconsejaron ser una mujer más fuerte, más independiente y menos confiada con su marido. Fue el día del quinto aniversario de Rafael cuando Sofía descubrió las infidelidades de su marido. Éste dejó el teléfono móvil en la mesa y a ella le entró la curiosidad, sabía el pasado de Andrés y hacía tiempo que habían empezado a aburrirse uno con el otro, quizás tendría alguna amante y quería saberlo, llamó a un número y se puso una voz de mujer que tan solo dijo: “Andrés, ya hemos contactado con Naomi para que esté en el hotel a las seis…”. Sofía colgó, no entendía nada. Se fue a hablar con Andrés y tuvieron una discusión fuerte.

—¡No me digas que me tranquilice, Andrés! ¡Me estás engañando!
—Te estoy diciendo que es solo para hacer una prueba a una actriz.
—No te creo, en los hoteles no se hacen castings.
—Tú no sabes cómo va el mundo del cine.
—Pero tampoco soy la tonta que conociste.
—Cariño, Sofía… escucha, yo te quiero —dijo Andrés con mucha frialdad.
—¡Cállate! —Sofía era una persona muy dócil y servicial aunque cuando alguien conseguía ofenderla o irritarla sacaba un carácter muy agresivo y desconocido para al resto de la gente—. Mírame a la cara, a los ojos y di que nunca me has engañado, ¡Dios! A saber cuánto tiempo hace que te ves con esa chica, lo que no entiendo es quién era la mujer del teléfono.
—Su representante —Andrés estaba tranquilo, parecía que aquella discusión no fuese por culpa de él y sólo fuese una víctima, actuaba mejor que en sus películas.
—¡Ahora lo sabré!

Sofía cogió el teléfono móvil y volvió a llamar, Andrés, asustado, le quitó el teléfono y la miró fijamente a los ojos, no dijo nada, sólo vio como ella se fue de casa llorando. Sofía sabría toda la verdad el mismo día, dolorida, fue a hablar con una de sus amigas ricas y ésta le contó la teoría de una empresa de chicas de compañía. Su amiga le dijo que era algo normal, en su relación con su marido pasaba exactamente lo mismo, cada uno tenía sus amantes y convivían juntos por compromiso social o quizás ni ellos mismos lo sabían, le aconsejó a Sofía hacer lo mismo, ésta se negó en redondo. Sofía volvió por la noche a su casa para llevarse a su hijo (en el momento de la discusión estaba en el colegio y lo recogía la sirvienta) e irse al hogar de sus padres, no estaba Andrés, Rafael estaba con la sirvienta, “seguro que está con esa puta”, pensó ella. Sofía se llevó ropa, se fue con el niño y sacó todo el dinero posible de sus cuentas corrientes y tarjetas de crédito por si Andrés las anulaba.

Se divorciaron, Sofía no tuvo piedad de su ex y le sacó todo lo que pudo, continuó con su vida y no tuvo que trabajar. Sofía prometió guardar silencio y no decir la verdad a la prensa amarilla a cambio de una cantidad económica bastante suculenta. La custodia de Rafael fue adjudicada a la madre, el padre lo vería uno de cada dos fines de semanas y era algo que le gustaba Andrés, no le apetecía ver mucho a su hijo.

En los siguientes años Andrés vio poco a su hijo y cuando lo veía no lo trataba con mucho cariño, el actor siguió con su vida sexual caótica pero tuvo que dejar el alcohol porque el cuerpo se resentía, sufrió mucho pero lo consiguió. Continuaba utilizando el servicio de escorts pero también tenía amantes, con la diferencia que se aseguró de no provocar más escándalos públicamente como en el pasado. Sofía se casó con Francisco, un empresario importante de ideas conservadores como ella y estarían juntos hasta la muerte de ésta. Pero Sofía sabía cómo vengarse de su ex, apuntó a su hijo a clases de interpretación desde pequeño, también le enseñaron inglés y francés, poesía y todo tipo de arte. Andrés nunca se preocupó por la vida de su hijo y no objetó nada, a veces, Rafael iba en ayuda de su padre para que convenciese a su madre para dejar esa vida estresante, Andrés sólo contestaba que “es por tu bien, hijo”. Andrés nunca pensó que su hijo podría triunfar en el mundo del arte, sin embargo, Rafael hizo teatro a partir de los doce años y se convertiría en su gran pasión, pero cuatro años después superó una prueba para el papel de un adolescente en una película de producción española. La película fue un éxito de taquilla y de crítica, se descubrió un joven actor que prometía mucho y decían que era mucho mejor que su padre, Sofía se había vengado mucho antes de lo esperado en su mente.

Andrés no se alegró nada del éxito de su hijo, intentó hablar con él y convencerlo de que era muy joven para un mundo tan complicado, habló con Sofía (algo que siempre intentaban evitar los dos) para que dejase a su hijo respirar, ella se negó, sabía el verdadero motivo, le dijo que era un envidioso y él lo negó todo pero no pudo convencer ni a Sofía ni a Rafael. A partir de ahí vería poco a su hijo y éste lo trataría con la indiferencia que recibió en su infancia, presumía delante de su padre de haber llegado más lejos en el mundo de la interpretación, Andrés no aguantaba tales provocaciones y en más de una ocasión tuvieron fuertes discusiones. Siguieron pasando los años, Rafael maduró y mejoró sus interpretaciones, combinaba como podía su trabajo en el teatro y en el cine, algunos proyectos cinematográficos fueron fracasos rotundos pero no desanimó a Rafael, aprendió de la experiencia y a ser más exigente en sus ofertas de trabajo, como dijo una vez en una entrevista ya siendo maduro recordando su juventud: “Mi problema de joven era que quería destacar como actor, no me fijaba tanto la historia o el mensaje, sólo si el personaje podía hacer demostrar mi gran valía, con los años me he vuelto más humilde y cuando acepto un guión es por muchas causas que no tiene que ver nada conmigo”. Andrés también siguió su trabajo pero ya no tenía tantas ofertas porque se estaba haciendo mayor. Un día, cuando volvía de la casa de una de sus amantes, vio a Sofía que le esperaba en el portal de su casa, se sorprendió mucho, no recordaba la última conversación con ella, subieron y Sofía fue directa al grano.

—Estoy preocupado por Rafa —dijo Sofía muy seria.
—¿Le pasa algo? —Andrés pensaba que sería una ridiculez.
—Pasa que es sangre de tu sangre.
—No entiendo, Sofía.
—Es como tú con las mujeres, con el alcohol… una persona autodestructiva.
—Es normal que una persona joven quiera divertirse.
—La semana pasada estuvo con dos mujeres a la vez. Lo sé porque me lo ha contado su agente, él también está preocupado, tiene miedo de que acabe como tú, hundiendo su carrera.
—Yo me recuperé —Andrés supo al segundo que había cometido un error.
—Destrozando mi vida.
—Perdona, pero gracias a mí nunca más has vuelto a trabajar.
—Eso no quita que he sufrido mucho.
—No digo que no.
—Dejemos de hablar de nosotros, tienes que hablar con él.
—A mí no me hará caso.
—Andrés, has sido un mal padre pero ahora puedes hacer algo por tu hijo.
—Quizás yo estoy de acuerdo con su vida.
—No quiero que se muera de cirrosis.
—Si yo pude dejar el alcohol, él también.
—Vas a hablar con él.
—No creo que sea una buena idea, Sofía.
—Lo vas hacer o iré a la televisión a hacer una exclusiva contando tu vida, tu mentira.
—No me lo puedo creer, tú nunca harías tal maldad.
—Hasta lo haría sin cobrar, lo hago por nuestro hijo.
—Sofía, tú antes no eras así, eras buena persona… —Andrés no pudo acabar la frase porque lo interrumpió Sofía.
—Tú me has vuelto así, te he odiado durante mucho tiempo, supongo que en el fondo era un amor resentido, un amor muy fuerte pero todo eso se acabó, habla con él.

Era cierto que Sofía había cambiado con el paso de los años, había cogido una gran confianza en sí misma y su candidez se había transformado en dureza y desconfianza a las personas en general y a Andrés en concreto. Éste aceptó hablar con su hijo, no por preocupación, era consciente que tenía una edad que le costaba encontrar papeles para interpretar y una nueva polémica sobre su vida privada sería su fin. Al día siguiente Andrés llamó a Rafael, éste estaba en Barcelona trabajando en el teatro y quedaron esa misma tarde para hablar, el joven no sabía el verdadero motivo. Hacía dos meses que no se veían, en el estreno de la obra de Rafael, a todo el mundo le encantó la interpretación del joven pero su padre la criticó, acabaron peleados y desde entonces no se habían llamado. A Rafael le había sorprendido la llamada, aceptó quedar con su padre pero ni él mismo sabía el motivo, quizás tenía alguna esperanza de hacer las paces con él aunque tendría que suplicar Andrés para perdonarlo. La plática fue muy fría al principio pero Andrés sacó valor y le contó la preocupación de su madre.

—Yo pensaba que querías verme y sólo me has llamado porque te lo ha pedido mamá —respondió Rafael indignado.
—No pienses mal de mí, hijo.
—Me has dado razones.
—Puede ser, puede ser…
—Además, tú no eres nadie para decir qué tengo y qué no tengo que hacer, sé muy bien tu vida, tus infidelidades con mamá.
—No estoy orgulloso de esa época, hice daño a una gran mujer.
—Deja de actuar.
—Escucha, hijo, no puedes estar por ahí pegándote la gran vida delante de todo el mundo, a la gente no le gusta porque ellos no pueden, tienen que trabajar, acabarás con tu carrera, yo estuve a punto, no digo que no disfrutes de las mujeres pero sí que tengas más cuidado.
—¿Cómo?
—No puedes confiar en tu agente, todo lo que te pasa se lo dice a mamá, es normal, ella lo contrató para ti cuando eras chico. Tienes que actuar a espaldas de él, no le cuentes tus polvos, tus orgías o lo que sea. Haces bien en disfrutar de las mujeres pero hazlo con más cautela, pero sí te recomiendo que dejes el alcohol, yo me arrepiento de haber bebido tanto, ahora estoy mucho mejor.
—Creo que es el primer consejo que me das como padre —rió Rafael—. Pero creo que tienes razón, sólo tengo una duda, cómo sé que tú no vas a decir nada a mamá, o peor aún, a la prensa.
—Porque yo soy como tú, si tú caes, yo caigo, si descubren lo tuyo, descubrirán lo mío.
—Ya veo, así que sólo miras por tus intereses, éste sí que es mi padre.

La conversación duró un poco más aunque no es nada importante para escribirlo en el relato. Rafael practicó el consejo de su padre y todo fue mejor, Sofía se tranquilizó y nadie sabía la verdad. Pasaron tres años más, Andrés y Rafael se continuaban viendo poco pero parecía que su relación había mejorado. Lo que ninguno de los dos esperaba era recibir la oferta de un productor para actuar juntos en la misma película. Sería un gran éxito de taquilla ya que la protagonizarían las dos grandes joyas de dos generaciones diferentes, y a ellos dos les iría bien porque taparían ciertos rumores que padre e hijo no tenían buenas relaciones. Ambos aceptaron aun sabiendo que ese guión no era espléndido.

Sin embargo, pasó algo inesperado para Andrés, éste se enamoró por primera vez en su vida. Era la actriz principal de la película y fue la gran disputa que haría romper totalmente la relación entre Andrés y Rafael. La actriz era Inés, una mujer bella e inteligente, tenía mucha cultura y su gran pasión era la pintura pero no nació con ese don, no era una mala actriz aunque con el tiempo seguramente sería olvidada. Andrés y Rafael se sintieron atraídos por Inés, según pasó el rodaje de la película y conocieron a la joven se enamoraron. Ninguno dijo nada al otro, ambos la cortejaron, la invitaron a cenar pero ella se negaba siempre hasta que acabó el rodaje y todo el equipo lo celebró con una cena de excesos. Andrés, poseído por Venus, e Inés, esclava de Baco, acabaron en los servicios de un restaurante, en tal lugar él intentó besarla pero ella se negó una y otra vez, Andrés acompañó a la actriz porque estaba baqueando y ella confiaba en el hombre maduro para ayudarla, pensaba que un hombre con su edad no hacía tales locuras pero se equivocó de persona. Andrés cada vez la abrazaba más fuerte e Inés a causa del miedo gritaba más, tuvo suerte, apareció Rafael que estaba vigilando toda la noche a Inés y al ver la conducta extraña de su padre con ella adivinó las intenciones de éste. Rafael separó a su padre de la actriz pero Andrés empujó a su hijo, éste, que estaba beodo y celoso, golpeó a su padre en la cara, Andrés se quedó paralizado y Rafael aprovechó para llevarse a Inés. Por suerte nadie se había enterado de nada, la actriz estaba muy asustada y quería salir fuera del restaurante para tranquilizarse. Ella lloraba y abrazaba a su defensor, durante el rodaje le había gustado la personalidad y cultura de Rafael, ella se abrazaba a él, no tuvieron hablar mucho para explicar sus sentimientos, tan solo con su mirada excitada se besaron. Lo que no esperaban era que Andrés estuviese detrás de ellos espiando, se había recuperado pronto del golpe y había oído la petición de Inés de salir del local. Andrés, loco de furia y de amor, no podía aceptar que la única mujer que había amado prefería a su hijo, él que era un actor menor, un ser inferior a él. El padre gritó algo inteligible y saltó encima de su hijo, éste intentó defenderse pero estaba demasiado beodo y no tenía muchos reflejos, fue entonces cuando los compañeros del rodaje escucharon toda la riña y salieron del restaurante para separar a padre e hijo. “Maldito cerdo, tú no eres mi hijo, ¿cómo has podido hacerme algo así?”, gritó desesperado Andrés,. “¡No quiero verte nunca más! ¡Nunca más!”, dijo Rafael.

Así fue, pasaron diez años hasta que se volvieron a ver, el lector sabe la información más básica y ahora podrá comprender la importancia de este nuevo encuentro. Andrés llegó después que su hijo a la sala del velatorio, llegó solo, en la antesala estaba Rafael con Inés, su hija y algunos familiares de Sofía como su marido o el hermano menor, todos se marcharon para dejar a solas a padre e hijo, sabían que tenían que hablar de muchos asuntos. “¿Estás seguro de que quieres estar solo?”, preguntó Inés a Rafael, “tranquila, no nos vamos a pegar delante del ataúd de mi madre”, respondió Rafael. Inés se fue con su hija sin mirar a Andrés porque le tenía miedo, éste miró de reojo a su nuera y nieta, ambas eran muy guapas.

—Tu hija es muy guapa —afirmó Andrés.
—Sí, es clavada a su madre.
—Tú también te conservas muy bien.
—Gracias… —Rafael no sabía qué decir.
—Yo, en cambio, mírame, ya soy viejo… —Andrés calló, tenía la mirada cansada y triste, Rafael nunca había visto así a su padre— tengo setenta y cuatro años…
—Siéntete afortunado, mamá nunca llegará tan lejos como tú —respondió Rafael con rencor.
—Por culpa del tabaco.
—Tú has tenido una vida más caótica que la de mamá y sin embargo tienes casi tres cuartos de siglo.
—Rafael, tú también tuviste una época sexual desenfrenada —dijo Andrés ofendido y con intención de vengarse.
—Fue una época corta, era joven y rico, podía permitírmelo todo. Cambié cuando conocí a Inés. Tú, en cambio, has hecho lo que te ha dado la gana durante toda la vida, nunca has sido fiel a nada y sólo has pensado en ti.
—Me equivoqué, mira como estoy ahora: viejo y solo. No trabajo casi nunca aunque tampoco importa porque tengo dinero hasta el fin de mis días, sin embargo, me he quedado sin amigos, no me quieren si no soy famoso, las mujeres me ven feo y un viejo verde, el deseo sexual se me ha apagado, estoy cansado, tomo medicación contra la depresión y voy a un psicólogo porque nadie más me quiere escuchar —Andrés habló lentamente, le costaba vocalizar y no gesticulaba mucho, había conocido la derrota.
—¿Qué te esperabas? Has pasado de todo el mundo que te quería bien, sólo te has rodeado de zorras o amigos interesados, tú en parte lo sabías pero pensabas que eras lo suficiente fuerte para superar cualquier obstáculo, fíjate ahora, te arrepientes porque estar siempre solo es horroroso. Ahora que ya no tienes la fuerza de la juventud ni puedes hacer tu voluntad porque tu cuerpo es débil te deprimes, has estado mal acostumbrado, eras feliz pero tanta felicidad se paga, tantas mujeres te han vuelto loco, tú una vez me dijiste que no era malo, para ti puede que no, para mí sí porque me desgastaba mucho y a ti finalmente te ha llegado llevar la cruz. Ya no eres independiente y para alguien como tú es peor que la muerte —Rafael habló calmado, pensando bien en sus frases, quería demostrar sus pensamientos exactos a su padre.
—¡Oh, Rafael! —Andrés miró al suelo porque estaba a punto de llorar—. Solo hay dos cosas de las que me arrepiento en esta vida: haber tratado mal a tu madre y mi comportamiento con Inés esa noche. La última noche que nos vimos fue cuando me di cuenta que era un monstruo pero ya era tarde cambiar. Me creía un ser superior, un artista por encima del bien y del mal, sin embargo, el tiempo me ha puesto en su sitio —Andrés no paraba de mover la cabeza de derecha a izquierda y se tapaba la cara con la mano—. Me siento tan desgraciado, la gente no me respeta ni me quiere, tengo mucho dinero y nadie con quien compartirlo. Todas las noches leo poemas de amor con la esperanza de encontrar otra mujer que perdone todos mis pecados, sería mi salvación —Andrés levantó la cabeza para mirar a su hijo y se quitó la mano de la cara—. No te rías, sé que solo es un ideal imposible para un viejo como yo.
—Jamás te había visto hacerte la víctima, realmente tienes que estar mal, te tienes que sentirte muy mal contigo mismo. Pero aún eres el mismo egoísta de toda la vida, nunca fuiste a ver a mamá al hospital y lo primero que has hecho al venir aquí ha sido hablar de ti.
—Nunca fui a verla al hospital porque me hubiese echado a patadas, ella me odiaba…
—Y qué te esperabas… —Rafael no pudo evitar interrumpir a su padre.
—Tienes razón, sigo siendo egoísta, no lo dudo, ya no puedo cambiar, sólo te comento que estoy deprimido, que me siento desgraciado pero entiendo que no te produzca ninguna lástima y que quieras más a mamá que a mí.
—Te voy a contar un secreto que solo sabe Inés… —Rafael habló un poco inseguro, no sabía si hacía bien en contar algo tan íntimo a su padre.
—Sigue, hijo, sigue… —animó Andrés a Rafael tras ver que se había callado.
—A mamá tampoco la he querido, o al menos no la he querido mucho, déjame que te explique y después habla —dijo Rafael tras ver que su padre iba a abrir la boca—. Ella solo me apuntó a interpretación para vengarse de ti, solo se alegró de mis éxitos para hacerte daño a ti, no era por amor de una madre a su hijo, nunca fue eso. Mamá se convirtió en una persona vengativa y rencorosa por tu influencia, me exigía horas y horas de estudio, mató mi infancia y no fui muy feliz hasta que descubrí el teatro, era maravilloso poder cambiar mi carácter por otras grandes personalidades, poder ser feliz o más desgraciado me llenaba, el éxito del cine no me hizo sentirme bien, sobre todo porque mamá lo aprovechó para echarte en cara que yo era mejor actor que tú, yo también lo hice porque te odiaba, no podía perdonarte que me ignoraras, y más cuando yo te admiraba artísticamente, eras y eres un gran actor, has marcado una escuela y si yo soy bueno es porque me fijaba en tus interpretaciones, leía tus entrevistas para mejorar como actor… mamá nunca supo que tú fuiste indirectamente mi maestro, hubiese sido una gran decepción para ella, resulta bastante irónico al fin y al cabo… —Rafael calló, no le apetecía hablar más, Andrés estaba sorprendido, Sofía también había vivido una mentira como él.
—Me alegra saber que he sido útil para ti en algún sentido y siento mucho haber destrozado la vida de tu madre y la tuya.
—Yo he podido ser feliz gracias a Inés y a mi hija Julia.
—Me alegro, aunque no te lo creas, también me alegra saber que tu madre recuperó en parte su vida con un nuevo hombre.
—Tal historia es otra mentira.
—¿Cómo? —Andrés estaba sorprendido.
—Mamá nunca lo quiso tanto como a ti, creo que tú la desgastaste demasiado, le hiciste mucho daño y nunca pudo olvidarlo aunque ella lo intentó y mentía diciendo que era muy feliz con su nueva vida. Él es un buen hombre y quería mucho a mamá, ha sido fiel y aceptó no tener hijos con mamá, no adivinó que ella solo quería tener niños contigo. Creo que si hubieses cambiado un poco, solo un poco, hubiese vuelto contigo, sin embargo, aceptó matrimonio y trató bien a su nuevo marido aunque nunca fue feliz del todo.
—Todo lo que dices es una intuición.
—No, ella me lo dijo hace unos cuantos años. Cuando me iba a casar con Inés, habló conmigo porque no quería que diese un pie en falso en una unión tan importante, se puso a ella como ejemplo de infelicidad pero yo soy feliz —Rafael acababa de desviar la mirada, le costaba creer que estuviese hablando con su padre como si nunca hubiesen tenido problemas.
—Me estás vendiendo la moto, hijo, no me digas que eres el hombre más feliz del mundo —Rafael reconoció por fin a su padre aunque no tuviese la misma intensidad que en el pasado.
—Lógicamente mi matrimonio no es perfecto, pero tengo más buenos recuerdos que malos, otros no pueden decir lo mismo —dijo Rafael sarcásticamente.
—No, no puedo. Yo no quería ser uno más en esta vida, con sus lamentaciones de no tener relaciones sexuales o su vida aburrida, creía que sería feliz cambiando de mujer cada dos por tres, sin preocuparme de ellas, no me importaba darles dinero o regalos, es mejor que me roben los objetos que el alma, sin embargo, tienes razón, tal vida desgasta, ahora bien, no te equivoques, todo en esta vida desgasta, conozco muchos matrimonios que han desgastado tanto al hombre como a la mujer… —Andrés calló, se había cansado de tanto hablar, respiró un poco y apuntó—. Pero yo sólo he vivido de una manera y me gustaría saber qué se siente al tener un amor correspondido, fui feliz con mi hedonismo pero no comprendí que la vida son cambios, etapas y que hay que adaptarse a tales cambios, no lo hice y por eso soy infeliz. Sé que el amor no dura eternamente y que a muchos les ha hecho desgraciados pero igualmente deseo conocer a alguna mujer que me llene, que me haga feliz y sufrir.
—Nos enamoramos de la misma mujer —dijo Rafael con rencor, no le había emocionado el discurso de su padre.
—Me enamoré de Inés porque era buena persona y la experiencia me ha enseñado que a las personas no hay que pedirles muchas virtudes, únicamente bondad, en parte me recordaba un poco a tu madre, guapa e inocente, has tenido mucha suerte y ella también —Andrés calló y se sentó en un banco ya que estaba cansado, Rafael lo siguió con la mirada pero no se movió de su sitio, pocos movimientos hacían en la plática debido a la tensión del momento.
—No seas tan pesimista, eres viejo pero nunca hay que peder la esperanza de encontrar a una persona —Rafael quería consolar a su padre aunque no sabía exactamente el motivo.
—No, no puedo —habló Andrés con una voz baja y triste.
—No entiendo por qué.
—Hace un año me detectaron Alzheimer. Muy pocas personas saben que padezco la enfermedad, de momento no quiero anunciarlo públicamente, no me siento preparado.
—Lo siento —Rafael no sabía qué decir, se quedó sin palabras, se sentó al lado de su padre y lo abrazó, se compadecía de él, el último encuentro era ya del pasado.
—Me lo merezco, hijo, Dios por fin ha actuado correctamente.
—Tú no crees en Dios.
—Tu madre sí creía aunque de poco le sirvió… —Andrés calló, se atragantaba con las palabras, respiró y cogió fuerza para hablar de nuevo—. Me da miedo morir, no quiero morir, a pesar de no tener ilusiones quiero seguir viviendo, a pesar que no tengo casi amor a la vida pero es mejor estar vivo que muerto, me da miedo el dolor y sufrir más que la misma muerte, no quiero acabar olvidándome de ti, de tu madre y de mi carrera pero lo que más rabia me da es que cuando yo no esté, nadie se va acordar de mí como persona, únicamente como actor, me lo he ganado a pulso.
—Papá, no puedes estar solo…
—Estoy en una mutua, todo irá bien el día que no puedo cuidarme de mí mismo — interrumpió Andrés a su hijo.
—Yo no dejo de ser tu hijo y no podría aguantar en mi consciencia que te mueras solo.
—No he venido a pedir tu perdón, no lo merezco, tengo que pagar con mi culpa.
—No vale la pena autocastigarse, deja el orgullo por una vez en tu vida, tu enorme ego no te deja ver la realidad, en eso no has cambiado aunque ahora sí creo que estás arrepentido de verdad y eso es suficiente para mí.
—¿Y tu mujer?
—Es una buena persona, te perdonará.
—No sé si estaría a gusto después de lo que le hice ¡y ella! —Andrés tosió tras el grito. —Ella también estaría incomoda.
—Ha pasado mucho tiempo, no lo creo.
—Hijo, me alegra que me perdones pero no merezco nada más.
—Eres un viejo cascarrón —rió Rafael—. Hagamos una cosa, de momento sigues viviendo solo, poco a poco nos iremos viendo, conocerás a tu nieta y depende de cómo nos sintamos te vienes a vivir con nosotros, no seas pesado y acepta.
—Está bien —respondió Andrés tras pensar durante unos segundos.
—Vamos fuera, pensarán que nos estamos matando —concluyó irónicamente Rafael la conversación.

Había pasado una semana desde el funeral de Sofía, Andrés había acabado de leer un libro, estaba sentado en el balcón de su piso en el centro de Barcelona. Durante esa semana había estado hablando por teléfono con Rafael e Inés, ésta le había tranquilizado y perdonado para que se sintiese tranquilo cuando se viesen. “Mañana veré a mi hijo”, pensaba Andrés, “volveré a tener una familia, nunca pensaba que me apetecería tener una, en fin, las personas cambiamos mucho. A mí me ha costado tanto, ha sufrido tanta gente por mi culpa. Tengo que contarle a Rafa que mi última amante fue una relación de siete años, ¿cuántos años tenía yo? Creo que 61 y ella 30, la dejé cuando conocí a Inés, en ese momento no me arrepentí de nada, ella realmente me quería pero yo siempre la traté a distancia, nunca vivimos juntos aunque nos veíamos mucho, eso sí, le fui fiel pero no por amor, ya estaba cansado de buscar faldas como un veinteañero, no estuve enamorado de ella, era guapa y viciosa y yo no buscaba nada más”. Andrés reflexionó más sobre su vida, estaba tan vacío, el sufrimiento era un nuevo sentimiento para él y no sabía cómo salir, había comprendido que era débil y pobre de espíritu. “Soy un gran actor que interpreta magistralmente diferentes tipos de personalidades y sentimientos”, siguió pensando Andrés, “pero nunca me he parado a pensar sobre mi carácter, no he evolucionado porque pensaba que era el mejor. Qué pena, podría haber mejorado mucho mis interpretaciones pero estaba más pendiente de cualquier cuerpo femenino que de mi trabajo. Ahora estoy enfermo y todo ha cambiado, me queda poco de vida y mi única ilusión es la prosperidad de mi hijo y nieta, sí, yo, el mismo hedonista egoísta se ha vuelto un sentimental, quiero a Rafael, la conversación que tuve con él hace una semana me ha demostrado que me ha superado como persona y actor, desde su juventud fue mejor que yo, no podía aceptarlo por mi enorme egoísmo y ego, he tenido que estar solo y enfermo para alegrarme de los éxitos de mi hijo. Mañana jugaré con mi nieta, quiero ser un abuelo que la mime, su madre se enfadará conmigo por mis excesivos regalos, seremos una familia”. Andrés se dirigió a su biblioteca personal para poner el libro en su sitio y luego se fue a su habitación a acostarse a la cama, eran tan solo las diez de la noche pero le gustaba tumbarse en la cama y pensar. “Quizás si estuviese sano no habría cambiado aunque eso no lo sabré nunca. La vida ha pasado tan rápido y siento que he aprendido poco y que no he disfrutado del todo, me falta algo… soy un viejo arrepentido porque por primera vez sufre y eso me asusta, tengo miedo y me cuesta digerirlo pero no me queda otro camino que aceptar mi enfermedad, aceptar mi depresión y mi nueva vida. Tal vez Dios existe y cuando muera podré ir al cielo a pedir perdón a Sofía, ella tiene que estar contenta de mi nueva relación con Rafael, yo al menos tengo esperanzas y esta semana he estado más animado, espero no equivocarme como he hecho toda mi vida, no lo haré, quiero que salga bien”. Andrés se imaginó su reunión del día siguiente con Rafael, Inés y Julia. Esa noche estaba nervioso y le costó dormir, cuando lo consiguió no tuvo sueños, se habían acabado en su vida hacía tiempo pero a pesar de que era tarde para arreglar su vida, eso no impedía que pudiera tener una familia e irse rodeado de seres queridos.

Interiores (Fragmento Cuarto).

VI.

La dilatada época que viví sin pareja fue como comer un pastel a pequeñas raciones, no me llenaba pero tampoco moría de hambre. Intentando ser sincero, no ingerí ni un solo dulce en la época postCelia y no fue hasta el éxito comercial de mi obra magna que el apetito resucitó en mi cuerpo. Tenía tanto dinero que me permitía el lujo de ir regularmente a la pastelería, la pastelera me presentaba o enseñaba productos, algunos eran de crema y dulces, alternaba todos los alimentos, es más, devoraba manjares nacionales y extranjeros: me sedujo la textura deliciosa del bizcocho o pastel dominicano, me interesé una época por el zongzi aunque demasiado pegajoso y en otro período sucumbí a la melosidad del blighat. Muchas veces, después de saborear el manjar, me gobernaba el arrepentimiento ¿por qué no cocinaba yo? ¿No sería mejor para mí comer un único pastel y por tanto entero? No obstante, el recuero de Celia me convencía que caminaba por la dirección correcta. Estuve años con este estilo de vida acerba, cambiaba de pastelería como quien cambia de vestuario. Tuve más de una ocasión para romper mi costumbre y enrolarme en una gastronomía, no cedí porque el miedo era mi sentimiento y la vergüenza mi conciencia. He explicado anteriormente que el miedo era por Celia, en cambio, la vergüenza era causada por unas frustraciones latentes en mí desde que tengo conciencia, vergüenza que es hermana del miedo, ambos van juntos conmigo por el camino. Vergüenza y miedo de lo que piensen los demás, vergüenza a mí mismo y miedo se sentirme otra vez inferior como me ocurrió con Celia, tal vez la vergüenza sea un sentimiento híbrido ya que hay algo de orgullo y ego, en otras palabras, sufro de ambivalencias. Voy a escribir un ejemplo práctico: estuve dos años sin ver a Pedro por las amenazas de Celia por el envite, ella pensaba que la publicación del escándalo afectaría a las ventas de mis libros, mi editor, le dio la razón. Mis sensaciones fueron otras, no me hubiese atrevido a mirar ninguna persona, me hubiese atormentado creer que mis más cercanos tendrían pensamientos inquinas sobre mi persona. Elegí o preferí no ver a mi hijo a luchar en la trinchera, hecho del cual me arrepiento y hace que me odie a mí mismo, luchar hubiese sido doloroso pero no hubiese perdido a mi hijo. Preferí que me hijo pensase que era un egoísta, el cual únicamente le importaba el dinero a que supiese la verdad. Estoy perdiendo el hilo de la historia, vuelvo a los pasteles. Me encapriché con un manjar antes de casarme con María. No sé si era amor, tengo claro que estaba totalmente obsesionado por engullir cada día una ración. Hay una cuestión que es importante anotar, comer un pequeño trozo significa que otro hombre probará o ha probado antes otra ración, suceso que nunca me había importado hasta disfrutar del aroma dulce de aquel manjar. Me volví una persona posesiva y celosa, era consciente que no podía exigir nada y este pensamiento me torturaba aún más. Mil veces pensé que no tendría que volver a desmenuzar el pastel, jamás cumplí mi propósito. Los días corrieron para caminar otro año, una tarde me paró un hombre cuando me dirigía a la pastelería, era un señor bien vestido, creía conocerle o haberle visto en alguna ocasión anterior. El hombre hablaba desabridamente, atropellando las palabras y parecía estar nervioso, me invitaba a tomar café para hablar de un asunto importante para mí y mi pastel. Acepté, estaba aturdido y preocupado, pensé que aquel hombre estaba relacionado laboralmente con el manjar. Hablamos de mis libros una vez dentro de la cafetería, sin embargo, estaba nervioso y le pedí que fuese directamente al grano. El hombre se llamaba Julián, trabajaba en un programa del corazón y conocía mi gusto por el dulce, decía que me entendía, “yo también lo he probado, excelente” dijo riendo hipócritamente. Me amenazó con explicar mi vida privada sino le hacía un favor. – Conozco toda su vida. Ha hablado demasiado y me he enterado de todo porque compartimos gustos. Ya ve, no se puede confiar en nadie. – ¿Se lo ha contado todo? – Sí, todo. Le cae bien, pero piensa que así puede ganar mucho dinero. Voy a evitar que hable en la tele a cambio de algo. – ¿De qué? – Verá –aquí habló lentamente y cruzó sus brazos para que le tomara en serio-, tengo una hija, ya sé que usted no ve la prensa rosa. Mi hija es joven, viuda de un torero famoso, el murió hace dos años y la pobre está destrozada. No quiere conocer a nadie, no puede tener hijos y cree que nadie le va querer por eso. Usted tiene un hijo ¿quiere tener más? – Es algo que no me he planteado. – Eso significa que no. Sólo le pido que conozca a mi hija –sacó una fotografía de su cartera y me la enseñó-, es muy guapa, no tiene su cultura y no le gusta leer aunque es buena persona y joven, tiene veinticinco años. Le devolví la fotografía, le miré mareado a causa del embate, no podía creer estar hablando con ese deshollinador, recordé en ese momento haberle visto en la televisión hablando de su vida privada con una frialdad efervescente. – Ahora le recuerdo –sonrió de nuevo y nació en mí un odio profundo hacia ese ser-. Si le digo que voy a denunciarle se va a reír, mejor para usted, más protagonismo y dinero. – Exactamente. Piense una cosa –volvió a cruzar los brazos y alzó la cabeza-, Pedro ya tiene una edad y una exclusiva tan fuerte haría romper la relación con su padre, usted tiene muchos problemas con su hijo y Celia. Mi María sería una buena madre, el chico es grande, sí, aunque no importa. Mi hija es tan buena que se ganará el corazón de Pedro y el suyo. – Pongamos por un caso que nos conocemos, qué pasaría si no sale bien. – Nada, se lo prometo. Ahora bien, estoy seguro que cuando la conozca, se va a enamorar de mi María –Julián calló un momento, movió su mano para coger el asa de la taza y terminar su café, estaba esperando que yo hablase, abrió la boca cuando entendió que no iba a suceder-. Mañana voy al entierro de mi mujer, hablaré con mi hija, les arregló una cita. – ¿Un cita tan sólo? – Ya le he dicho que una cita. Acepté conocer a María, total, sería únicamente un encuentro, además, era consciente del poder del merodeador, tampoco había pedido mi alma porque le interesaba mi dinero. Ese día me fui a casa, se me había quitado el apetito, no imaginaba que nunca más pisaría una pastelería, no veía que se iniciaba una nueva etapa en mi vida. Me horrorizaba recordar como Julián hablaba de mi hijo con una familiaridad natural, sufrí otra decepción a causa de la indigestión del pastel, aprendí que las pequeñas raciones también provocan dolor. Creo que nunca más he vuelto a confiar en alguien, en hablar de mi vida privada con una persona, ni siquiera con María. Recuerdo todavía la primera vez que la vi, era la personificación de la beldad y la timidez, no teníamos gustos comunes y sudamos para iniciar una conversación coherente, lo construimos cuando ella preguntó por Pedro y me sorprendió su infinita curiosidad por mi vida paternal. Pedro fue la semilla para plantar nuestro jazmín en nuestros primeros años de relación ¿por qué volver a verla? Creí que con el tiempo podría enamorarme de su bondad, sin olvidar que su belleza me excitaba, su físico quizá era la razón de que era tan educado y amable con ella, María respondía con la misma moneda, pero yo sentía que nuestra relación estaba forzada. Pedro conoció a María a causa de la insistencia de ésta, mi hijo estaba padeciendo los primeros ataques de su madre, nunca pensé que Celia actuaría vilmente contra Pedro, era su vida cuando nació, no obstante, no educamos bien a nuestro hijo y no explotamos sus virtudes, hecho que me oprime el pecho, secreto que nunca he confesado a nadie ya que por despecho responsabilizo a Celia de lo sucedido. Me he perdido otra vez, no estoy tamizando correctamente este relato, tal vez porque es una confesión demasiada sincera y yo aunque he escrito novelas autobiográficas no he sido sincero con la obra ni conmigo mismo ¿puede un hombre escribir sinceramente? ¿Puede un hombre escribir las ideas y los sentimientos más enterrados de su inconsciencia? ¿Puede un hombre aceptarse hasta la última consecuencia de su ser? Yo lo estoy intentando como han hecho tantos escritores anteriores a mí, como el hombre del subsuelo que reconoció su bajeza, ahora es mi turno. María ha sido en estos dos últimos años un alivio, un desahogo para Pedro. Mi hijo siempre que puede viene a vernos, no, viene realmente a hablar con María que es la única inocente dispuestas a ayudarle. Pedro no confía en mí, algo que entiendo y no me atrevo a discutir porque perdería la batalla dialéctica. El amor que tiene Pedro por María ha hecho que no me alejé de ella, sé que es duro lo que voy a escribir pero es la verdad, nunca he estado enamorado de María, le tengo cariño y respeto, su físico me fascina, aunque si estoy con ella es porque me une más a Pedro. Si me he casado con ella es porque a Pedro le hacía mucha ilusión la ceremonia. María es la única madrastra que no ha tenido problemas de comunicación con su hijastro. El matrimonio se celebró por la influencia de Julián, pero no lo tuve claro hasta que Pedro se alegró de la noticia. Julián era un auriga y yo uno de los jamelgos de su carruaje, María era el otro caballo. Ella ya no salía en el mundo del cotilleo desde que inició su relación conmigo, Julián y Ana se encargaron de desterrar a María de la televisión. Ana es una joven periodista que ha entrado en la televisión porque se ha costado con Julián, éste le ha introducido en el programa en que colabora a cambio de que defendiese a María, Ana interpretó tan bien su personaje que María quiso conocerla para agradecerle su apoyo desinteresado, desde entonces nació una amistad sólida a pesar de que María no tiene constancia de la relación entre Julián y Ana. Julián me contó su secreto cenando una noche, estaba beodo y reía mucho, “eso, sí, Ana ahora aprecia a mi hija un montón, te lo aseguro, sino yo no hubiese dejado amistarse a mi María con esa mujer. Ana dice que no hay persona más buena que mi María ¡qué razón tiene!”. Ana es una mujer extraña, no simpatizamos nada, sabe que no amo a María y que no sé dónde voy, es una persona sin principios, ha llegado lejos por su cuerpo y traicionando a muchos compañeros, ahora bien, jamás haría daño a María; adora, admira y aprecia la personalidad de María, le gustaría tener algo de ella, pero su realismo le hace olvidar el propósito de ser mejor persona. No se arrepiente de su pasado oneroso y su relación con Julián, lo cual no quiere decir que cuando éste murió hace dos meses no respirase tranquila, al menos percibí esa calma interior en el entierro de Julián. Por mi parte puede asegurar que me alegré, era la única persona que podía esgrimir a María, ahora ella puede conseguir que mi hijo me quiera sin la molestia de su padre. María me ha reconocido no estar muy afectada por el accidente de Julián, le ha dolido no haber tenido mejor padre, como Pedro. He sido el filón de Julián, éste consiguió que el pastel no fuese conocido a cambio de una dosis económica. Él se hizo cargo de la inversión, escribo inversión porque con el tiempo repuntó su dinero, fue astutamente ardido, esperó unos meses a que se formalizase mi relación con su hija y entonces reprochó mi “candidez comercial, no es normal que no quieras que hagan películas sobre tus libros”, me comentó en una cena como si hablase por mi bien, “sí, sí, sí, lo sé, te niegas porque crees que no se tienen que hacer pelis sobre libros, según tú, matan la imaginación de los lectores ¿y los que no somos lectores no tenemos derecho a disfrutar de tu rico mundo? Piénsalo, lo digo por tu bien”. Coceé mil veces, hasta que un día me envió un correo electrónico en que escribió: “Antonio, he hablado con un productor, está dispuesto a pagarte mucho dinero por hacer una película de las dos primeras novelas, me ha dicho que será una peli larga, seguro que durará más de tres horas. Por cierto, Antonio, hay otra cosa importante de que quiero hablar contigo, me tendría que quedar con el 25% del dinero que te den, no es por mí, ha vuelto amenazarme quién ya sabes, quiere más dinero, es la razón porque creo que tenemos que aceptar esta oferta”. Sabía que este correo era una argucia de Julián, sabía que el pastel no quería más ingredientes, sabía que iría a la televisión a declarar mi crimen. Ya conocía a Julián, no estaba dispuesto a perder su inversión, había demostrado un control absoluto en las vidas de María y la mía, su plan lo ejecutó perfectamente. Tuve que aceptar la oferta cinematográfica, la película fue un desastre aunque ganamos algo de dinero. Julián desterró a María de la televisión porque yo era su nueva gallina de los huevos de oro, Ana le ayudó ya que quería a María, la amante no participó en hurtarme. Me imagino la cara de satisfacción de Julián cunado le explicó todos mis secretos más íntimos, calculó hasta cuando podía utilizar el pastel y luego tenerme atado a su vida por estar casado con María ¿cómo volver a confiar en alguien después de estas experiencias? Después de haber conocido a Celia, a mi pastel y a Julián. ¿Qué ideas tendría Julián después de la boda? La muerte de Julián no fue únicamente un descanso para Ana y María. María acabó de leer la confesión que acababa súbitamente, como si el autor tuviese miedo de continuar escribiendo. Dejo el dossier en el bolso, ubicó sus ojos en el cuerpo de Antonio y quedó sumergida en una ardua tarea reflexiva.

Interiores (Fragmento Tercero).

 V.

María estaba sentada, miraba a su marido tumbado en la camilla, ella estaba preocupada y no cesaba de llorar. Antonio había sufrido un ictus cerebral la mañana de ese mismo día. Había estado todo el día con él, por la tarde llegó la primera visita, era Ana.

–          María ¿cómo estás?

–          ¿Cómo voy a estar?

–          Ha salido por todos los medios. Todo el mundo está con Antonio.

–          Todo el mundo está con el escritor pero nadie ha venido a ver a Antonio. Su editor está en el extranjero de vacaciones, lo he llamado y me ha dicho que vendrá mañana –María calló ya que no quería hablar de la otra persona.

–          ¿Y su hijo?

–          Su hijo no puede salir de donde está. Es parte de la rehabilitación.

–          Sí, lo sé, pobre chico.

–          ¿Pobre chico? –rió cínicamente, Ana cambió de tema.

–          Sólo hace tres mese del Nobel, se le veía tan feliz en la televisión y ahora ha estado a punto…

–          El médico me ha dicho que ha sido un ataque leve, saldrá adelante –María cortó la interpretación melodramática de su amiga.

–          Me alegro muchísimo.

–          Yo también –miró a Ana, la vio preocupada y agradeció su visita-. Sabía que tú vendrías. Siempre has sido una amiga fiel.

–          Y tú. Me apoyaste muchísimo con el divorcio, dejemos eso, hoy tienes un problema muy desagradable, espero que no se convierte en una desgracia.

–          Otra más, no sé cómo aguanto –María miraba a su marido mientras hablaba.

–          Eres una mujer fuertísima, aunque te creas todo lo contrario.

–          No sé si soy fuerte, Antonio me dice que soy tonta –María al responder dejó de mirar a su marido para observar a su amiga.

–          Os conocisteis por fuerzas mayores, tu padre se aprovechó de ti una vez más.

–          Sí, nos reencontramos en el entierro de mi madre, la pobre sufrió con ese cáncer. Mi padre solo vino para decirme que no podía seguir estando sola, Pepe llevaba dos años muerto y yo no había estado con nadie. Entonces me habló de Antonio, yo no sabía quién era, ya sabes que no leo. Me dijo que era un amigo, un escritor muy bueno, había publicado su cuarta novela en aquella época. Era listo, educado, bla, bla… resumiendo: me haría feliz. Me negué porque no era mi tipo, no quise ni ver la foto, entonces mi padre… -calló, estaba furiosa y miró de reojo a Antonio para entender el pasado, luego encajó sus ojos enfrente de los de Ana y habló de nuevo-. Entonces él me dijo: “hija, no puedes tener hijos ¿dónde vas a ir? Antonio tiene un hijo y no quiere más, no hay otro hombre como él”. Nunca olvidaré estas palabras.

–          Normal, María, eh, quizá no es bueno hablar ahora de algo tan delicado –Ana estaba preocupada porque María rió de nuevo histéricamente cuando acabó de hablar. Nunca antes había visto así a su amiga.

–          ¿Por qué no? “No hay otro hombre como él” significaba en el idioma de mi padre que no había otro hombre rico y dispuesto a quererme. Acepté finalmente, pensé que me iría bien cambiar de aires, una persona totalmente diferente en mi vida podría colorearla –esta frase le provocó una carcajada sañuda.

–          María, María…

–          ¿Sí?

–          Perdona que te pregunte, Dios, ¿has bebido?

–          Sí, un poco, estoy destrozada por lo sucedido.

–          Entiendo ¿dónde está el alcohol?

–          Se ha acabado.

–          Mejor, no compres más.

–          No sé.

–          Estaré a tu lado para que no bebas.

–          Gracias, eres una buena amiga –volvió a mirar a Antonio y sintió la necesidad de vomitar su impotencia-. Nunca le quise como a Pepe, le tenía cariño, no era mala persona, su problema era que no sabía disfrutar de la vida. Su ex le ha atormentado durante toda su vida, sé que nunca me ha querido como a ella, me da igual. Estuvimos juntos porque mi padre nos comió la mollera. Sé la causa que Antonio aceptase conocerme, ya lo sabes, me da mucho asco contar esta parte de nuestra historia.

–          No hace falta.

–          Gracias a ti estos secretos no salieron en la tele y las revistas. Siempre me has defendido –cogió las manos de Ana y temblaba.

–          Duerme un poquito, te sentará muy bien.

–          No estoy cansada –cedió sus manos y abrió los ojos como muestra de su fuerza-. Necesito hablar, por favor, te lo pido, por favor, si estoy callada pienso que puedo perderlo… -suavizó su mirada-. Así me distraigo, conoces la historia, lo sé, entiéndeme, así me distraigo de esta tragedia.

–          Está bien, sigue hablando.

–          Vivíamos juntos al año de conocernos y nos casamos a los dos años. Estuviste en la boda, no fue como la de Pepe. Mi padre esa tarde bebió mucho y por la noche murió en su coche que se había pagado con las exclusivas, quizá fue la señal de mi patético matrimonio con Antonio.

–          Nunca has tenido suerte en la vida. Tendrías que haber dejado a Antonio, te lo llevo diciendo muchísimos años.

–          ¡Sí! Ya sé tu respuesta, irme con mi hermana. Si no lo he hecho es porque me gustaba y me gusta vivir cómodamente. Ella es ama de casa, a veces hablamos por teléfono, parece aburrida aunque no ha sufrido como yo. Ella fue lista, se fue lejos de mi vida pública.

–          Tu padre me comentó que Sofía era como tu madre, poseía la misma humildad.

–          ¿Y yo?

–          Tú eres una buena persona como tu madre y materialista como tu padre.

–          Sí, por eso estuve con Antonio, era el único que me podía querer pero no surgió la chispa. Los dos primeros años fue educado, todo cambió con el matrimonio, en realidad, Antonio no quería casarse –volvió a mirar a Antonio y entristeció todavía más su rostro.

–          María, estás preocupadísima. Los médicos han dicho que ha sido un ataque leve ¿no? Saldrá adelante.

–          ¿Tú crees?

–          Segurísima.

–          Él no era mala persona, el problema era que no nos hemos querido y una vez muerto mi padre no teníamos ningún motivo para estar juntos aunque seguimos. Ni él ni yo teníamos motivos para estar juntos, él no volvió a escribir un buen libro y me echó la culpa a mí.

–          Eso es cruelísimo, nunca lo he entendido.

–          Tampoco yo. Decía que tenía una vida aburrida conmigo y no tenía buenas historias.

–          ¡Y que hace contigo! –María había conseguido alterar a Ana.

–          Ni él mismo lo sabía. También yo me pregunto por qué he aguantado tanto.

–          Eres una persona buenísima. Escucha, hace tiempo que pienso en proponerte algo, ahora las circunstancias son más complicadas, no importa, cuando él esté bien le dejas y te vienes conmigo.

–          No puedo dejarle solo, es un niño, se haría daño.

–          No es tu problema.

–          Es mi marido quiera o no, es mi problema.

–          Te mereces ser feliz.

–          Él también, Celia le destrozó la vida.

–          Y él la tuya.

–          No, no fue él. Fue mi padre. Te confieso que odio a mi padre ¡odio a mi padre!

–          Era una persona cruel, sólo ha hecho una cosa bien.

–          ¿Qué?

–          Tú.

Ana sonrió suavemente pensando que regaría alivio a María, deseo que no sucedió, Ana habló de su trabajo para distraer a su amiga. El miasma contaminó el ambiente, cuando María al fin se despejaba, porque Celia entró en la habitación, sin duda era la última persona que María esperaba ver, no obstante, pensó que una persona gélida como Celia era capaz de cualquier acto salvaje. Tenía setenta y cinco años, sus ojos expresaban cansancio, cansancio que no enterró su orgullo y altivez.

–          Buenas tardes ¿cómo está Antonio? –Celia hablaba con un tono estentóreo.

–          Ha tenido suerte dentro de lo que cabe. No esperaba verte.

–          Sí, ha pasado mucho tiempo, Pedro era un adolescente. Antonio es el padre de mi hijo, él no puede venir y me ha pedido que vaya yo.

–          ¿Cómo está Pedro? –Ana preguntó sin pensar.

–          Lo está pasando mal. Espero que no lo publiques en tu revista.

–          No publico nada relacionado con la vida de mi amiga.

–          Está bien, tienes principios –Celia ironizó.

–          ¿Entonces has hablado con Pedro?

–          Sí, María. No puede salir del centro… -Celia calló, le costaba hablar de un tema tan delicado-. María, por favor, me gustaría hablar contigo a solas.

–          Ana, si no te importa.

–          Claro que no ¿estarás bien?

–          Sí, tranquila.

Ana se fue de la habitación, Celia esperó unos segundos cuando la periodista cerró la puerta, entonces la anciana la abrió otra vez para asegurarse que Ana se había ido, no la vio, volvió a cerrar la puerta y miró a María como un objeto más de aquella habitación inerte.

–          Antonio se va alegrar mucho cuando salga del hospital y vea como han subido aún más las ventas de sus libros –Celia inició la plática que había preparado horas antes.

–          Es así por tu culpa.

–          Yo le enseñé a escribir por amor al arte. Es así porque es débil, como su hijo, es igual que él.

–          ¡Cómo puede hablar así de tu propio hijo!

–          Yo le he querido más que a mi vida, has visto como se ha autodestruido. Yo creía que él podía ser algo grande, sin embargo, a los catorce años no mostraba ninguna aptitud, nunca ha sabido hacer nada, es lógico que me desilusionase.

–          Por Dios, es tu hijo, no puedes hablar así, quizás tienes parte de culpa.

–          Sí, es cierto. Nunca tuve que haber conocido a su padre.

–          Fuiste tú quien le destrozó la vida.

–          ¿Por qué lo defiendes tanto?  Pedro me ha comentado como te tratan. Son injustos, tú eres una buena mujer. Has ayudado a Pedro cuando yo fui severa con él, creí que así mejoraría, no pudo ser porque cayó en tus brazos y tus mimos lo debilitaron. Con los años él ha crecido y mira como te ha devuelto tu cariño.

–          Está perdido por vuestra culpa.

–          A mi me respeta…

–          Pero no te quiere –María cortó bruscamente a Celia, se sentía incomoda con ella.

–          No, no me quiere.

–          ¿Y tú le quieres ahora?

–          A mi manera, María, yo sé que tú le has querido mucho, fue el hijo que tu cuerpo no parió, querías que te viese como madre. Te odiaba en aquella época, mientras yo era dura con él, tú le dabas comprensión y bondad. Él estaba más por ti que por mí, algo que me dolió mucho.

–          No fue mi cariño, sino tu maldad que hizo a Pedro buscarme. Una vez tenía dieciséis años, vino casi llorando porque tú le habías llamado “inútil de mierda” por sacar un seis en un examen de castellano. No me extraña que haya acabado así –María observó brevemente a Antonio tras decir la última frase, fue el único momento en que se atrevió a mirarle delante de Celia.

–          ¿Qué? –Celia se indignó y no creía que María comentase tal atrevimiento-. Yo creo que la culpa es de Antonio y tuya.

–          Dime el motivo.

–          Antonio no educó en ningún momento al niño…

–          No lo dejaste.

–          No me cortes, por favor, intento ser educada. Digo que Antonio no supo educar a su hijo y tú, tú le hiciste creer que no era malo no ser grande. Mi sueño era que fuese un gran escritor y tú lo destrozaste.

–          Era tu sueño, él es una persona normal, una buena persona y le has hecho mal, como a Antonio.

–          Antonio es un gran escritor gracias a mí.

–          Le has dado una historia rara y él escribió un buen libro.

–          ¿Tú qué sabes? –Celia rió vehemente-. Nunca has leído un libro. Desde que Antonio está contigo no ha escrito ni una página decente. Si al menos le hubieses hecho feliz.

–          Fallamos los dos.

–          Sí, los seguís amando a vuestras antiguas parejas.

–          ¿Y tú?

–          ¿Yo? Yo lo he querido, como he querido a Pedro… -Celia no pudo responder, cambió ardidamente el tema-. Respóndeme una pregunta por favor, me gustaría saber cuándo Pedro se hostilizó contigo.

–          A partir de los veinte años, le cogí de sorpresa esnifando, lo comenté a su padre, Pedro lo desmintió y su padre creyó a su hijo. Nunca más confió en mí.

–          Desde entonces únicamente nos ha robado el dinero. Yo sabía que decías la verdad.

–          ¿Y por qué no hiciste nada??

–          Hablé con él, y sabes como soy, me enfadé… -Celia calló, no podía seguir con la conversación, interpretó que miraba el reloj y gesticuló una cara de sorpresa-. Excúsame, es tarde y tengo que irme. Además, tu amiga está esperando a fuera.

–          ¿Volverás?

–          No.

Celia se despidió con un gesto casi femenil. María se tranquilizó cuando se fue, Ana volvió a entrar y notó a su amiga extraña. No hablaron mucho, el ambiente estaba tenso, poco a poco el miasma de Celia se desinundó, Ana no cumplió su promesa y se marchó una hora después de la salida de Celia. María se quedó sola y aprovechó para abrir su bolso, cogió un pequeño dossier, era una confesión de Antonio sobre su matrimonio. María lo había descubierto años atrás, era el único texto que había leído en su vida, desconocía sí tenía talento, le importaba únicamente su valor personal. Antonio no tenía conocimiento que su confesión había sido leída, María volvió a esconder el dossier en su refugio, sin embargo, había sentido la necesidad de llevarse la confesión con ella tras el ictus cerebral, quizá fuese una tortura o simplemente era la necesidad de desatar el bramante y por eso mismo inició la lectura.

Interiores (Fragmento Segundo).

 

III.

María estaba sola y beoda. Antonio estaba a punto de recibir el premio en Suecia, había viajado con su hijo aunque no con su mujer zafia y manida, lógicamente, era una situación humillante para María. En ese momento ella estaba platicando para sí misma, recordando o escribiendo mentalmente su biografía. “Solo he sido feliz con Pepe, él sí que era un hombre en todos los sentidos, no el cobarde cínico de Antonio, éste nunca ha tenido el cuerpo atlético de mi Pepe, pero claro, él era un torero y el otro es un escritor que se cree el más listo del mundo…”. María cedió sus pensamientos a causa del vacío ginebrino, fue flemáticamente a la cocina y exprimió de nuevo la botella, volvió al comedor a mirar la televisión, Antonio era el protagonista de las noticias. “Se lo ve contento. Mi felicidad acabó hace tiempo. Recuerdo aún el día de mi boda con Pepe… Pepe, él sí que era un hombre… Mi primer marido, y aunque luego me casé con Antonio, Pepe sigue siendo el amor de mi vida. ¿Por qué te mató el toro? ¿Por qué no lo esquivaste? ¿Por qué me dejaste? Haber vuelto, te hubiese perdonado todo: las infidelidades y la única vez que me pegaste. Aún recuerdo perfectamente nuestra última noche, te chillé porque estaba harta de tu vida nocturna, de tus juergas. Recuerdo que te grité “hijo de puta”, a ti no te gustó que insultase a tu madre y me pegaste una bofetada, sólo una que me ha marcado para siempre. Al día siguiente tenías que torear en la plaza de nuestra ciudad, te fuiste temprano porque tenías miedo de la reacción de mi madre, ella en aquella época vivía con nosotros, te pedí perdón antes de marcharte y las aceptaste, te fuiste y nunca más te volví a ver”.

María paró de pensar en esa época de su vida, normalmente recordaba a Pepe por los momentos felices que pasaron y recordó su historia desde el principio. La joven de diecinueve años acompañaba a su padre a las corridas de toros. Una tarde, en la cual José toreaba, María fue invitada por un caballero, que decía trabajar para Pepe, a una fiesta privada del torero. Ella se negó porque su padre estaba al lado, pero él la animó hasta que ella aceptó finalmente. El padre de María no era un cándido, era consciente que el señor no había propuesto a su hija ir a una exposición pictórica, sin embargo, el hombre pensó que si alguien tenía un deseo por su hija no era ningún problema, sobretodo si ese alguien era el gran torero. La joven fue a la fiesta sin su padre, acompañada de ese misterioso hombre, fueron en coche a una discoteca famosa de la ciudad, “la fiesta es privada y no puede entrar cualquier persona”, el caballero comentó a María para tranquilizarla y suavizar su timidez ya que no habló durante el trayecto. Ella no hablaba no por la inquietud de conocer al torero, sino porque intentaba elucidar el comportamiento de su padre, qué motivo o qué le había pasado por la cabeza para dejar sola a su hija. El acompañante de María se fue y ella estuvo sola una vez dentro del local. Analizó en el ambiente que había entrado y veía curiosamente aquellos individuos, sus pensamientos se quebraron cuando escuchó una voz masculina que la saludaba, ella se sonrojo cuando vio a José.

–          Hola guapa ¿cómo va la fiesta?

–          Muy bien, gracias por invitarme.

–          Es un placer tenerte aquí con nosotros. Estás en tu casa.

–          Gracias.

–          ¿Solo sabes decir gracias?

María rió, estaba cohibida, su mirada era una abeja que libaba al torero y él era consciente. La joven escuchaba atentamente aquel tono de voz que perfilaba una seguridad en sí mismo arrasadora, Pepe era la personificación del casanova rico, era famoso en la prensa sensacionalista a causa del toreo y sus trabajos puntuales en la moda.

–          Estoy contento de haber toreado en mi ciudad.

–          ¿Por qué?

–          Así te he conocido.

–          Yo también me alegro de conocerte. Mi padre es fan tuyo. Él estaría contento de estar hablando contigo.

–          Haberlo traído.

–          No ha querido venir. Dice que la noche es para los jóvenes.

–          Tiene razón, es para nosotros.

María había desterrado su vergüenza en la conversación, era consciente de su belleza y que José tenía la intención de estar con ella toda la noche. La charla transcurrió durante horas, María deslindó a Pepe, descubrió que la inteligencia no era una de sus virtudes, no obstante, era una persona extrovertida, alegre y cariñosa. Puede que José tuviese muchas virtudes, pero para alguien como él no hay mayor pureza que no abrir el amor a un desconocido, su deseo se ensanchó más cuando María no quiso ni siquiera regalarle un beso. Pasó un mes y María estaba galopada por los deseos de su cuerpo ¿para que esperar más? Pepe también se había enamorado de María, nunca había conocido una chica con unos principios tan rígidos e inflexibles, ella tenía un orgullo y una honradez que no vendería al primer hombre que encontrase por muy famoso y atractivo que pudiese ser. Se casaron un año después, durante este tiempo se convirtió en una mujer conocida y su padre se aprovechó económicamente de la situación. La pareja y los padres de ella ganaron dinero siendo entrevistados en la televisión. María ganaba menos dinero porque cedía un porcentaje a su padre, “yo no trabajo, hija, necesito el dinero para que tu madre esté bien”, decía el hombre y su hija ante estas suplicas no podía negarse. Además, la joven estaba volando en las nubes y únicamente recuperó los sentidos cuando se estrelló. Ahora bien, la hermana mayor, que se llama Sofía, nunca entró en los espectáculos familiares, se había enamorado de un guardia civil y se casaron seis meses antes que María y José. Sofía intentó hablar con su hermana sobre su nueva vida, sobre los lujos sin sentido y el estrés televisivo aunque María nunca creyó que su mundo fuese un relumbrón como denunciaba su hermana. La relación de las hermanas se inhibió y más cuando el marido de Sofía le destinó a una ciudad lejana, al otro extremo del país.

El primer año de matrimonio de María y Pepe fue paradisíaco hasta que hubo un contragolpe que la joven no barruntó. El padre se había gastado el dinero en una amante avariciosa y haragana. El escándalo se publicó en los medios de comunicación y María no podía creer lo sucedido, habló con su madre y reconoció que lo sabía todo, no le había confesado el crimen porque no quería corromper el mundo feliz de su hija con su marido. Las relaciones familiares se rompieron y los padres se divorciaron, María ayudó a su madre y perdonó a su padre, la joven intentó que aquella desgracia no contaminase su vida matrimonial, consiguió tal hazaña manteniendo unas distancias no excesivas con su familia, ella creyó que de esta forma nada rompería su felicidad, sin embargo, nada dura para siempre. María vivía como una estrella de Hollywood, su vida era cómoda y lujosa, la vida matriomial era un camino ascendente y sin baches. Llegó a ser archiconocida y querida por la gente porque veían a una chica bella y candida, una cenicienta que había cumplido su sueño. José y María salían en ocasiones en la televisión, se mostraban felices, tanta era la felicidad que parecía imposible haber teatralidad en sus actos públicos.

El matrimonio quiso tejer la familia cuando celebraron el segundo aniversario, no cabe duda que lo intentaron diez mil veces, no obstante, María no quedaba preñada. Un año después supieron la terrible noticia de que María era estéril. Pepe, que tenía una naturaleza viril y ruda, no pudo aceptar la realidad. Él no quiso adoptar, quería un ser de sus carnes. Gota a gota, al ver que María no podía darle un hijo, su relación con su esposa se hostilizó. Le espetaba en la cara su “cuerpo de poco mujer”, María imploraba perdón, nunca lo obtuvo e intentó hacer feliz a su marido de todas las maneras posibles, incluso cuando se debatían infidelidades de éste fue perdonado por su mujer. Los secretos más íntimos del matrimonio eran temas que se hablaban en tertulias televisivas, conversaciones en los bares o trabajos, el sueño de la cenicienta se había despedazado. María rechazó grandes ofertas económicas para ser entrevistada para hablar o aclarar en un canal de televisión, las ofertas fueron buscadas por su padre, pero María, influida por su madre, se negó. El padre, que no quería perder una oportunidad tan seductora, fue finalmente el entrevistado para hablar o aclarar cualquier detalle íntimo, hubo varios temas que no conocía al pie de la letra, por suerte suya, era un hábil mentiroso y no tuvo ningún reparo en inventar una biografía para María. “Mi hija ha perdonado varias veces a Pepe porque lo ama mucho. Es mentira que ella no puede tener hijos, el problema es de él”. Este hecho y concretamente este invención fueron la causa de la ruptura temporal entre padre e hija, fue el propio José quien ordenó el sacrificio, el tema de la infidelidad le dolió poco, sin embargo, poner en duda su hombría fue como cornear a su persona y orgullo, un acto intolerable para alguien como Pepe, imposible de perdonar. Nunca tuvo dudas que tal diatriba caía sólo para su suegro, María era demasiado noble para cometer un delito moral de tal calibre, una traición, una apuñalada al corazón de su marido. La madre se afincó en casa de su hija para poder cuidar a su hija, creía que estando al lado de ella todo iría un poco mejor, José no se atrevería a cometer ninguna bajeza. El río transcurrió al mismo ritmo y Pepe con él, no le importaba lo más mínimo que su suegra se fuese a vivir con su esposa. Una noche, le recriminó su actitud cuando el torero salía solo a cenar en un restaurante, éste le contestó vehemente que “es mi casa y mando yo, no eres mi madre aunque yo soy el que te ha pagado tu buena vida después de tu divorcio, así que a callar”. La suegra no respondió porque no estaba acostumbrada a que se le hablase de forma tan grosera, se fue a hablar con su hija y le contó todo lo sucedido. María se fue a hablar con José acto seguido.

“Maldita noche aquella, fue nuestra última noche y no cenamos juntos”, María pensaba tras concluir sus pensamientos. “Sofía y mamá me apoyaron, en cambio, papá volvió a la televisión y dijo otras mentiras absurdas, aún recuerdo cómo contó que Pepe y yo habíamos hecho las paces, que fuimos muy felices esa última noche y que yo estaba destrozada pero contenta por haber tenido una despedida feliz… ¡Mentiroso! A Partir de aquella entrevista…”. María no recordaba fielmente los sucesos aunque continuó de todas formas, “creo que a partir de entonces entró como tertuliano en aquel programucho del corazón. Yo nunca hablé para los periodistas y fui criticada por ellos, tenía que dar la cara o algo así decían, comentaban que tal vez estaba contenta por la muerte de Pepe, me gustaría haberles visto en mi situación. Mi padre me apoyaba en televisión con un cheque en el bolsillo, aún sabiendo que yo no quería verlo. La única periodista que me defendió fue Ana, estaba tan agradecida con ella que la conocí para darle las gracias por su defensa, desde entonces somos amigas, una amistad con un principio que no me gusta nada…”. María quedó enmarañada en sus pensamientos, no pudo recuperar el capítulo de su novela, así fue interrumpida por la televisión, vio a su segundo marido reinando en su mundo, todo el mundo reconocía su trabajo, nadie valoraba la persona. María era la única que lo conocía realmente y, por tanto, la única que podía expresar un escrutinio de la vida personal del autor.

 

 IV.

Antonio vivió una época de extraños significados a causa de no poder ver a su hijo y su relación con Celia. Durante todo el año que no vio a Pedro no pudo escribir nada, centenares de veces intentó escribir un relato, pero sentía impotencia literaria a partir de la segunda hoja y abandonaba la historia. Todo cambió a partir de la victoria judicial y su reencuentro con Pedro. La excitación artística resucitó, poco a poco construyó los muros sólidos de su nueva obra, sería una novela autobiográfica sobre su relación con Celia. La historia se iniciaba en el encuentro de la librería y concluía con el reencuentro entre padre e hijo, un final que expresaba el resurgimiento del escritor. Tardó dos años en escribir el libro y otro más en revisarlo, no sentía la necesidad de escribir rápidamente porque el proceso de creación para él fue una conversación consigo mismo, una terapia psicológica positiva que lo deslindó. Antonio presentó la novela en un concurso de una editorial importante a nivel nacional, la lógica preveía que la obra magna del joven no obtendría la gloria ya que era un desconocido, sin embargo, su novela impresionó al jurado y adjudicó dicha obra como la ganadora.

No obstante, se ha mencionado anteriormente una verdad oblicua, cierto es que la escritura era una terapia para Antonio, lo cual ni significa que no tuviese nuevos disgustos. Pedro quería más a su madre que a su padre, el hijo comentó a su padre que dejase escribir, “mamá dice que eres muy malo”, tenía tres años cuando disparó tales balas a su padre, éste intentó hablar con Celia para que no espetase de él al niño, no hubo manera, la madre le echaba de su casa cada vez que salía este tema. Antonio llegó en un estado que no le apetecía ver a Celia y fue la madre del escritor quien buscaba a Pedro. “Di a tu hijo que es un cobarde”, dijo Celia a su exsuegra, Pedro escuchó la frase y preguntó a su padre el porqué de su cobardía. Este episodio sucedió justo con la publicación de la obra magna de Antonio, poco a poco fue vendiendo, las críticas fueron pacíficas, el boca a boca corrió por el país y luego emigró por varias regiones del mundo. Antonio se había convertido en un celebre escritor un año después de la publicación. Pedro por fin quiso a su padre por el simple motivo que todo el mundo hablaba fabulosamente del escritor, las vehementes alabanzas anónimas tumbaron a las inicuas críticas maternas.

Antonio intentaba escribir su segunda novela durante estos últimos dos años, el tema era la relación que tenía con su hijo. El escritor no imaginó ni pensó que los transcursos de su vida durante el año siguiente le daría la fuerza que necesitaba para componer una nueva pieza. Pedro, influido por su madre, hacía gastar toneladas de billetes a su padre en caprichos. Antonio en un principio no objetó nada porque era feliz al ver que su hijo por fin lo respetaba, sin embargo, creyó oportuno educar de otra forma a su hijo, una manera menos materialista, ya era demasiado tarde y Pedro no estaba dispuesto a ceder sus privilegios. Hubo duras batallas entre padre e hijo, éste ganó la guerra tras comentar una frase desnuda de inocencia, “mamá dice que tu novela es tan buena porque ella te ha enseñado y hablas de ella”. El padre fue herido por segunda vez y claudicó ante su hijo. Pedro, de esta forma respetó infinitamente a su padre y Antonio era tan generoso con el niño que éste quiso más a su padre que a su madre. Celia no aceptó tal injusticia y fortaleció la diatriba contra Antonio, Pedro ya no aceptaba tantas palabras tediosas y defendía al rico escritor. La madre, al ver que no podía entrar en la mente del niño como en tiempos anteriores, substituyó los insultos por alabanzas. Así, Antonio volvió a buscar su hijo y sus relaciones con Celia fueron cordiales. Él nunca confió totalmente en Celia, la conocía demasiado y sabía que planeaba otra locura, ahora bien, no era una locura, sino un aprovechamiento. Celia pidió dinero “porque el niño lo necesita para la equipación de deportiva”. Antonio era consciente que el acto malvado se había iniciado y todo concluiría con otra humillación para él, esta  vez no pensaba volver a caer en la trampa, recordó su etapa frustrada con Celia y granizó en él un odio que únicamente ella podía provocar.

–          ¡Así que por eso estabas tan amable! ¡Quieres sacarme dinero! El niño tiene de todo, no le hace falta nada –habló exaltadamente y mirando severamente a Celia.

–          ¡No! Le compras muchas tonterías, pero nada importante.

–          Ya lo compro yo si le hace falta.

–          No, tú no sabes de esas cosas, yo sí.

–          ¡Eres una embustera! Siempre estarás loca.

Antonio desvió su mirada, cogió la mano de su hijo y Celia le golpeó cuando se iban a ir, él la empujó como aquel día que rompió con su vida. Pedro, que lo vio todo claramente, se quedó con su madre y no quería irse con Antonio. “¡Eres malo, papá!”, gritaba el niño. Antonio se fue enfurecido y tuvo que pasar dos años hasta que padre e hijo volviesen a verse. Fue la misma época en que Antonio publicó su segunda novela, se iniciaba con el reencuentro entre padre e hijo y finalizaba con la nueva perdida. El escritor ironizó sus palabras que a la vez estaban mordidas por una realidad difícil de aceptar. Fue Celia quien le llamó para poder volverse a ver, no para pedir dinero ni aprovecharse del escritor, todo era mucho más rizado, la madre le exigió que fuese personalmente a buscar su hijo, aceptó pensando que podía atraparse de nuevo en la telaraña y no se equivocó.

–          Hola Antonio. Enhorabuena por tu nueva novela, es mejor que la primera.

–          Gracias –respondió fríamente.

–          Estoy orgullosa de mí –paró un momento y disfrutó viendo la cara de sufrimiento del padre se su hijo-. Yo te he enseñado muy bien, no veo ninguna influencia de Flaubert, aunque sí de mi persona. Has hecho bien en seguir mis consejos, sobretodo por suprimir tus aburridas y simples descripciones físicas y paisajísticas.

–          Celia, he venido a buscar mi hijo. No quiero problemas.

Pedro salió tímido con su padre al principio, había cambiado mucho, tenía ocho años. Pasaron varias semanas hasta que el padre volvió a conquistar el cariño del niño, varias compras de juguetes y ropa maquillaron los problemas. Por eso el dinero no pudo comprar la conciencia del chico ni elucidar sus dudas, por eso, Pedro inició lo que podría haber sido una importante plática en la historia de ambos.

–          ¿Por qué no me has venido a ver estos dos últimos años?

–          Hijo, no podía… -no se atrevía a contestar.

–          ¿No podías por el empujón?

–          Exactamente. La primera vez que tu madre me prohibió verte fue muy duro para mí. Iba a nuestro piso y ella me echaba, me insultaba. La denuncié y gané, en cambio, ella tenía ventaja en esta última prohibición porque me amenazó con denunciarme por malos tratos y entonces sería el juez quien me prohibiría verte.

–          Mi amigo David me ha dicho que hay papas que ven a sus hijos aunque hayan pegado a sus mamás –Pedro cortó bruscamente, Antonio pensó y tardó unos segundos en responder.

–          Es posible, pero soy un hombre famoso y…

–          Mamá me ha dicho que es porque un escándalo así te haría perder ventas en tus libros.

–          No hijo, no. Tu madre me ha apartado de ti. Eres pequeño y no quiero entrar en más detalles. Cuando seas grande tendremos otra conversación y te explicaré toda la verdad.

La conversación y la verdad nunca llegaron ya que Pedro ya la había mencionado. Antonio quedó bloqueado ante las palabras de su hijo ¿cómo mentirle? Sí, era cierto, el escritor tenía miedo que Celia cumpliese su amenaza de explicar el accidente, así lo llamaba ella, en los medios de comunicación para afectar a las ventas de los libros. Las primeras respuestas también eran ciertas, ahora bien, era la primera vez que Antonio despotricaba de Celia ante Pedro. La causa era la frustración del escritor ante su nueva obra, no poseía el estilo de sus antecesoras. Todo su desazón venía porque la novela era una historia era un recipiente sin una gota de su vida con Celia. Parecía que ella tenía razón, idea que atormentaba al escritor.

Pedro no preguntó más y siguió con su vida de hijo de divorciado. Tenía una edad en que nacía su conocimiento y por tanto su interés personal. Explotó emocionalmente a sus padres para su provecho, actuó como lo hacen muchos niños de su edad en su misma situación, cabe añadir que las palabras sañudas de Antonio a Celia hizo entender a Pedro que su padre odiaba tanto a su madre como ella a él. “Mamá me ha dicho que me va regalar la Play Station 3” o “papá me ha dicho que va llevarme a Euro Disney” provocaban a los padres impotencia en un principio y fuerza de superación hacia su rival acto seguido, la superación consistía irónicamente en un capricho para Pedro. Huelga decir que la ilusión del niño era la reconciliación de sus padres, no obstante, al sentir aquel odio entendió que los sueños no se cumplen y la realidad fue moldeada a base de sobornos paternales hacia su cariño.

Así pasó un año y Antonio publicó su tercera novela con tan sólo treinta años. Esta obra no encariñó a la voz de los críticos, no pasó nada, la fama literaria estaba tan dilatada que sus ventas bajaron poco. El escritor sabía que era un hijo deformado, un experimento fracasado, una rapsodia no se puede componer en tan breve espacio de tiempo, lo sabía, aunque lo peor de todo es que Celia también era consciente.

–          Mamá me ha dicho que tu novela es muy mala porque no hablas de ella.

–          ¿Tú la crees? –Antonio ya se había acostumbrado a estas conversaciones y respondía con naturalidad.

–          No mucho. El padre de mi amigo José dice que es muy buena.

–          Lo ves, hijo, cada persona es una opinión.

Antonio sabía dentro de sí mismo que aquel hombre mentía o era un esnob que entendía poco de literatura. Toda aquella frustración le paralizó artísticamente y estuvo un año sin escribir, finalmente aceptó la importancia de Celia en su obra y vida, trabajó una idea nueva, escribir sobre todos esos sentimientos intrincados, escribir un relato sobre lo confuso sin escribir un relato confuso. Tardó cuatro años en escribir y pulir su cuarta novela, para él no fueron años, sino una terapia placentera como en etapas anteriores de su vida. Publicó su cuarta novela con treinta y cinco años, Antonio se hizo tan famoso en aquella época como Gabriel García Márquez en la suya, no pudo negar que este hecho le alegró la vida, aunque Celia supo apoderarse de su gloria personal. Pedro tenía en aquella época catorce años y ya no hacía falta ir a buscarlo, sus padres vivían cerca el uno de la otra y el adolescente podía ir solo sin problemas. Un día, cuando llegó a casa de su padre le dio su último libro.

–          ¿Por qué me lo das? –Preguntó extrañado.

–          Mamá me ha dicho que te lo de, me ha pedido que no abra el libro. Tú tienes que ser el único.

Antonio abrió el libro y cayó una hoja que tenía una nota escrita de Celia: “Sé muy bien que este cuarto libro tuyo es tan bueno gracias a mí, vamos, como siempre que has escrito algo decente. Ya te dije en su día que los grandes artistas han sufrido mucho en la vida, esa ha sido mi buena obra contigo, hacerte sufrid para que te conviertas en un gran escritor. Por eso, yo vindico mi influencia sobre ti. ¡Enhorabuena!”. Dejo la hoja en la mesa que tenía en frente y murmuró “siempre encuentras el modo de joderme la vida, pero que razón tienes”.

Interiores (Fragmento Primero).

 INTERIORES.

“Conocer es perdonar, dicen. No, perdonar es conocer”.

 

Miguel de Unamuno.Niebla

 

 I.

 

La zozobra ahogaba a María mientras que su esposo era entrevistado. No sentía felicidad por su marido, era consciente que la otorgación del premio Nobel de literatura era la máxima aspiración para alguien como Antonio, sin embargo, para ella era otro motivo de inferioridad. No es que María tuviese envidia, más bien sentía impotencia ante su cónyuge, impotencia provocada por el cinismo de éste y sus palabras salpicadas de desprecio intelectual hacia María.

–          Señora –la periodista interrumpió los pensamientos de María.

–          ¿Sí? –Dijo María como una actriz cómica interpreta un personaje trágico.

–          ¿Se siente orgullosa de su marido?

–          ¡OH! Sí… claro que sí, por fin se reconoce su gran trabajo.

–          Gracias, cariño –Antonio besó la mejilla de María y continuó hablando él-. No hay premio literario más importante que el Nobel, ahora bien, sí lo he conseguido es gracias al apoyo de mi María.

“No me deja ni hablar”, pensaba María, “hoy es su día y cree que se lo puedo estropear ¡qué pregunta más estúpida me ha hecho esta mujer! Tendría que haber respondido la verdad. Sí, mi esposo es muy simpático con usted, pero a mí me desprecia, dice que no hablo bien y que hago el ridículo delante de sus amigos”. Ordenó sus pensamientos, estaban desajustándose por la exaltación sentimental. “Sé porque está tan amable. Gracias al premio Nobel sus libros van a vender mucho, seguro que no gastará ni un céntimo, se lo dará a su hijo, eso lo entiendo, pero yo soy su mujer y únicamente voy a recibir humillación. Él es un gran escritor y yo no soy nada”. La entrevista concluyó, Antonio miró gélidamente a María cuando la periodista abandonó la vivienda del matrimonio, María se temía enfrentar otra vez a su soberbia, no se equivocó.

–          María, creo que tú no tendrías que venir a Suecia, a la entrega de mi premio.

–          ¿A Suecia dan éso?

Antonio rió suavemente al escuchar la respuesta de su mujer. María no tenía fuerza ni coraje para contraatacar, no le sorprendía la orden, quizás Antonio habló en forma condicional, se expresó como si fuese un deseo, era la forma de hablar del escritor, ella había aprendido su retórica en el curso natural de la vida matrimonial.

–          Espero que lo entiendas… -Antonio cambió su rostro serio por otro más relajado-. Mi hijo vendrá esta noche a cenar para celebrar el Nobel, podrías hacer una paella para nosotros, sería una bonita reunión familiar.

–          Me parece una buena idea.

Fue directamente a la cocina. “¿Por qué obedezco?”, reflexionaba María, “años atrás tenía energía para discutir aunque es tan listo que ha podido conmigo. Tengo cincuenta años ¿dónde puedo ir? No tengo hijos que puedan ayudarme, mi cuerpo ya no puede enamorar a ningún hombre. Si al menos el suicido fuese un arma para hacerle sentir culpable, que por una vez en la vida sintiese dolor y fracaso, da igual, no sentiría ningún tipo de arrepentimiento, en todo caso buscaría otra cocinera”. Llegó Pedro, el hijo de Antonio, María escuchó las felicitaciones, las encontró exageradas. “Es natural, sabe que su padre va ganar mucho dinero y él va pillar cacho”. Escuchó la conversación, no intencionadamente, padre e hijo tenían un tono de voz alto. “Pedro ya está hablando de él mismo otra vez, que pesado, siempre tiene que chulear todo lo que sabe, siempre buscando la aprobación de los demás, este chico no tiene autoestima, parece un niño y tiene treinta y ocho años”.

–          ¡María! ¡María! Pedro ha llegado.

–          ¡Ahora voy! Ya me enterado, ya…

Susurró la última frase y fue a la sala. Encontró a los dos abrazados, embriagados de alegría. Para María, Pedro estaba contento de ser el único hijo del premio Nobel.

–          Perdona María. Le decía a mi padre que por fin ha llegado a la cúspide de la literatura.

–          Hijo, habla bien.

–          Perdón, quiero decir que ya es el más grande, el número uno.

–          Y me alegro por él.

María respondió mecánicamente, era la consecuencia de interpretar el mismo papel durante tanto tiempo, en su interior no existía actuación alguna. “¡Qué falta de respecto! Ni un saludo ni una pregunta cordial. Tiene que hablar conmigo como si fuese una ignorante. Tal vez no tenga la cultura de ellos, pero tampoco soy tonta. Tendría que estar dos o tres días sin cocinar, verían que es más importante, si su cultura o la cocina, aunque con el estomago lleno es fácil decir chorradas”. Dejó de pensar en venganzas, se disculpó y se fue a la cocina. Estaban cenando veinte minutos más tarde, María escuchaba la plática entre padre e hijo.

–          Dime papá ¿vas a poder acabar la nueva novela con tantas emociones?

–          No lo sé, en los próximos días me van hacer varias entrevistas, va ser bueno para las ventas de mis libros. Ya sabes que mis novelas habían vendido pocos ejemplares en estos últimos años, ahora todo va a cambiar.

–          ¡Qué bien papá! Ojala que algún día mi música sea tan reconocida como tu obra literaria.

–          Hijo, eres un gran artista. Yo no entiendo de música moderna, ahora bien, me han dicho que los mejores van a las discotecas de Ibiza.

–          Sí, pero mi música está mal vista.

–          ¿Y qué? Los artistas somos rompedores sociales. Tendrías que animarte a publicar tu poesía, publica unos pocos ejemplares, con la poesía no ganarás dinero, no importa, te llenará de orgullo ver publicada tu obra.

–          El orgullo es haber escrito algo, sea bueno o malo. El verso es un arte tan complicado, requiere tanta disciplina, orden, exactitud, originalidad, sinceridad que con escribir un poema decente, coherente y musical me llena de orgullo.

–          Hijo, ven conmigo a la entrega de mi premio. Allá te puedo presentar gente interesante.

–          Iré contigo a Suecia aunque no me pidas hablar con editores, recuerda lo que pasó la última vez –Pedro miró entonces a María, abrió un poco los ojos y sonrió forzadamente -. ¿Vas a venir conmigo y papá?

–          María no vendrá. No es su lugar ni su gente, además, ese día hay gala del Gran Hermano y paseos por tierras báquicas.

Ambos rieron y continuaron hablando, María siguió cenando con sus pensamientos. “Se creen que son dos dioses. Es cierto que Antonio ha triunfado, pero su hijo únicamente es un músico farlopero que pincha en un club de mala muerte, se piensa que por haber leído dos libros ya es un poeta. Ni el amigo y editor de Antonio quiso publicar los poemas porque eran malísimos. Para ellos esa respuesta fue provocada por la envidia ¡ciegos! Sobretodo el padre que no quiere ver como su hijo le roba el dinero para la droga. Tan listo que se cree y yo lo veo todo antes que él, le avisé una vez aunque no me hizo caso, no voy a recordárselo, él sabrá, es su hijo, no el mío. Antonio solo ve que yo bebo, sí, es cierto, últimamente me alivio con el alcohol, tampoco bebo cada día, por eso prefiere llevar a su hijo a Suecia. Encima Pedro tiene el morro de preguntar cuándo va terminar el nuevo libro ¡y lleva todo nuestro matrimonio intentando escribir su nueva novela!”. Largos pensamientos tenía María, podría pasarse horas abrazada a la amargura, así no se dio cuenta que Pedro ya se marchaba. Se despidió de ella educadamente, demasiado para ser un familiar, con su padre fue más exaltado.

–          ¡Adiós papá! Mañana veré a mamá, seguro que estará contenta.

–          No lo creo, hijo.

–          Bueno, ya te contaré. Tenemos que hablar para organizar el viaje. Voy a comprarme un traje para un día tan importante para nosotros ¡quiero estar impecable! Voy a ser el más atractivo de la sala.

–          ¡Desde luego!

Pedro se fue, María estaba en la salda, sentada en el sofá viendo la televisión.

–          ¿Cuándo vas a recoger la mesa?

–          Déjame descansar un poco, Antonio.

–          Está bien, mira tu caja tonta un rato.

–          ¿Al menos te ha gustado la cena? –Preguntó María suponiendo recibir una respuesta sádica.

–          Mucho, la cena ha sido estupenda –Antonio cambió el tono de voz, era dulce y cariñoso.

–          Gracias –se levantó para irse, su marido le siguió hablando mientras ella se dirigía a la cocina.

–          María, no seas así. Soy duro contigo, compréndeme, a veces me desespera tu incultura. No quiero hacer nada, hace tiempo que me rechazas y no puedo obligarte ¿verdad? Además, tengo sesenta años y no he comprado el viagra –intentó bromear, enseguida comprendió que había fracasado-. Me voy a leer en la cama.

María estaba en la cocina unos minutos después. “Aquí estoy, limpiando platos ¿por qué aguanto? Nunca nos hemos querido, a veces siento lastima y otras lo odio, en cambio, no me veo viviendo sin él porque soy una cobarde, tampoco es por la cama, él no es un genio y lo sabe. En el fondo es como un niño caprichoso que se moriría si está dos días solo. ¿Por qué siento lastima por alguien tan egoísta? Me casé con él por su fama, pensaba que tendría una vida tranquila al lado de un escritor, eso me dijo papá, me equivoqué ¿es tarde para empezar una nueva vida? Una vida sola, papá y mamá están muertos, mi hermana está a mil kilómetros. Está Ana, ella es mi amiga pero a veces es cansina. Dicen que es mejor estar sola que mal acompañada, yo he estado sola y duele mucho, creí que la fama se desharía del dolor, ha pasado todo lo contrario, lo ha hecho más fuerte. Cometí un error y no sé si es tarde o hay arreglo. Todo esto ha pasado porque no está Pepe”.

 

 II.

Antonio a los veinte años tenía una obsesión literaria, un deseo que expresaba un fundamento artístico basado en el hurto del estilo de la novela Madame Bovary de Gustave Flaubert. Creía que la belleza empleada por el francés era original, una prosa hija de una armonía poéticamente insuperable. Lo cual, no significa que Antonio no hubiese leído críticamente la obra, la historia y los personajes, para Antonio, no fueron trabajados con la misma fuerza que el estilo novelesco, en otras palabras, no había profundidad, era un automóvil con un diseño atractivo pero una ingeniería de baja calidad. Gustave Flaubert no influyó únicamente en la faceta literaria de Antonio, por razones irracionales provocadas por las cínicas casualidades, éste conoció a su Élisa Schlésinger. Su nombre era Celia, era su médico de cabecera, nació quince años antes que él, aunque parecía haber vivido treinta más. Una tarde, se encontraron por la dulce casualidad en una librería. Antonio era un chico distante de las personas, en cambio, Celia tenía una simpatía forjada con el recorrido de los años. Fue ella quien inició la conversación, le preguntó por sus gustos literarios, Antonio no dudó en admitir que era escritor, Celia se interesó por el artista a partir de aquel momento. El resto es la misma historia escrita en un millón de libros, volvieron a citarse para hablar de literatura, tuvieron otra cita aunque más íntima y a la semana siguiente la apetencia picoteó sus carnes.

Celia era una mujer soltera, no había estado casada anteriormente ni había tenido muchas parejas, estuvo conviviendo con otro medico durante dos años, la relación concluyó a causa de motivos muy dispares según que protagonista explicase la historia. En honor a la realidad, Celia no era una mujer atractiva, la balanza se equilibraba gracias a su inteligencia. Le apasionaba la literatura decimonónica, el libro que más había leído era Anna Karénina de Lev Tolstoí, obra que recomendó a Antonio por ser “un mar tempestuoso de personalidades”. Celia se convirtió en la maestra literaria de Antonio, era la única persona que leía sus relatos, alzó sus virtudes y enderezó sus defectos. Antonio se enamoró de Celia como Petrarca de Laura, por primera vez, una mujer bordó su cuerpo, lo cual provocó sentimientos exaltados típicos de un veinteañero. Celia domaba sus sentimientos, no obstante, tenía momentos de debilidad amorosa hacia el escritor, nada nuevo de lo que se haya escrito antes. La Celia profesora era una persona férula y fría, ella era una poeta frustrada y llevaba años sin componer ni un verso. Veía a Antonio con posibilidades de escribir una digna obra literaria, una vez hubiese madurado, utilizaba métodos duros para cumplir con un deber artístico tan importante, Celia se tomaba seriamente aquello que amaba, no sabía disfrutarlo ni saborearlo y acababa siendo destructiva.

–          ¡No! ¡No! ¡No! El relato estaba bien planteado, pero lo has estropeado por esta mierda de final.

–          No lo veo así, es un final original e imprevisible.

–          Imprevisible, sí, claro que sí aunque no tiene ningún sentido. El relato tiene un principio realista aunque al final… ¿Qué has hecho? Parece literatura fantástica.

–          Es una amalgama.

–          ¡Antonio! Tu cóctel sabe a rancio, me provoca náuseas.

–          Eres una exagerada ¡tú no sabes nada! He leído tu poesía y es una mierda.

–          Intenta componer un poema –Celia calló, Antonio le había golpeado vilmente, pero reaccionó-. Tienes sueños de ser un gran escritor, es normal, eres un niñato y yo te he seguido el juego, con lo cual te he hecho volar más y así la caída será más dura. Los grandes escritores han sufrido mucho ¿y tú que has sufrido? ¿Una inflamación de anginas? ¡Eso no es dolor!

–          Si soy un niñato qué haces conmigo ¡ya sé! Eres tan fea que no tienes donde caerte muerta –gritó Antonio con más rabia infantil que odio.

–          ¿Entonces que haces conmigo? ¿¡Y tú!? ¡Y tú! No eres el George Clooney de la literatura. Nunca llegarás a nada porque no vales ¿lo entiendes? ¡No vales!

Hubo centenares de discusiones de esta índole. El acto finalizaba cuando Antonio interpretaba el mutis. Era él quien iniciaba el tratado de paz al cabo de dos horas, se engullía el orgullo y se disculpaba, sin embargo, el orgullo de Celia estaba más soldado y únicamente se destrababa al escuchar un arrepentimiento sincero y trágico. Así pasaron juntos un año, Antonio se fue vivir definitivamente con Celia. Ésta le prometió que si viviesen juntos, al estar con él cada día podría controlar sus exaltaciones. Los primeros meses fueron dulces para la pareja, ella contenía sus feroces alharacas y estaba satisfecha con el progreso literario de Antonio. Hasta que él se estancó en su aprendizaje y retornó la tempestad.

–          No sabes describir paisajes, olvídalo. Tampoco es algo imprescindible.

–          Para ti no lo es, para mí es muy importante.

–          ¿Por qué?

–          Porque describe psicológicamente al personaje.

–          Sí, tienes razón, no obstante, hay otros métodos, lee a Unamuno.

–          Muy radical para mí, Flaubert…

–                                 ¡Flaubert! ¡Flaubert! Siempre tienes en la boca a ese maldito de Flaubert –Celia llevaba tiempo repugnada por los monólogos perennes de Antonio sobre el francés y este último comentario fue la gota que colmó el vaso-. Ya te he dicho mil veces que Flaubert es un escritor sobrevalorado, como todos los franceses.

–          Sobrevalorado para ti, no para mí.

–          ¡Tú! ¿Quién eres tú? Tú no sabes nada…

–                                 ¡Basta! ¡Me lo prometiste! No sé qué hago aquí con una loca. Te dije que me iría si sacabas tu mal genio, no voy aguantar más tus broncas, no te necesito.

–          ¡Cariño! Perdona.

Antonio quedó anonado, era la primera vez que Celia le pedía perdón, le miró en los ojos y creyó leer sinceridad y arrepentimiento. Se rendía finalmente en la lid artística para propenderse a su persona.

–          He pasado los mejores momentos de mi vida contigo y no quiero perderte, eres mi vida aunque llevo unas semanas preocupada. Deja explicarme. Tengo treinta y seis años, tú veintiuno, la edad nunca ha supuesto un problema para nosotros, pero quizás para mi proposición sí –Celia calló, Antonio no respondía y volvió hablar-. Quiero tener un hijo tuyo, no quiero esperar más, puede ser peligroso para mí ¿tú que dices?

–          No me esperaba esto para nada. No estoy preparado, tú misma dices que soy un niño.

–          Lo digo por rabia, no me hagas caso, tú eres muy maduro para la edad que tienes.

–          ¿Qué hay de mi obra?

–          Tú seguirás escribiendo, te lo prometo. Es más, ser padre provocará que madures y tus relatos se enriquecerán.

–          Puedo esperar unos años.

–          Yo no, cariño. Tú eres mi amor, estoy segura que serás un buen padre, que nuestro hijo será muy feliz y quién sabe si mejor artista que nosotros. Piénsalo, no me des una respuesta ahora, tómatelo con calma. Te juro que te voy hacer muy feliz si somos papás, te amo.

Quizás fueron las palabras melosas de Celia que Antonio nunca había escuchado, o simplemente era la pusilanimidad del joven que causó el nacimiento de Pedro al año siguiente. Antonio sentía cometer un acto de irresponsabilidad por ser tan joven, dudas que quedaban dispersas cuando Celia le elogiaba por su madurez.

–          Cariño, eso demuestra que eres un hombre. La persona que no tiene dudas, no es una persona consciente. Tus dudas nacen del amor que tienes a nuestro hijo y a mí.

–          Estoy sorprendido de tus cambios, te has vuelto tan cariñosa.

–          Porque yo soy muy feliz contigo y nuestro bebé. Porque me siento satisfecha con tu evolución en la escritura.

–          ¿Crees que pronto podré publicar?

–          Publicar, cariño, puedes publicar siempre. Yo no quiero que un editor avaricioso se aproveche de ti y arruine tu carrera a favor de sus intereses económicos. Yo quiero que tú escribas una obra maestra, no digna de ser publicada, sino digna de ser leída y releída una y otra vez, que tenga un eterno retorno, que pase a la historia.

–          A tal destino llegan sólo los más grandes.

–          Yo estoy enamorada de ti y creo en ti.

–          Tal vez por eso no puedes ver con claridad.

–          El tiempo nos revelará la verdad.

El nacimiento de Pedro fue el día más feliz de la pareja, Antonio no sabía que iba a ser el último. Abandonó su familia un año después, el cáncer que les mató fue la propia Celia, ella y sus continuos cambios de carácter, Celia sentía encono por la obra literaria de su pareja. No entendía tanta preocupación por escribir cuando ambos tenían un hijo. Así lo expresó vehemente en el transcurso de ese año, en un principio, Antonio estaba demudado y aguantaba por su hijo, esperaba porque creía en nuevo giro de Celia, la esperanza evolucionó en quimera, Antonio no resistió más y se rebeló contra su vida aherrojada.

–          ¡No aguanto más! Me prometiste que respetarías mi obra.

–          Te has quedado estancado, yo ya no tengo esperanza contigo. Nunca serás un escritor, un…

–          ¡Me voy! Ya no te quiero, ya no aguanto…

–          ¡No! ¡No! Tienes que pensar en tu hijo –Celia agarró el hombro de Antonio y le estiraba hacia atrás.

–          Mi hijo acabará loco si nosotros seguimos así.

–          ¡Yo cambiaré! ¡Yo cambiaré! ¿A caso no quieres a tu hijo? –Celia gritaba y no le soltaba porque Antonio se había quedado quieto y rígido como una estatua.

–          Huelga decir que sí, pero tú me amargas la existencia y acabaré odiándote tanto que cometería una locura.

–          Te juro que yo cambiaré.

–          Tus cambios no son estables –hablaba pausadamente e intentó quitar la mato de Celia, ella no se dejó y provocó la ira de Antonio-. ¡Suelta!

Empujó a Celia y cayó al suelo. Él ni siquiera miró si se había herido y marchó de la casa escuchando los gritos malévolos: “vete cabrón, yo no te necesito, yo puedo cuidar sola de mi hijo, tú eres un fracasado y yo no te necesito”. Antonio huyó con el resto demudado y amilanado de aquel hogar. No sentía miedo por Pedro, Celia era una esposa mefistofélica, sin embargo, era una madre cariñosa y cuidaba con mucho ahínco a su hijo. Antonio volvió a vivir a casa de sus padres. Estuvo un año sin ver a su hijo porque Celia le impidió o prohibió sus visitas. Denunció a la madre y un juez dictaminó que el padre tendría que ver su hijo los fines de semana, a cambio tendría que pagar una cantidad concreta de dinero para la manutención de Pedro. La relación con su hijo fue complicada, Antonio intentó ejercer de padre, sin embargo, el niño lloraba y llamaba a su madre si sus deseos no eran obedecidos. Estos hechos tan dolorosos provocaron impotencia al padre y gradualmente cedió antes los caprichos de Pedro, así éste se convertiría en un ser ufano y fatuo, en un adulto con aires de poeta sin saber interpretar una anáfora. No obstante, esta historia está reservada para otro capítulo.